viernes, 17 de enero de 2014

2.42. Lorena hace mutis

   Hace varios días que Sergio no consigue dar con Lorena, parece como si se hubiese esfumado entre la calima que sobrevuela el mar en las madrugadas de mucho calor. Ha ido a todos los sitios que la muchacha suele frecuentar, pero en vano. Ha preguntado a sus amigas, que se lo han quitado de encima diciéndole que no saben dónde puede estar, le da la impresión de que mienten, pero no ha habido manera de sacarles nada. No sabe qué hacer ni a quién recurrir. Su nerviosismo se ve reflejado en su trabajo, no da una a derechas. Ante la protesta de uno de los oficiales a los que ayuda, Dimas le llama la atención:
- Chaval, me ha dicho el Herminio que llevas unos días que no estás en lo que debes estar. Aquí se viene a currar y a dar el cien por cien. No pareces el mismo de hace un mes, ¿se puede saber qué coño te pasa?
- Es que… tengo problemas.
- Esa respuesta no me sirve, todos tenemos problemas de un tipo u otro. Y los problemas yo los divido en dos grupos: los que se solucionan por las bravas y los que remedia el tiempo. ¿A qué grupo pertenecen los tuyos?
- La verdad, Dimas, es que no lo sé. Es…, bueno, se trata de mi novia.
- Pues tienes dos salidas: te arreglas con tu moza o la mandas a hacer puñetas, pero en el tajo te olvidas de la novia y de si estás a bien o a matar con ella, ¿te ha quedado claro?, ¿sí? Pues mejor que sea así porque como reciba otra queja te ponga de patitas en la puta calle. Aplícate el cuento.

   Sergio llega a casa destrozado, encima de que no puede encontrar a su amada, le han dado un toque muy serio en el trabajo. En cuanto ve su mohíno semblante, el abuelo Andrés barrunta que su nieto tiene dificultades.
- ¿Qué te pasa, hijo?, tienes mala cara.
- No me pasa nada, abuelo, estoy bien.
- Mira, si no quieres no me lo cuentes, pero que tienes algún contratiempo, eso, tan seguro como que me llamo Andrés.
   El chico admite que su abuelo tiene razón y le cuenta lo que pasa:
- … y el rapapolvo que me ha pegado Dimas casi es lo de menos, lo peor es que Lorena ha hecho mutis, ha desaparecido, no la encuentro por ninguna parte y eso que la he buscado por todo el pueblo. Hasta me he atrevido a ir a su casa y preguntar por ella, pero sólo he conseguido que su madre me haya dicho que se ha ido, pero no a adónde. Suponiendo que me haya contado la verdad.
- ¿Quieres que lo intente yo? Me refiero a enterarme de si es cierto que está fuera del pueblo.
- ¿Lo harías por mí, abuelo?

   El señor Andrés, que conoce bien a sus paisanos, sabe a quién preguntar. Rosario la Maicalles le sopla que la Lorena está pasando unos días en Gandía, en casa de una tía suya, una hermana de su padre. Al parecer la muchacha está descontenta con su trabajo de camarera en el chiringuito playero y se ha ido a la ciudad ducal a ver si allí encuentra algún curro que le convenga más. Si fuera así, posiblemente no vuelva al pueblo. La noticia deja a Sergio hecho polvo.
- ¿Y ahora qué hago abuelo?, ¿me voy a Gandía?
- No te precipites, hijo. Las cosas hay que pensarlas en frío y ejecutarlas con tino. Ya verás cómo tu chiquita acaba volviendo. Una cosa que yo sí haría es insistir ante sus amigas, pero no cuando estén juntas, sino una a una.
- ¿Para qué preguntarles?, ahora ya sé dónde está.
- Es que no es eso lo que debes preguntar, lo que has de sonsacarles es por los auténticos motivos por los que tu moza ha tomado la determinación de marcharse y, sobre todo, que papel juegas tú en esa decisión. Si  consigues una respuesta a esa cuestión, entonces podrás plantearte las tres únicas salidas que veo a la situación. Una es volverte a Madrid, quizá sea la más sensata. Otra, quedar y esperar a ver qué pasa. La tercera, que es la más descabellada y por eso no te la recomiendo, es irte a Gandía.
   Sergio se toma un respiro para reflexionar sobre la propuesta de su abuelo, no necesita demasiado tiempo.
- Me quedo y esperaré.

   Lo que también hace Sergio es seguir el consejo de su abuelo y abordar a las amigas de Lorena, pero individualmente, tal y como sugirió el señor Andrés. A la primera que consigue acercarse es a Verónica.
- Te voy a pedir un favor muy grande, quiero preguntarte si sabes por qué se ha ido Lorena del pueblo.
- ¿Por qué? ¿Te haces el tonto o es que lo eres? ¿Por qué va a ser? Porque le has mentido y le has hecho quedar, y a mí con ella, como una fantasiosa o, lo que es peor, como una trolera – es la airada respuesta de la amiga.
- Verónica, no entiendo nada. Qué es eso de que he mentido, ¿se puede saber en qué?
- ¿En qué va a ser? En tus estudios, en tu capacidad de convertirte en electricista en unos días. Y las pánfilas de nosotras te creímos. Y a la hora de la verdad resulta que no vales ni para aprendiz.
- Yo nunca le dije eso a Lorena. Sólo le conté la verdad, que he estudiado electrónica y        que eso supone una buena base para todo lo referente a trabajar en el ramo de la electricidad. Pero es falso que le dijera que podía convertirme en instalador electricista en poco tiempo.
- No, sí palabritas no te faltan, pero la realidad es la que es. ¿De qué trabajas? De aprendiz o de ayudante, que viene a ser lo mismo. Y supongo que si mi tío no te ha dado el pasaporte es porque yo te recomendé. Y hazme un favor, vete por donde viniste y hasta luego Lucas – remata Verónica que se ha puesto castiza.

   Con Anabelén el resultado de la charla es similar, aunque no se muestra tan agresiva como Verónica, pero informarle no le informa de nada. Sólo le resta Maribel. El comienzo de la conversación es más alentador.
- Siento lo que os ha pasado, Sergio. Sé lo muy enamorado que estás de Lorena, pero estas cosas ocurren. Ella se había hecho muchas ilusiones contigo. Estaba loca de contento pensando en que iba a tener su propio pisito y que podía escapar de su casa; no sé si sabes que se lleva a matar con su madre. Entonces, descubrir que con lo que ganas hacía imposible cumplir su sueño le ha supuesto un enorme disgusto – le explica Maribel.
- Quien primero se llevó el berrinche fui yo cuando me dijeron que sólo me podían coger como ayudante, pero así están las cosas. De todas formas, me ha dicho Dimas que en unos meses puede convertirme en un instalador aceptable. Entonces ganaré un buen dinero. Todo es cuestión de esperar ese tiempo. Me harías un gran favor si se lo contaras a Lorena.
- Si la veo no dudes que lo haré, pero tendrá que ser cuando vuelva, si es que regresa, claro.
- ¿Tú crees que es posible que no regrese? – la pregunta la ha formulado Sergio con un hilo de voz.
- No lo sé, pero Lorena es capaz de todo. Es mi amiga y la quiero bien, pero también sé que es muy egoísta y siempre va a su bola. Y lo siento por ti, Sergio. Creo que eres un tío majo y una buena persona. Y te diré más, conozco a más de una y más de dos que no les importaría nada estar en el lugar de Lorena – la última parrafada la acompaña Maribel con su mirada puesta en los ojos de Sergio y una suave sonrisa en los labios.
   El chico no se da cuenta de ello, está demasiado ocupado en pensar por qué Lorena ha hecho mutis por el foro.

martes, 14 de enero de 2014

2.41. Que frío hace fuera del poder

   Lo que pueda pasar con los resultados de las próximas elecciones municipales no sólo preocupa a los grandes partidos, también las formaciones minoritarias trabajan para que el desenlace de los comicios sea lo más favorable posible para sus siglas. Son conscientes de que si consiguen algún concejal puede ser el que haga decantar el fiel de la balanza a uno u otro lado. Por eso el comité ejecutivo del UNES, acrónimo de Unió Nacionalista dEsquerres Senillenques, bajo la batuta de su secretario general Guillem Armengol, está ocupado en diseñar la estrategia sobre los posibles pactos poselectorales si el resultado de las urnas les es tan propicio como esperan.
   La habitación está cargada de humo, tanto que algunas volutas blanquecinas han quedado encalladas en un rincón del desordenado habitáculo lleno de cajas de bebidas. El debate, en el seno del comité, ha sido movido, pero por el momento reina un espeso silencio. El mutismo lo rompe Armengol:
- Insisto. Mi opinión es que de ninguna manera deberíamos pactar con los socialistas antes de las elecciones. Eso sería tanto como pegarnos un tiro en el pie. No creo necesario recordar que si en esta legislatura hemos gobernado juntos fue porque vinieron a pedir nuestro voto cuando no alcanzaron la mayoría absoluta. Y a día de hoy no es seguro, ni mucho menos, que el PSOE gane los próximos comicios.
- Pues yo no creo que Aznar consiga ganar. Hoy por hoy, a nivel del estado español, hay más progresistas que fachas – sentencia otro asistente, todo un peso pluma por su falta de envergadura y hasta de pelo.  
- A mí me parece que la postura de Guillem es la más cauta. El hecho de que  seamos un partido de izquierdas no debería condicionar en ningún modo las posibles alianzas del mañana – afirma un tercero.
- A lo que acabas de decir yo le pondría algunos peros. Si somos de izquierdas es por algo y no deberíamos meternos en la cama con ningún partido del facherío. Antes que juntarnos con cualquier formación que huela a derechona propongo que nos quedemos en la oposición – insiste el pequeñajo.
- No jodas, Arcadi. ¿Tú sabes que frío hace fuera del poder? Además, ya hemos estado demasiados años en la oposición, justo todos los que tú ocupaste la secretaría general.

   Arcadi Ibáñez acusa el rehilete que acaba de clavarle Armengol donde más duele y protesta airadamente:
- Hice lo que debía de hacer, no como otros. Y podría estar de acuerdo contigo en que para convertir en realidad nuestro programa es imprescindible conseguir el poder, pero no a cualquier precio. Si para estar en el gobierno hemos de prostituir nuestras ideas no cuentes conmigo.
- Vamos a ver, compañeros – Armengol prefiere dirigirse a todo el comité en vez de enzarzarse en un cara a cara con Ibáñez, sabe que dialécticamente puede ser un rival peligroso -, estoy de acuerdo en que si estamos en política es para, junto con el resto de fuerzas nacionalistas, hacer país e implantar nuestro programa y, en el nivel municipal, sólo podremos hacerlo si manejamos alguna cuota de poder. Y para conseguirlo tenemos que jugar duro y no andarnos con gaitas. No podemos contentarnos con ser un partido de nacionalistas de izquierdas más puros y progresistas que nadie, pero que a la hora de la verdad no nos comemos una rosca. Tenemos que aprender de los socialistas. ¿A cuántos de sus postulados marxistas han tenido que renunciar para alcanzar el poder? A todos cuantos han sido necesarios. ¿Y cuáles han sido los resultados de esas renuncias; mejor dicho, de su pragmatismo? Pues que llevan trece años en el gobierno del estado español y de la autonomía.
- Lo que hayan hecho o vayan a hacer los socialistas me importa un carajo – protesta airado Ibáñez -, lo que aquí estamos ventilando es lo que nosotros vayamos a hacer.
- Naturalmente, Arcadi. Por eso me permito recordaros que en la legislatura que está dando sus últimas boqueadas hemos tocado poder por primera vez, gracias a que una mayoría del partido, ajustada pero mayoría al fin y al cabo, votó a favor de que firmáramos el pacto de progreso con el PSOE. Sabéis tan bien como yo las ventajas que nos ha reportado tener en nuestras manos la concejalía de urbanismo, máxime con la cascada de obras que hay en marcha o proyectadas. ¿Podéis imaginaros cuánto puede suponer eso para las arcas del partido?

   Ibáñez está en un tris de contestar: ¿para las arcas del partido o para las tuyas?, pero no se atreve a verbalizar su reflexión. Lo que si hace es proseguir con su oposición a los planteamientos del secretario general:
- Entonces, Guillem, si te he entendido bien, lo que propones es que no acordemos nada con el PSOE antes de los comicios, pero que luego sigamos a su rebufo y volvamos a pactar con ellos. Pues bien, ese planteamiento nos lleva a un escenario en el que tendremos menos fuerza que si pactamos antes. Si hacemos lo que propones dudo mucho que los socialistas, si son la minoría mayoritaria, acepten incluir en el programa de gobierno de la coalición nuestras históricas reivindicaciones.
 - Te recuerdo, Arcadi, que nuestras reivindicaciones las vamos consiguiendo pasito a paso. Por sólo citar algunas: en esta legislatura la banda municipal no ha tocado ni una vez el himno de Serrano, no se han vuelto a instalar banderolas blaveras en las fiestas y hemos celebrado con gran éxito los correllenguas anuales.
- Tal como lo cuentas hasta parece que todo eso es una hazaña descomunal, pero no son más que migajas. Y la verdad es que nos estamos olvidando del contenido de la doctrina fusteriana – se lamenta Arcadi.

   Armengol no entra al trapo de la denuncia de Ibáñez y expone una nueva información:
- Hace unos días invité a unas cañas a Chimo el Saurí, le tiré de la lengua y me contó que le da en la nariz que podríamos obtener el mejor resultado de nuestra joven historia. Eso supone que…
   Ibáñez interrumpe la exposición de Armengol:
- Si basas toda tu estrategia electoral en lo que te haya podido contar el Saurí, apañados estamos. ¿Acaso no sabes que ese viejo chocho le dice a cada uno lo que quiere oír?
- No sólo es el Saurí quien dice eso, Ibáñez – asegura otro -. Mi cuñado Alberto, que como cartero habla con todo el mundo, también cree que esta vez podemos sacar tajada.
- A mí lo que diga tu cuñado, el Saurí o Perico de los Palotes me la trae al fresco – brama Ibáñez -, lo importante es que, en el poder o en la oposición, no deberíamos abandonar jamás nuestros postulados de ayudar, en la medida de nuestra fuerza, a conseguir un País Valencià libre e independiente y, en su día, miembro de la confederación dels Paisos Catalans.
- Todo eso me parece muy bien, Arcadi. No voy a discutir que es nuestro gran reto, pero para llegar a esa meta todavía tiene que llover mucho. De momento tendremos que conformarnos con lo que hay.
- Tampoco yo niego que tengas razón en pretender buscar solución a los problemas inmediatos, a las contingencias del aquí y ahora, pero lo que no debemos consentir de ninguna de las maneras – e Ibáñez eleva la voz – es prostituir nuestro credo y pactar con cualquier partido que no sea de izquierdas o, en su defecto, que no asuma íntegramente nuestros postulados.

   Ante los mudos asentimientos de algunos de sus correligionarios, Armengol opta, una vez más, por la diplomacia:
- Por supuesto. Eso no está en cuestión.
- Guillem, ¿y tú has tanteado a los del PSOE? ¿Qué estarían dispuestos a ofrecernos si les damos nuestro apoyo? – indaga otro con la intención de enfriar el debate.
- De entrada casi puedo aseguraros que retendríamos urbanismo y todo lo que conlleva. También podríamos volver a colocar a algunos de los nuestros en la brigada municipal de mantenimiento y en el servicio de limpieza. Mirar, llevamos la tira dándole vueltas al asunto y empiezo a estar hasta la coronilla. Al final, encima de la mesa sólo hay dos propuestas. La de Arcadi, que en definitiva es forzar al PSOE a pactar antes de las elecciones, y la mía, esperar y ver qué pasa. Como no hay más cera que la que arde, propongo que dejemos de seguir dándole a la sin hueso y votemos. ¿De acuerdo? – ante el mudo asentimiento de los demás, Armengol prosigue - ¿Votos a favor de la propuesta de Arcadi?
   El aludido levanta la mano. Otro dirigente está a punto de secundarle, pero lo piensa mejor y deja su mano donde estaba.
- ¿Votos a favor de la mía? – continúa Armengol.
   Se alzan tres manos. Armengol, con cierta sorna añade:
- Como secretario general del partido me abstengo. Se aprueba la propuesta de esperar a las elecciones y ver qué pasa por tres a votos a favor, uno en contra y una abstención. Se levanta la sesión.

viernes, 10 de enero de 2014

2.40. Paciencia y barajar

   A Sergio las elecciones le importan un rábano, de hecho ni siquiera piensa votar, tendría que ir a Madrid para hacerlo pues es donde está empadronado. En lo que está ahora es en ponerse el mundo por montera si fuera necesario y romper con su pasado, hacer lo que sea para que Lorena no le abandone. Una vez que ha dado carpetazo a los libros lo que más le urge es encontrar trabajo.
   El tío de Verónica cumple la promesa que le hizo a su sobrina y admite a Sergio en su empresa familiar de instalaciones eléctricas. A Dimas, el capataz y hombre de confianza de Francisco Solbes, le basta una jornada para constatar que el chico está muy verde y no tiene ninguna experiencia.
- Francisco, el chaval que me has mandado, sirve de poco. Por lo que me habías dicho creía que podría desenvolverse medianamente bien, pero no es así. Tú verás que hago con él. 
- ¡Coño!, pues eso no es lo que me contó mi sobrina. Según ella iba para ingeniero del ramo.
- No digo que no, pero para el trabajo que hacemos está más verde que un espárrago.
- Bueno, pues cuando llegue mañana al tajo dile que se vuelva por donde ha venido, que no nos sirve.

   Dimas tiene la costumbre de llegar al trabajo antes que ninguno de sus operarios. Así tiene tiempo de evaluar la faena del día anterior y de preparar las tareas a realizar en la jornada. Cuando llega al bloque donde están trabajando se encuentra con la sorpresa de que alguien se le ha adelantado, Sergio.
- ¿Cómo tan temprano, chaval?
- Me gusta ser puntual, y además quería hablar con usted antes de que llegasen los demás.
- No me trates de usted, no soy tan viejo.
- Viejo no lo es, pero uno de mis profesores nos decía que hay que tratar de usted y con mucho respeto a las personas mayores en edad, dignidad y gobierno.
- Eso suena a catecismo de los de antes. Lo de respetar a los mayores me parece bien y más ahora que los jóvenes tratan a todo el mundo como si fueran de la misma quinta. De todas maneras, en el curro no nos andamos con protocolos ni zarandajas y todos nos tuteamos. Y bien, ¿de qué me querías hablar?

   El día anterior Sergio se dio cuenta rápidamente de que sus conocimientos teóricos le servían de bien poco, al menos por el momento, para la instalación de líneas de distribución eléctrica de baja tensión. Sin conocer la conversación mantenida entre sus jefes, sospecha que pueden prescindir de su concurso y antes de que eso ocurra ha pensado que la única persona que le puede salvar es el capataz.
- Ayer me di cuenta de que una cosa es la teoría y otra la práctica. Usted sabe mucho mejor que yo que en este momento no estoy preparado para hacer el mismo trabajo que cualquiera de sus oficiales, pero le prometo que puedo aprender y que estoy dispuesto a hacer lo que sea para demostrarle que puedo ser útil a la empresa.
- Vaya, me gusta la gente que es capaz de reconocer sus limitaciones. Hay que ser muy hombre para admitir que, pese a tener estudios, uno no sabe hacer determinadas cosas. Dice mucho a tu favor, pero hay un problema, eres demasiado mayor para cogerte de aprendiz.
- Aprendiz no, pero sí ayudante o auxiliar de instalador.
- ¿Y tú sabes lo que hace un ayudante? – pregunta un escéptico Dimas.
- Sí señor. Entre otras tareas, la carga y descarga de material, el empotrado de tubos, paso de cables, montaje y desmontaje de andamios, mantenimiento de herramientas y medios auxiliares, limpieza de los locales en que se trabaja, etcétera.
- Veo que sí lo sabes. ¿Y estás dispuesto a llevar a cabo todas esas faenas?
- Sí señor. Esas y cualesquiera otras que usted pueda, perdón, que puedas mandarme – es la rotunda respuesta de Sergio.
- Me dijiste que terminaste la formación profesional de grado superior, ganarías más dinero y estarías mejor considerado si trabajaras en lo tuyo.
- Sí pero entonces tendría que irme del pueblo y eso es lo último que pienso hacer.
   Una intuición cruza la mente de Dimas: este tío está encoñado con alguna chavala de por aquí y por eso no quiere irse. No sabe el capataz que atinada es su impresión. Todavía hace una postrera tentativa:
- De ayudante vas a ganar poco y trabajar mucho.
- Lo de ganar poco me fastidia, pero me aguantaré, en cuanto a trabajar mucho es algo que no me asusta.

   Cuando Dimas tiene la diaria charla con el patrón le da su opinión:
- Francisco, creo que me equivoqué con el chico que recomendó tu sobrina. No vale para oficial, pero si no estoy desencaminado lo valdrá en unos meses. Es joven, pero bragado, de los que se viste por los pies.
- ¿Has pensado que es demasiado mayor para cogerlo de aprendiz?
- Claro, pero nos servirá como ayudante. Y, ya te digo, o estoy perdiendo olfato o en medio año lo puedo convertir en un buen instalador.
- Pocas veces te equivocas, Dimas, pero si le hago un contrato de ayudante va a ganar cuatro perras. Y mi sobrina me contó que buscaba un curro para alquilar un piso e irse a vivir con su novia.
- Ese ya no es mi problema, jefe. Los contratos y los sueldos son cosa tuya. Te repito que a mí me vale como ayudante, en todo lo demás ni entro ni salgo.
   Como Francisco tiene una fe absoluta en la capacidad de Dimas para juzgar al personal no lo duda y contrata a Sergio como ayudante de oficial electricista. Y le da un plazo de seis meses para que demuestre si es capaz de aprender el oficio lo suficiente para convertirse en oficial. Por el momento, además de las tareas propias de todo ayudante, y dado que tiene una formación académica que no posee nadie en la empresa, le encarga de dos tareas específicas: lo relativo a la seguridad y salud en el trabajo y la prevención de riesgos laborales. La poca atención que le ha prestado a esos apartados le ha valido una multa de la inspección de trabajo que le hizo jurar en arameo. No está dispuesto a que le vuelva a pasar y quizá el chico pueda solucionárselo, desconoce el oficio, pero sabe de papeles.

   Para Sergio ha sido un duro palo enfrentarse con la realidad del mundo laboral y sus exigencias. No se atreve a contarle a Lorena que, por ahora, de instalador electricista nada de nada y que no lo va a tener fácil, pero si se lo confía a su abuelo.
- Hijo, las cosas son como son. No tienes ninguna experiencia, por eso te han puesto de aprendiz. Un oficio hay que aprenderlo desde abajo.
- Abuelo, eso pasaría cuando tú eras joven, pero ahora las cosas sin distintas o, mejor dicho, deberían de serlo. ¿Para qué me sirve entonces el título de técnico superior en la rama de electrónica industrial? ¿Para qué me valen los estudios de la escuela de ingenieros?
- Mira, Sergio, yo no entiendo mucho de estudios ni de títulos, pero sé cómo funcionan las cosas en el mundo de los oficios. El hecho de que tengas un título de formación profesional y hayas hecho parte de los estudios de ingeniero supone que sabes bastante teoría, seguro que mucho más que los oficiales que tiene Francisco, pero de práctica apuesto a que estás pez. Y es natural, no has trabajado nunca. Y una cosa es saber algo de teoría sobre un oficio y otra muy distinta poder realizarlo en la práctica.
- ¿Entonces, qué hago?
- Paciencia y barajar, hijo, paciencia y barajar.

   La moral de Sergio se viene todavía más abajo cuando recibe su primera paga. Con el magro contenido del sobre que ha recibido le va a resultar imposible alquilar un piso y mucho menos mantener a dos personas. Ya no le puede ocultar a Lorena por más tiempo que sus proyectos van a tener que retrasarse.
- ¡Qué me dices!, ¿sólo te pagan esa miseria?, ¡pues vaya mierda! – la decepción y la rabia de Lorena se plasman en la exclamación que le ha salido de las entrañas. Trata de calmarse -. Hay algo que no me cuadra. ¿Cómo es tan miserable el cabronazo de Francisco para darte esa mierda de sueldo? Yo creía que los oficios de la construcción estaban mucho mejor pagados y no digamos los de un electricista.
- Ese es el problema, que no me pagan como a un oficial, sino como a un ayudante – confiesa Sergio que hasta ahora no se atrevió a contarle la verdad a su novia.
- ¿Y por qué te pagan como ayudante, a ti que eres medio ingeniero?
- Porque ni soy medio ingeniero, como dices, ni conozco el trabajo de un instalador electricista. He de aprenderlo porque lo que hacen no viene en los libros, tengo que ir adquiriendo experiencia y esa sólo la da la práctica.
- Sergio, tú me has estado engañando. Yo que le había dicho a Verónica que te recomendara a su tío porque en cuatro días te ibas a hacer el amo de la empresa y entonces Francisco no iba a tener más remedio que pagarte lo que no está en los escritos, y ahora va y resulta que te tienen de aprendiz. Eres un miserable y encima me has hecho quedar como una gilipollas. No te lo voy a perdonar nunca. Olvídate de mí para los restos – Lorena se marcha hecha una furia y deja a Sergio desconsolado y sin saber qué hacer.

martes, 7 de enero de 2014

2.39. Todos tenemos un precio

   Las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 1995 se aproximan y los aparatos de los partidos se afanan en preparar sus estrategias de última hora. Les preocupa especialmente el problema de los posibles pactos que, dada la singularidad de la ley electoral, son imprescindibles en muchas ocasiones. En Senillar se presentan a las elecciones cuatro partidos políticos: el PSOE, el PP y los nacionalistas de izquierdas del UNES y los de derechas del BANS. Ante las posibles sorpresas que puedan deparar las urnas las directivas de los partidos dedican mucho tiempo a elucubrar sobre previsiones de resultados y de futuras alianzas.
   Las reuniones para analizar los posibles pactos poselectorales no sólo las llevan a cabo las ejecutivas de los partidos, también las efectúan los poderes fácticos que tienen mucho que ganar o perder según qué fuerza política vaya a gobernar el Ayuntamiento. Se trata de controlar no sólo a las formaciones políticas sino también a sus militantes más destacados, en especial a los que van de cabecera del cartel electoral. El hecho de pertenecer a un determinado partido no es tan determinante como la clase de pasta de que está hecho cada dirigente o, como suele decir sarcásticamente Oriol Bricart, su proclividad a ser bizcochable.

   Los directivos de BACHSA, el nuevo poder fáctico emergente en la localidad, han instado a sus representantes locales a que sigan muy de cerca la preparación y desarrollo de la campaña electoral y el cabildeo de los pactos poselectorales si fueran necesarios. Agustín Badenes, el director local de Cajaeuropa, se reúne con José Ramón Arbós y Amador Garcés, ambos muñidores locales de los constructores, para debatir y poner de acuerdo sus estrategias con que obtener réditos para sus intereses sean cuales fueren los resultados electorales.
- Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que nuestro principal objetivo debe de ser dejar atado lo del día después de las elecciones. No podemos correr el albur de que salga un resultado imprevisto y nos reviente el negocio, ahora que todo va viento en popa – pontifica el bancario.
- Por supuesto, Agustín, pero tranquilo que ya lo tenemos medio encarrilado. Y aún en el peor de los casos no será la primera vez que le hemos dado la vuelta a un resultado que no nos gustaba – se ufana Arbós.
-¿Qué pálpito tenéis sobre posibles resultados? – se interesa Badenes.
- Por lo que hemos estado husmeando por ahí creemos que puede haber un empate entre PSOE y PP. Tampoco descartamos que uno de ambos saque un concejal más, pero parece improbable que alguno de ellos obtenga la mayoría absoluta – Garcés es quien responde.
- ¿Ese resultado significa qué los nacionalistas sacarán algún escaño? – quiere saber Badenes.
- Es probable. Lo más parecido que tenemos aquí a una empresa que haga encuestas sobre intención de voto es lo que barrunta el tío Chimo el Saurí, que es un lince para tomar el pulso al ambiente. Anteayer hablé con él y me comentó que es casi seguro que volverán a salir los del UNES y que hasta es posible que puedan sacar un par de concejales – informa Garcés.

   La información parece preocupar a Badenes que vuelve a preguntar:
- ¿Eso presupone una nueva coalición PSOE-UNES?
- No creas que está tan claro. Por una parte dependerá del resultado y por otra de lo que los nacionalistas exijan y de lo que el PSOE esté dispuesto a ofrecerles – responde Arbós.
- Entonces, ¿qué estrategia tenéis pensada?- inquiere Badenes.
- Estamos en ello, pero va ser complicado, aunque de peores hoyos hemos salido. Hemos analizado detenidamente los posibles escenarios que se pueden dar tras las elecciones y, tras darle muchas vueltas, empezamos a vislumbrar posibles salidas que no resulten excesivamente gravosas para nuestros intereses – quien ahora responde es Garcés.
- ¿Y cuál es el escenario poselectoral más probable? – Badenes sigue pidiendo más concreciones.
- El panorama que se vislumbra es el siguiente. Si se confirma, como parece casi seguro, que ni PSOE ni PP logren la mayoría absoluta y que los del UNES obtengan una o dos concejalías, las posibles combinaciones poselectorales quedan reducidas a socialistas más nacionalistas o populares más nacionalistas – explica Garcés.
- Luego los del UNES tendrán la llave de los pactos – resume Badenes y añade -. Si esa conclusión es válida, ¿tenéis pensado cómo controlar a los nacionalistas?

   Arbós y Garcés se miran para ver quien contesta. Lo hace José Ramón:
- Directamente no los controlaremos, pero esperamos hacerlo a través de los pactos que el PSOE o el PP, esto último poco probable, acuerden con ellos. Ésta, al menos, es mi opinión, aunque Amador discrepa.
- ¿Por qué discrepas? – pregunta Badenes dirigiéndose a Garcés.
- Si se cumplen los pronósticos de Chimo el Saurí – explica Garcés -, el escenario PSOE más UNES es el que nos puede crear más quebraderos de cabeza por la deriva que estoy detectando en la ejecutiva de mi partido y que se puede resumir en que esta vez no piensan ceder la concejalía de urbanismo a los nacionalistas. Si eso ocurre se puede llegar a una situación complicada y, hasta cierto punto, ingobernable. Y lo que necesitamos es tener un gobierno sólido, pero al mismo tiempo con la fragilidad que supone estar atado a una alianza que siempre puede romperse. Por eso, y que lo proponga yo parece un chiste, nuestra mejor estrategia sería conseguir un pacto, en principio contra natura, entre el PP y los nacionalistas del UNES. Algo que, y también parece una broma, José Ramón pone en cuarentena.
- Y lo pongo porque me parece una sandez – reprocha Arbós a su socio -.Los del UNES jamás pactarán con nosotros aunque les ofreciéramos el oro y el moro. Esos pájaros son más rojos que La Pasionaria.
- Serán todo lo de izquierdas que quieras, José Ramón, pero es quienes mejor saben meter la mano en el cajón del pan – replica Garcés -. Por eso, si el PP les hace una oferta que no puedan rechazar se meterán el izquierdismo en el fondo de la faltriquera o donde hiciera falta.
- ¿Tienes datos para estar convencido de ello o sólo es un presentimiento? – inquiere Badenes.
- Estoy razonablemente seguro y me apoyo en un hecho. Por primera vez la gente del UNES ha podido paladear las mieles del poder y por eso creo que harán lo imposible para seguir en el machito.
- ¿Aunque tengan que renunciar a sus convicciones? – pregunta un incrédulo Arbós -. Eso les puede resultar muy duro.
- José Ramón, como dijo no sé quién, no hay nada más duro que estar en la oposición – replica Garcés.
- En todo caso, será cuestión de probar lo que propone Amador, al fin y a la postre todos tenemos un precio – dogmatiza Badenes.

viernes, 3 de enero de 2014

2.38. El nudo gordiano

   Sergio ha decidido dar un tajo al nudo gordiano del dilema que le ha estado amargando en los últimos tiempos. Lorena es lo más importante para él y todo lo demás: familia, estudios, futuro queda arrumbado. No piensa regresar a Madrid, hará lo que le pide su amada, se quedará en el pueblo. Así se lo asegura a la joven una y otra vez:
- Mi amor, sólo de pensar que puedo perderte me vuelve loco. Quiero tenerte a mi lado, quiero pasar el resto de mi vida junto a ti. Me quedo en el pueblo, buscaré un trabajo y en cuanto gane el suficiente dinero te pediré que vengas a vivir conmigo.
- ¡Qué alegrón me das, cariño! Ahora sí que demuestras que me quieres de verdad. Este es el hombre del que me enamoré locamente. ¿Ya se lo has dicho a tus padres?
- Les he escrito una carta, ¿quieres leerla?

   Lorena lee la carta:
   Queridos padres: Lo primero que voy a deciros es que os quiero mucho y que nunca podré pagar lo mucho que habéis hecho por mí. Os digo esto por si os sirve de consuelo y porque sé que lo que voy a contaros os va a disgustar.
   Sabéis que estoy enamorado hasta el alma de Lorena, la maravillosa chica de que os hable. Cuando no la veo, cuando no estoy a su lado, cuando no oigo su risa y sus palabras parece que me falta el aire. No puedo vivir sin ella. Por eso he decidido no volver a Madrid y quedarme en el pueblo. De momento voy a estar con el abuelo, pero pienso buscar trabajo y en cuanto lo tenga alquilaré un piso y le pediré a Lorena que viva conmigo. Espero que me diga que sí, me hará el hombre más feliz del mundo.
   Os pido que me comprendáis y me perdonéis. Y no dudéis que os sigo queriendo más que nunca.
   Vuestro hijo Sergio.

   El chico se queda mirando a su amada y pregunta con cierta timidez:
- ¿Qué te parece?
- Guay, me parece guay. Qué bien escribes, podrías ser novelista. Yo pondría otra cosa para que se quedaran un poco más tranquilos. Les diría que no renuncias a tu carrera y que en cuanto puedas reanudarás los estudios.
- Pero sin dejarte – puntualiza Sergio.
- Claro, mi vida. Nosotros no nos separaremos nunca – asevera Lorena en una afirmación de la que no está tan segura -. Y tu abuelo, ¿qué te ha comentado de lo nuestro?
- Todavía no se lo he dicho. Voy a hacerlo esta noche. ¿Y tus padres, qué piensan de que vayamos a vivir juntos?
- Me pasa como a ti, pero no es algo que me preocupe. Digan lo que digan me lo voy a pasar por el forro.

   El señor Andrés el Punchent escucha atentamente y cuando el nieto termina su relato, se toma un tiempo para formular su opinión. Lo primero que hace es intentar cambiar la decisión de Sergio.
- Déjame decirte que la determinación que has tomado es, como poco, un tanto temeraria. Dices que te vas a quedar en el pueblo. Ese es el menor de los problemas, si quieres puedes vivir conmigo, pero tú sólo, no con un chica con la que no estés casado. Perdóname, pero estoy chapado a la antigua y hay cuestiones que ni entiendo ni apruebo. Otra cuestión que veo espinosa es lo de buscar trabajo, ¿de qué?, ¿qué sabes hacer?, ¿crees que sin tener un oficio o un título encontrarás trabajo fácilmente?
- Lorena me ha dicho que en la construcción hay trabajo para todo el mundo.
- Para trabajar en la obra hay que ser albañil, fontanero, escayolista, carpintero; en definitiva, tener un oficio, ¿tú que eres o qué sabes hacer?
- Sé bastante de electricidad, podría trabajar de instalador electricista.
- Suponiendo que encuentres trabajo de electricista, que es mucho suponer,  sigue habiendo dos problemas y muy gordos. ¿Has pensado en el enorme disgusto que vas a dar a tus padres?, ¿has valorado que les vas a amargar la vida? Y por otra parte, ¿qué hay de tus estudios, de tu carrera, de tu ilusión de ser ingeniero? ¿Todo eso lo vas a tirar por los suelos?
- Mira, abuelo, toda esa retahíla de preguntas que me haces ya me las he planteado una y mil veces y la respuesta siempre es la misma. Entre disgustar a mis padres y perder a Lorena, lo siento por ellos, pero me quedo con Lorena. Entre continuar mi carrera y dejar a Lorena, al diablo con la carrera. ¿De qué me valdría ser ingeniero y no ser feliz?
- Bueno, hijo – el abuelo decide no forzar la mano -, parece que lo tienes todo muy meditado. Sabes que siempre podrás contar conmigo, pero te vuelvo a pedir que antes de dar el paso lo pienses detenidamente. Y no lo hagas ni a la buena de Dios ni por orgullo porque puedes hace un pan como unas hostias.

   Lorena todavía no les ha dicho nada a sus padres sobre irse a vivir con Sergio. Piensa hacerlo en el último momento. En cambio, si lo comenta con sus amigas más íntimas, entre las que hay variedad de opiniones.
- Estás loca, Lorena, ¿irte a vivir con ese pardillo?, pero si no le quieres – afirma Anabelén.
- Pues yo creo que lo que piensa hacer Lorena es guay. ¿Os imagináis?, ser la señora de tu casa, no tener que dar cuentas a nadie y disponer a tu antojo de un chorbo que besa el suelo que pisas y que está dispuesto a partirse el lomo para que vivas como una reina. Un chollo como ese para mí lo quisiera – comenta Verónica.
- Yo creo que las dos tenéis algo de razón. Lo que dice Verónica es como el guión de una película de amor en tecnicolor, sólo tiene un pero que lo acaba de apuntar Anabelén, que no le quieres. ¿Serás capaz de meterte todos los días en la cama con un tío que no te da ni frío ni calor? – pregunta Maribel.
- No os voy a mentir, es cierto que no estoy enamorada de él, pero Sergio es un cielo. Es un chico tierno, cariñoso, incapaz de engañarme y que, como habéis dicho, se partirá el alma trabajando para que no me falte de nada. Si conocéis una salida mejor decídmelo.
- ¿Y qué pasará cuando vuelva Maxi? – la pregunta de Maribel pone un rictus de despecho en el semblante de Lorena.
- Cuando vuelva el cerdo de Maxi, y con él la puta de Mariasun, no pasará nada. Ese es un capítulo de mi vida que está muerto y enterrado – es la acerada respuesta de Lorena y, para que no se le note su crispación, cambia de registro -. Oye, Vero, ¿te acordarás de recordarle a tu tío Francisco que si le puede encontrar un curro a Sergio?
- Descuida, esta misma noche se lo digo.

   La determinación del joven ha supuesto para sus padres un terrible mazazo. No saben cuál de las decisiones de su hijo les resulta más dolorosa y todas juntas son como una carga explosiva que dinamita todos sus sueños y proyectos. Le han razonado, le han expuesto argumentos de todo tipo para que vea el increíble disparate que va a cometer. Han instado, rogado, suplicado, amenazado; todo ha sido en balde. Sergio no da su brazo a torcer, la pasión que siente por la muchacha puede más que las desesperadas súplicas de su madre, que los serenos razonamientos de su padre. Está consternado por darles tamaño disgusto, pero su decisión no tiene vuelta atrás.   
   El único consuelo que les queda a los padres es la vaga promesa del chico de que, en algún momento que no precisa, piensa terminar la carrera. Lo que por ahora parece ser una decisión inquebrantable es que deja los estudios, se queda en Senillar, se va a poner a trabajar y en cuanto gane su primer jornal alquilará un apartamento, en el que vivirá con Lorena. Punto final.  Por fin ha decidido cortar el nudo gordiano que atenazaba su vida. 

martes, 31 de diciembre de 2013

2.37. ¡Para maná éste!

   Los miembros del consejo de administración de BACHSA, Rodrigo Huguet e Íñigo Arechabaleta, vuelven a desplazarse a Senillar para evaluar sobre el terreno el enfoque y desarrollo de la campaña de compra de terrenos. En la reunión que mantienen con sus apoderados locales, José Ramón Arbós y Amador Garcés, concretan más detalles de la operación.
- Como ya os dijimos, hay que seguir comprando fincas en los sectores del norte. De momento necesitaremos, aproximadamente, un millón de metros cuadrados. ¿Lo veis factible? – inquiere Huguet.
- Sin problemas – contesta Arbós, quien a su vez plantea –. Esto ya os lo pregunté anteriormente, pero vuelvo a insistir en ello, ¿en la partida de La Marina, no pensáis comprar? – a José Ramón no le importa repetirse pues, junto con su oculto socio Badenes, tiene mucho invertido en terrenos de ese sector.
- Por supuesto pero, como también ya os indicamos, de manera discreta, sin forzar la mano. Eso sí, marjal que se os ponga a tiro lo adquirís. Otra cuestión, ¿cuál es el procedimiento habitual en el pueblo en la compraventa de fincas? – quiere saber Huguet.
- Aquí las fincas se venden y se compran por fanegas, que es la medida agraria que se ha utilizado toda la vida – responde Arbós.
- Y la fanega ¿cuánto mide y cuál es el precio medio que se suele pagar por una? pues – pregunta Arechabaleta.
- Una fanega tiene ochocientos treinta y tres metros con treinta y tres centímetros, cuadrados naturalmente. Si es de secano venía a costar unas doscientas cincuenta mil pesetas, la de regadío algo más. Naturalmente, me refiero a los precios que regían antes de que la gente se oliera la tostada – informa Garcés.

   Arechabaleta hace un rápido cálculo mental:
- O sea, que suponiendo una finca que tenga cuatro fanegas y la convertimos en metros sale algo más de tres mil trescientos metros, lo que a mil pesetas el metro supone más de tres millones, el triple que antes. Por consiguiente no deberíais tener ningún problema para comprar el terreno que de momento necesitamos pues.
- Siempre que se cumpla la premisa – precisa Arbós - de que el precio se mantenga en las mil pesetas metro, que eso está por ver.
- Y que esa empresa fantasma, que está comprando fincas, no se nos adelante o aumente su oferta. Si es así, nos puede tocar los huevos, pero que bien tocados – se lamenta Garcés.
- Nos dijisteis que ya no pagan al contao como al principio. Ahí tenéis vuestro punto fuerte. Nuestros corredores irán con el dinero en mano y ante la vista de los billetes no es fácil resistirse pues – afirma con rotundidad Arechabaleta.
- Entonces, ¿nos mantenemos en las mil por metro? – inquiere Garcés.
- En efecto, por ahora ni una peseta más – confirma Huguet -. Manejad el dato que daba antes, que los precios ya han subido el trescientos por cien y que es difícil que suban mucho más. A ello debéis añadir que os han marcado un tope para la compra de terrenos, dad la cifra de unos doscientos cincuenta mil metros, y por consiguiente en cuanto se haya alcanzado esa cota posiblemente no habrá más compras y en consecuencia los precios bajarán. Quien no venda ahora puede quedarse compuesto y sin novia.

   Como han pedido los representantes de BACHSA a sus comisionistas éstos aceleran la compra de terrenos. De entrada los corredores encuentran el mercado un tanto alborotado por las adquisiciones que ya ha realizado la empresa foránea, y de cuyos propietarios nada se sabe. El precio que ofrecen es goloso, mil pesetas por metro son muchas pesetas, y más teniendo en cuenta el valor que tenían las fincas unos meses antes. Son muchos los que optan por vender, especialmente los propietarios de los campos de secano cuya rentabilidad es bajísima. Hay otros que especulan con una futura escalada de precios y se resisten a vender. A veces ocurre que dentro de la familia propietaria hay posturas encontradas, como pasa con la de Pascual Tormo. Sus padres tienen una pequeña finca en la partida de Albalat y, según cuenta en casa el cabeza de familia, les han hecho una oferta.
- Hoy ha venido a verme Laureano, dice que tiene un comprador para el campo de almendros de Albalat. Me ha ofrecido mil pesetas por metro – le cuenta Vicente Tormo a su mujer – y ha añadido que un precio así es como robar el dinero.
- ¡A mil pesetas! Eso es un dineral, le habrás dicho que sí.
- ¡Qué va! Le he contestado que me lo pensaré, pero creo que no voy a vender, estoy convencido de que los precios se van a disparar y podemos sacar mucha más tajada.
- La codicia rompe el saco, Vicente. No seas avaricioso y véndelo. Nunca veremos tanto dinero junto. Además, la almendra ya no es lo que era, ahora vale bien poco. Siempre te estás quejando de que no sacamos ni para los impuestos.
- A lo mejor tienes razón, pero me da en la nariz que el precio que me ha ofrecido Laureano no se va a quedar ahí. De hecho, ayer me contaron en el casino que hay corredores de fuera que ya ofrecen algo más de las mil pesetas, pero con el inconveniente de que son compras con los pagos aplazados.
- Vicente, hazme caso, no le des más vueltas y vende. Que son más un millón y medio de pesetas, ¿cuándo hemos visto tanto dinero junto?
- No te preocupes, mujer. Vamos a esperar un tiempo y a ver qué pasa.

   Las compras, al principio, han ido razonablemente bien, pero pronto el ritmo se ralentiza, los propietarios se resisten a vender a mil pesetas metro. Para hacerse con el volumen de terreno que BACHSA necesita será necesario subir el precio de la oferta. La compañía da su visto bueno y el nuevo tope se fija en las mil quinientas pesetas metro. La enorme subida del valor de la tierra apenas si se nota en el mercado, las ventas siguen estancadas. Quien más quien menos se dice que si de un día para otro el coste se ha disparado un cincuenta por ciento, si espera un tiempo el precio puede subir aún más. Los constructores optan entonces por otra estrategia: negociar la compra de cada finca de manera individualizada sin ponerse un límite concreto. El resultado de esa política de compras tiene un efecto perverso: los precios entran en una espiral vertiginosa que parece no tener fin. La escalada de los costes le inspira a Garcés una idea que se apresura a consultársela a Badenes.
- Agustín, se me ha ocurrido que con esta locura de precios, en la que lo que hoy vale diez mañana cuesta veinte, podríamos incrementar nuestros beneficios si cocinamos un poco las cuentas que presentamos a los de BACHSA.
- ¿Qué quieres decir con cocinar las cuentas?
- Cargar, por ejemplo, un diez por ciento de más al precio real que hemos pagado por una finca. Además de la comisión nos llevamos otro pico. Nuestros beneficios se dispararían.
- No es mala idea, pero eso también supone jugar a la ruleta rusa, ¿te has planteado qué pasaría si los de BACHSA se enterasen?
- No llegarán a saberlo, los corredores que tengo son gente de absoluta confianza y no se irán de la lengua porque, además de la comisión de corretaje, se sacarán un plus con el sobrecoste. Lo tengo todo calculado. Además, con esa política que han marcado de negociar finca a finca nos lo están poniendo como a Fernando VII.
- Tu idea es tentadora, Amador, pero creo que por el momento es mejor ser prudente y no arriesgarnos, no sea que vayamos a matar a la gallina de los huevos de oro. Aunque no descarto que, cómo el tobogán de precios siga tan loco, algún día la pongamos en práctica.

   El precio de los terrenos, lo que serán los futuros solares, sigue escalando cotas hasta que al llegar a las cinco mil pesetas metro parece tomarse un respiro. Recibir mil duros por un metro cuadrado de tierra, en la que caben poco más que media docena de macetas, les parece a muchos de los labradores locales una locura, pero si hay gente dispuesta a pagarlos allá películas. Y son muchos los que venden sus campos por ese precio, ¡nada menos que mil duros! Como cuenta el bueno de Chimo el Saurí, de profesión pocero y demóscopo de vocación, a sus compañeros de dominó:
- Toda la puta vida arrastrándome por esos andurriales alumbrando aguas para ganarme las habichuelas y resulta que el mejor pozo lo tenía al lado ¡y yo sin enterarme! ¿Sabéis cuántos millones me han dado por el baldío que tengo en la partida de Freginals, mejor dicho que tenía, y que estaba abandonado porque es poco más que un roquedal? Mejor no os lo digo porque os puede dar un patatús de envidia. Cuando vi la morterada de billetes encima de la mesa me acordé de aquello que nos contaba mosén Arcadio de la travesía de los judíos en el desierto, lo del maná que les llovía del cielo. ¡Pues para maná, éste!

viernes, 27 de diciembre de 2013

2.36. Se acabó el dilema

   Las conversaciones entre Lorena y Sergio han pasado a ser monotemáticas, ella insistiendo en que puede trabajar en la construcción como electricista y él aduciendo que no está preparado para ese oficio. Lorena es cada vez más terca, en cambio Sergio está cediendo en su negativa ante el empuje y la tenacidad que demuestra la joven.
   Llega un momento en que la situación se torna tan tensa que coloca a Sergio ante el mayor dilema de su existencia: o renuncia a su carrera, y en cierto modo a su familia, o renuncia al amor de su vida. Sabe que no hay componenda posible. A la disyuntiva de por qué opción decidirse se une otra cuestión que ha ido posponiendo hasta ahora: hablar con sus padres, a los que ni siquiera ha dicho que está saliendo con Lorena. Algo que resuelve hacer antes de que sus progenitores retornen a Madrid.
- Papá, mamá, tengo que hablar con vosotros de un asunto muy importante para mí.
   La parca introducción es suficiente para que a su madre le dé un vuelco el corazón. Su instinto maternal le dice que su hijo les va a dar un disgusto mayúsculo y que la causante será el pendón de la chica de los Vercher. El padre, en cambio, no sospecha nada y es quien recoge el envite:
- Tú dirás, hijo, pero quiero añadir algo a lo que acabas de decir. Cualquier asunto que sea importante para ti has de saber que también lo es para tus padres.
- Eso ya lo sabía, papá. Veréis, hace ya unos años conocí a una chica de aquí, al principio solo fue una más de las amigas de verano, pero con el tiempo pasó a ser alguien muy especial para mí…; en fin, lo que quiero deciros es que me he enamorado.

   El padre queda un tanto desconcertado, no esperaba una declaración de ese tipo, en cambio la madre se ha quedado lívida y aprieta con fuerza los dientes como para que no se le escape el lamento que le sube a la boca desde las entrañas.
- Enamorado…, eso son palabras mayores, pero bueno, estás en edad de amoríos y las vacaciones son el mejor momento para eso – opina Lorenzo dando a su comentario un tono de trivialidad.
- No es un simple amorío de verano, papá, os estoy hablando de la mujer de mi vida, de la mujer con la que quiero estar, de la mujer sin la cual no puedo vivir.
- Hijo, sí que te ha dado fuerte. ¿Y por qué no nos lo has contado antes? Porque, a ver ¿cuánto tiempo hace que sales con esa chica? Y otra cosa, todavía no has dicho quién es. ¿La conocemos? Si he de ser sincero, todo esto me parece, no sé cómo calificarlo, un tanto precipitado. Ni siquiera sabíamos – Lorenzo mira a Lola que sigue tan callada como pálida – que estabas saliendo con alguien.
- Llevo saliendo con ella bastante tiempo. Se llama Lorena y es de aquí. Y no creo que la conozcáis. Quien sí la conoce es el abuelo y… - de pronto Sergio se corta, no se atreve a contar a sus padres el verdadero dilema en el que está metido -. Bueno, luego os contaré más, ahora tengo que irme que me está esperando Lorena.

   No es cierto que le espera Lorena, realmente la joven lleva varios días esquivándole, pero Sergio sabe dónde encontrarla.
- Mi vida, tenemos que hablar.
- Mira, Sergio, ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos.
- Un profesor del Santa Ana siempre repetía que hablando se arreglan las cosas y que…
- Tú y tu cole de curas – le ataja Lorena -. Yo sólo he ido a la escuela del pueblo, pero no es necesario ser un cerebrito para saber que hay momentos en que las cosas no se arreglan con palabras sino con hechos y, sobre todo, con sentimientos. Hemos llegado a un punto en que lo único que vale es que, de una vez por todas, te aclares: ¿me quieres o no me quieres? Todo lo demás no importa.
- ¿Cómo puedes dudar de mi amor si estoy loco por ti? – protesta Sergio.
- Mira, bonito de cara, mi padre dice que los hombres de verdad se miden por lo que hacen, no por lo que dicen. O sea, que aplícate el cuento. Y lo que hay que hacer está claro como el agua clara. O te vuelves con tus papaítos, tus libracos y tus Madriles o te quedas conmigo. Lo que hagas demostrará de qué pie cojeas, si eres un tío de los que se visten por los pies o sólo eres un monicaco.
- Pero mi amor…
- Ni mi amor ni leches – le corta Lorena, aparentemente hecha una furia -. Toda tu palabrería no es más que una excusa para justificar que te quieres volver a Madrid y dejarme compuesta y sin novio. Al fin y al cabo no soy más que una tonta de pueblo que confío en ti y que te dio lo que una mujer sólo puede dar una vez en la vida. No eres más que un malparido que me has deshonrado y me vas a dejar tirada. ¿Sabes qué? No quiero saber más de ti. Ni eres hombre ni vales nada.
   Lorena da media vuelta y se marcha sin dar tiempo al chico a reaccionar. La jugada es peligrosa y puede salir mal, pero ha sido un riesgo calculado. Ella sabe que lo tiene bien cogido. A estas alturas de la relación son muchas las redes en que la joven lo ha envuelto. A medida que Lorena le ha ido iniciando en nuevas experiencias sexuales, el deseo de Sergio llega a alcanzar cotas inimaginables. Beso a beso, caricia a caricia, postura a postura la joven le va convirtiendo en un adicto al sexo y le va a resultar muy difícil desengancharse. También está comenzando a emporrarlo. Él que apenas fumaba algún que otro cigarrillo, ahora se está aficionando rápidamente a darle al canuto.

   La frase de ni eres hombre ni vales nada, que Lorena le ha repetido más de una vez, cala hondo en el ánimo de Sergio y, sorprendentemente, es la que precipita que el dilema que ha sido su pesadilla en los últimos tiempos deje de serlo. La jugada le sale bien a Lorena. Al día siguiente Sergio le está esperando a la salida del chiringuito donde trabaja. Su actitud dice más que mil palabras, está completamente entregado. Hará lo que ella le pida sin rechistar. Trabajará en lo que sea. Lorena se hace de rogar, pero al fin le perdona. Le explica que Verónica le habló a su tío de él y de sus estudios y el hombre aseguró que en menos de una semana se comprometía a convertirlo en un instalador electricista fetén. No sólo eso, sino que le iba a dar trabajo en su empresa y que si curraba duro ganaría un montón de pasta, no menos de doscientas mil pesetas mensuales. Y todavía le dijo más: si cogía obras a destajo el monto de la paga podía llegar a los sesenta mil duros y aún sobrepasarlos.
- ¿Crees que seré capaz? – todavía pregunta un dubitativo Sergio.
- Tú eres capaz de todo. Y a dónde no llegues, yo te ayudaré a conseguirlo.
- Tendría que dejar la carrera – se lamenta el joven.
- ¿Y para qué quieres una carrera? En la construcción vas a ganar más pasta que de ingeniero y te la embolsarás ya mismo, no dentro de tropecientos años. No lo dudes, cariño, el futuro está en el ladrillo, eso es lo que dice todo el mundo y todos no pueden equivocarse.