viernes, 6 de diciembre de 2013

2.30. Ni eres hombre ni vales nada

   Siempre que Sergio hace alusión de que no tiene la menor posibilidad de ganar dinero hasta que no termine la carrera, lo utiliza Lorena para rebatir los argumentos del joven y le brinda el resquicio para comenzar otra fase de su plan: convencer al chico de que si puede ganar lo suficiente para poder vivir juntos.
- Siempre hay posibilidades de ganar pasta, como casi todo sólo es cuestión de proponérselo – afirma Lorena de forma tajante.
- No creas que no lo he pensado. Cuando vuelva a Madrid voy a dar clases particulares de matemáticas que se pagan muy bien y comenzaré a ahorrar.
- ¿Y cuánto vas a ganar dando clases?, ¿unos cientos de pesetas al mes?, ¿y qué vas a conseguir con eso? Yo te lo diré, nada de nada. Una pareja para vivir con cierto desahogo necesita bastante más. Y eso no lo conseguirás haciendo unas cuantas horas extras de profesor particular. Tendrías que tener un curro a tiempo completo. Y para que veas que no me quedo en la mera palabrería como tú, yo estoy dispuesta a hacer lo mismo.
- Es que no imagino otra cosa en la que podría currar ahora – a Sergio ya se le va pegando el vocabulario de la muchacha -, pero te prometo que en cuanto termine tercero voy a buscarme un trabajo de becario o de colaborador a tiempo parcial en empresas de electrónica y en los que te puedes sacar un dinerillo curioso. Algún profesor ya nos lo ha comentado.
- A ti no se te ocurre nada que sea para ahora, todos tus planes para buscarte la vida siempre se remontan a un mañana que cada vez lo veo más lejano y siempre sin salir de Madrid. Así no vamos a ninguna parte – y Lorena añade con voz compungida -.Tú no me quieres de verdad, Sergio.
                                                            
   Los diálogos entre ambos jóvenes sobre qué podría hacer el chico para ganar dinero y quedarse en Senillar para iniciar una nueva vida como pareja son cada vez más frecuentes. Él ya no sabe qué decir y qué hacer para que ella le crea. En cambio Lorena no hace más que tensar la cuerda hasta casi provocar la ruptura. Es una jugada  arriesgada, pero tiene que romper el punto muerto al que han llegado. Es muy consciente de cuáles son las ataduras que ligan al muchacho: principalmente sus padres y su carrera, por eso si las menciona es como algo negativo, como la prueba evidente de que el amor del chico no es tan sincero como pregona.
- Mira Sergio, no podemos seguir así. Yo, al menos, no lo soporto. Te quiero demasiado para que nos pasemos el día discutiendo sobre nuestro futuro. Yo, por ti, sería capaz de todo, si es necesario hasta robaría. Haría cualquier cosa con tal de estar siempre a tu lado. Para mi desgracia veo que tú no me quieres del mismo modo, no estás dispuesto a que vivamos juntos. La única solución que tenemos es dejarlo. Tú te vuelves a Madrid con tus padres y tus estudios y yo, pobrecita de mí, me quedaré en el pueblo, seguiré trabajando de camarera y, con mucha suerte, quizá encuentre a un muchacho que esté dispuesto a cargar conmigo aunque ya no pueda ofrecerle lo que tú me quitaste.

   Es más de lo que Sergio puede soportar. Se arrodilla ante ella y, casi con lágrimas en los ojos, le ruega, le suplica, le implora que no le deje, que él hará lo que fuere necesario para que puedan seguir juntos. Se lo jura por lo más sagrado.
- Lo que no sé, mi amor, es de qué vamos a vivir, en qué podría trabajar – se lamenta.
   Era lo que Lorena estaba esperando oír.
- Si de verdad estás tan decidido como juras a qué vivamos juntos hay bastantes posibilidades de que encuentres trabajo y de ganar un buen dinero. Más que suficiente para poder vivir, hasta podríamos ahorrar pensando en el día de mañana.
   Lorena le explica al chico que en la construcción se gana dinero a espuertas y no tendría que irse de Senillar. Por el momento hay trabajo a manta en los pueblos costeros limítrofes y, por las noticias que circulan en los mentideros locales, pronto lo habrá también en la localidad. La mayoría de los chicos del pueblo se han enrolado en las cuadrillas que se afanan en levantar un bloque de apartamentos tras otro. Suelen trabajar a destajo, por lo que si echan muchas horas ganan sus buenos dineros. Y las urbanizaciones costeras crecen a tal velocidad que siempre faltan manos para satisfacer la demanda de un mercado laboral que tiene el mayor índice de crecimiento del país.
- ¿La construcción? – Sergio se ha quedado atónito -. Ya hemos hablado de eso, yo no sé nada de ese sector. ¿Tú me ves trabajando de albañil?
- Parece mentira que estudies para ingeniero, Sergio. Sabes mejor que yo que en la obra intervienen un montón de oficios. Y una persona con estudios como  tú, estoy segura que podría encajar en más de uno – Lorena tiene muy estudiado en qué oficio encajaría mejor el chico, pero se abstiene de mencionarlo. Para que la fruta madure hay que darle tiempo, pero de todos modos insiste -. Y parece que se confirma que en poco tiempo aquí comenzarán a construir a lo bestia. Maribel me ha dicho que lo sabe de muy buena tinta.
- Hace unos días el abuelo me comentó lo mismo, que si van a construir en la playa, pero todavía no he visto que se haya levantado alguna grúa – apostilla Sergio.
- Que vayan a construir o no en el pueblo es lo de menos, porque tanto en Albalat como en Benialcaide hay trabajo de sobra. Aunque si no tienes tus sentimientos tan claros como los tengo yo es mejor que lo dejemos correr.

   Apenas si pasan unos días, Lorena vuelve a insistir en que, trabajando en el ladrillo, va a ganar más dinero que con cualquier otra ocupación y no tendrá que romperse los codos estudiando unos libracos que deben de ser unos pestiños. La respuesta del joven sigue siendo la misma: que no sabe nada de la construcción, pero Lorena ha preparado su estrategia y tiene respuestas para dilucidar todas las dudas del chico. Y vuelve a repetir que claro que no iba a trabajar de albañil. Su amiga Verónica tiene un tío que es subcontratista de montajes eléctricos y suele quejarse de lo difícil que resulta encontrar buenos  oficiales. Podría currar de electricista, parece que cobran buenos sueldos.
- Yo no sé nada de instalaciones eléctricas, mi vida.
- ¿Cómo que no sabes nada? – la cara de la muchacha es el vivo retrato de su fingido asombro -. ¿No me has dicho que estudias electrónica?
- Sí, pero no es lo mismo aunque tenga muchos nexos. Además, imagino que los electricistas que se necesitan en las obras son para realizar instalaciones de baja tensión y yo dudo estar preparado para el trabajo de un instalador electricista.
- Ves, como tengo razón, tú no me quieres. Cada vez que se me ocurre algo para que podamos vivir juntos, no haces más que poner inconvenientes. Lo que tú quieres es volver a Madrid y a la tonta del pueblo que confío tanto en ti, que te dio su flor, que la zurzan. ¿Sabes que te digo? Que te vayan dado, a ti y a todos los malnacidos como tú, que deshonran a una mujer y luego la dejan tirada. Ni eres hombre ni vales nada 

   Frases como la de ni eres hombre ni vales nada se clavan como una navaja cabritera en el corazón de Sergio. Las rememora una y otra vez y hasta tiene pesadillas en la que una Lorena se va alejando entre un mar de negros nubarrones mientras las sigue repitiendo. El dilema en el que el chico se debate no parece tener una solución fácil, al menos él no es capaz de encontrar una salida. 

martes, 3 de diciembre de 2013

2.29. Somos constructores, no ecologistas

   El ladrillo mueve ingentes inversiones y el dinero es un poderoso caballero capaz de convencer a toda clase de personas, pero los constructores saben que, de todos modos, hay que trabajarse a los políticos y de eso se encargan  sus muñidores locales.
   Como acostumbra, José Ramón Arbós deja que sea su socio quien haga el trabajo a pie de obra. Amador Garcés se reúne con el director local de Cajaeuropa, Agustín Badenes, que es otro valedor de los constructores, aunque hasta cierto punto enmascarado. Garcés, pese a su amplia experiencia en los entresijos de la política municipal, tiene algunas dudas sobre cómo conseguir el favor de los políticos locales, incluso en el caso de que tuviesen que forzar de alguna manera la reglamentación o, lisa y llanamente, saltársela. El bancario le tranquiliza:
- No te preocupes, Amador. Casi todo el mundo es íntegro hasta que deja de serlo. Hay mucho honrado por ahí, pero porque nadie le ha puesto en el brete de dejar de serlo. Y hay múltiples medios, directos unos, indirectos otros, para conseguir que políticos, técnicos y quienes sean acepten colaborar, aún en contra de sus teóricas convicciones.
- Sí, pero lo de recibir un maletín lleno de billetes puede resultar algo difícil de aceptar para alguno de nuestros políticos – sigue recelando Garcés.
- Lo de los maletines casi es más leyenda que realidad – replica Badenes -. Suelen ser más eficaces los medios indirectos. Por citar algunos de los más socorridos están: los regalos en especie, otro es hacer aportaciones destinadas al partido, el dinero va al fondo común partidista. En ambos casos, la conciencia, hasta de los más honestos, suele quedar apaciguada por el hecho de no recibir los billetes en mano. Y otro muy eficaz, aunque su aparente inocuidad sólo cuela la primera vez, es regalar unos décimos de lotería premiados después de que el sorteo se haya realizado, alegando que se los tenías reservados al fulano de turno y aparentando ignorar el premio. Y podría estar enumerando tretas similares hasta el hartazgo.
- Visto así… - admite Garcés.
- Empecemos por el alcalde, tú que le conoces mejor, al fin y al cabo sois correligionarios, ¿cuál sería la mejor forma de entrarle?
- De lo que has dicho, quizá donde menos problemas pondría sería en lo de las aportaciones al partido. Nunca tenemos un duro. En cuanto a recibir directamente algún tipo de comisión, recompensa o como lo queramos llamar tengo mis dudas.
- Vamos a ver, ¿sabes qué le gustaría tener a Pellicer y que hasta el momento no ha podido conseguir?
- Se pirra por los coches de lujo. Le encantaría tener un Mercedes o, mejor aún, un BMV o un Porsche, aunque también dudo que vaya a aceptar un regalo de ese porte – cuestiona Garcés.
- ¿Y quién habla de regalos? Hay otras formas de conseguir que pilote un automóvil de alta gama. Por ejemplo: uno de nuestros amigos de BACHSA le deja su coche para que lo pruebe, en principio por unos cuantos días, pero luego le dirá que él no lo necesita y que se lo presta una temporada. Verás cómo en cuanto le coja el gusto a manejar un cacharro así lo de la temporada se puede prolongar indefinidamente.
- Planteado de esa forma, puede ser que cuele – acepta Garcés.
- En cuanto a las aportaciones al partido – prosigue Badenes -, es una forma de actuar muy extendida. De cada contrato que se firme en las obras del pueblo, al menos de los más jugosos, se destina un porcentaje, de cuantía a discutir, para el partido. Como se trata de dinero negro, nunca hay recibos ni contabilidad ni papeles. Una consecuencia de ello es que quien recibe el dinero, en nombre del partido, acaba teniendo la irresistible tentación de quedarse para sí una parte del mismo, a veces la parte del león, sin que nadie pueda saberlo. Bueno, podría saberse si quien lo ha dado informara al partido qué cantidades ha facilitado, pero como comprenderás quien unta no está dispuesto a dar dos cuartos al pregonero. Si no conozco mal al género humano, te digo que es poco menos que imposible que alguien se mantenga incólume ante el hecho de ver pasar por sus manos cantidades sin ninguna clase de control y no terminar pringándose. Y en cuanto lo has hecho una vez, las demás se hacen casi sin darte cuenta. Por ahí es por dónde más fácil será pringar a tu conmilitón.
- ¿Y con Armengol, qué hacemos? – plantea Garcés.
- Déjalo de mi cuenta que a ese gato lo tengo ya en el talego – asegura el bancario.

   Como había anticipado Badenes, en lo que atañe al concejal de urbanismo todo ha sido bastante simple. Cajaeuropa le ha facilitado un crédito blando que le ha servido para instalar un restaurante a precios muy asequibles, y que espera que se llene diariamente con los trabajadores de las obras. Se le ha ofrecido un apartamento de los que se van a construir y de cuyo precio ya se hablará en su momento, pero se le asegura que no debe preocuparse por ello. En cuanto a la financiación de su partido, Armengol recibirá periódicamente, a través de Badenes, un maletín con billetes destinados a las arcas del partido. Lo que haga después ya no es problema de los generosos promotores.

   Con la seguridad de que los proyectos que emprendan no van a encontrar ningún obstáculo por parte del Ayuntamiento, el directorio de BACHSA da otro paso para el desarrollo de su magno plan, encarga a una prestigiosa empresa norteamericana, especializada en estrategias de planificación urbanística, un primer diseño del plan global de urbanización de toda la costa, incluida la zona de los marjales. Tras un exhaustivo estudio de las variables poblacionales, económicas, sociales, culturales y territoriales de la localidad, los expertos de la consultora diseñan un plan director, como instrumento de la planificación, que contiene un conjunto de disposiciones relativas a la ordenación del territorio, uso del suelo, redes de infraestructura, servicios, normas de edificación, medidas de protección, conservación del suelo, defensa del medio ambiente y un largo etcétera.

  La reunión del consejo de administración para decidir si encomienda a los yanquis el diseño definitivo del proyecto pone de relieve la enorme diferencia de criterios existentes entre los consejeros.
- Estos amiguetes tuyos, Juan Antonio, igual se han creído que en vez de empresarios somos una ONG – apunta Bricart rezumando ironía.
- Más que un informe para una empresa urbanizadora, parece que es para los de Greenpeace – se cachondea Huguet.
- Sólo con la lectura del prólogo dan ganas de vomitar – añade Arechabaleta y, engolando la voz, lee - La planificación urbana contiene aspectos ideológicos, políticos y variables como los espaciales, poblacionales, económicos, sociales, culturales, territoriales, y otros… capaces de orientar la toma de decisiones para promover el desarrollo y hacer legítima la gestión del suelo. Por ello la planificación debe concebirse en su integridad, como principio rector del desarrollo, bajo un proceso participativo y concertado de los agentes socio- económicos, como un principio y un fin en sí mismos… Y no sigo porque es todo más de lo mismo.
- Pues es la empresa más prestigiosa del mundo – se defiende Cardona.
- Tendrá todo el prestigio que quieras, pero este documento no nos sirve ni para limpiarnos el ojete – dogmatiza Bricart con su habitual rudeza -. Ya dije que esto había que encargárselo a la gente con la que hemos trabajado siempre y que sabe muy bien lo que queremos. ¡Coño, Juan Antonio, que somos constructores, no ecologistas!

viernes, 29 de noviembre de 2013

2.28. Búscate las habichuelas

   Lorena no deja escapar ninguna ocasión para martillear con su cantinela de que tiembla sólo de pensar qué hará cuando acabe el verano y Sergio vuelva a Madrid. Que ahora que es suya no va a saber vivir sin sus caricias, sin tenerle a su lado y que algo habrá que hacer para que eso no ocurra.
- ¿Y qué podemos hacer?, a mí no se me ocurre nada – se lamenta Sergio.
- Tú, piensa, que un medio ingeniero en cuanto se ponga a darle a la cholla le tienen que salir ideas como cerezas, a puñaos.
- No lo vamos a tener fácil porque, suponiendo que lo apruebe todo a la primera, me quedan cuatro años para terminar la carrera y luego está lo de encontrar trabajo.
- Para trabajar no hace falta tener una carrera, hay montones de chicos del pueblo que no tienen estudios y no les falta curro. Y buenos duros que se ganan.
- ¿Y cómo lo hacen?
- A veces parece lelo, mi amor, ¿qué cómo lo consiguen?, pues buscándose las habichuelas, yendo a los tajos y preguntando si les hace falta gente. Tanto en Albalat como en Benialcaide siempre falta mano de obra en la construcción. Y aquí puede ocurrir lo mismo cualquier día – Lorena desconoce en ese momento cuan cierta está su predicción de convertirse en realidad.
- O sea, ¿qué puedes encontrar trabajo de hoy para mañana?, ¿y también de ingeniero? – pregunta ingenuamente el chico.
- ¿De ingeniero? – repite una irritada Lorena -, ¿pero no me has dicho que te quedan cuatro años para terminar la carrera? Yo estoy hablando de ahora y no dentro de tropecientos años.
- Pues no te digo nada si hago lo que desea mi padre, que quiere que oposite a uno de los cuerpos de funcionarios del estado. Eso supondría, al menos, dos o tres años más.

   Lorena hace como que no oye las cuentas que echa Sergio. Piensa que está apañado si cree que le va a estar esperando tanto tiempo. Todavía no tiene muy claro cómo conseguirá que el joven encuentre un buen curro sin necesidad de aguardar esa montonera de años, pero si comienza a forjarse en su mente el bosquejo de una posible salida al problema. Y al mismo tiempo debe encontrar algo que ate al chico irremisiblemente. Hasta se le ha pasado por la cabeza lo de quedarse preñada. Puede ser una solución, pero no es la que más le apetece. En cualquier caso, y por si las moscas, decide ir preparando el terreno.
- Hace unos días, cuando fui a Albalat, estuve en el consultorio porque tenía algunos desarreglos, ya sabes cosas de mujeres. El ginecólogo me dijo que durante una temporada dejase de tomar la píldora. Hoy he tomada la última. O sea que a partir de mañana tendrás que ponerte condón.
   A Sergio le da vergüenza confesarle que jamás utilizó un preservativo y que ni siquiera sabe cómo se ponen. Está en un tris de decírselo, pero en el último momento opta por no revelar su ignorancia en tamañas medidas.
- No te preocupes por eso. Mañana mismo, en cuanto abran la farmacia, compro tres o cuatro cajas.
- ¡Hala, ansioso! Conque compres una es suficiente por el momento.
   No imaginaba Sergio que hubiese tantos tipos de preservativos y de tantas marcas y modelos diferentes. El problema del cómo utilizarlos se lo da resuelto el prospecto que viene en la caja. Ha estado poniendo y quitándose una goma hasta estar seguro de su uso. Todo con tal de que Lorena no se entere de que es un novato en tales lides.

   Como la gota que termina horadando la roca, el derrotero que Lorena ha impuesto a su relación con Sergio acaba carcomiendo el ingenuo ideario que el muchacho se había forjado de lo que debían ser las relaciones entre una pareja. Nada de miradas amorosas, ni palabritas tiernas, ni cruces de notas plenas de juramentos amorosos, ni paseos cogidos de la mano, ni castos besos en los que las lenguas se quedan dónde deben. Es todo lo contrario.
Las miradas se han vuelto lujuriosas, las dulces palabras del amor romántico han sido sustituidas por gemidos orgásmicos, las cartitas de amor brillan por su ausencia, y los besos han pasado a ser el preludio de las entregas más apasionadas y tórridas.
   Nada es como Sergio soñaba. Lo único que medio encaja en la romántica idea que tenía de una relación amorosa son las conversaciones, pues lo que sí hacen es charlar, pero sus diálogos son recurrentes: él planeando un futuro utópico para cuando acabe la carrera, ella reiterando que se ve incapaz de resistir sin tenerle físicamente a su lado. Y que si de verdad la quiere tanto como asegura, debería pensar en algo para que no tuvieran que separarse. Esa proyección de futuro termina angustiando al chico.
- ¿Y qué puedo hacer, mi vida? No se me ocurre que podría realizar para que no nos separáramos nunca. ¿Tú crees que no voy a sufrir estando lejos de ti? También yo lo pasaré mal, al menos tanto como tú.
- Pues tendrás que pensar algo, mi cielo, porque va a ser un sin vivir. Si te pones a darle al coco seguro que se te ocurrirán un montón de soluciones, que para eso tienes estudios. A quien no se le ocurre nada es a mí, al fin y al cabo sólo soy una camarera.
- Para mí no eres una camarera, eres una princesa, un sueño maravilloso, una persona increíble, eres…, eres la mujer que quiero y que querré siempre.

   Lorena parece no escuchar la rotunda afirmación de Sergio porque sigue con su perorata:
- Y no creas, alguna vez he pensado que es precisamente por eso, porque no soy más que una pobre chica de pueblo por lo que no encuentras soluciones para evitar nuestra separación. Si fuera una señoritinga de la capital, de esas que van a la universidad y son unas estreñidas, posiblemente sí serías capaz de encontrar remedios.
- ¿Cómo es posible que pienses eso, cariño? Te quiero más que a mi vida, no pienso en otra cosa más que estar contigo y ¿me dices eso?
- No soy la única que lo piensa, más de una amiga me ha comentado lo mismo.
Sin ir más lejos, Maribel me dijo el otro día que tuviera cuidado contigo porque los chicos de capital sólo queréis a las de pueblo para divertiros y luego si te he visto no me acuerdo. Sí es así, Sergio, te has equivocado de chica.

   Sergio jura una y otra vez que no es así, que no sabe cómo se comportan los demás, pero que él la quiere con toda su alma y que piensa convertirla en su mujer en cuanto termine la carrera y encuentre trabajo. Lo de terminar sus estudios como algo previo para buscar un empleo es una frase que a Sergio se le escapa casi sin pensarlo, es un lugar común que repite cada vez que hablan sobre su futuro.  Ahí es cuando Lorena empieza a echar cuentas y le restriega las cifras por la cara. Pasarán cuatro o cinco años, o quién sabe si no más, antes de que él esté en condiciones de poder mantener un hogar. Y ella está totalmente convencida de que será incapaz de aguantar tanto tiempo. Y vuelve a repetir:
- Si me quisieras la mitad de lo que juras, si fueras un hombre de verdad no tendríamos que esperar tanto tiempo para vivir juntos. ¿Has llegado a pensar en serio lo que puede ser estar tanto tiempo separados, tú en Madrid y yo aquí? ¿Cuándo nos veríamos, en verano, en Semana Santa? ¿Esa es la clase de amor que sientes por mí? Tú, jurar, juras mucho, pero querer, lo que se dice querer de verdad, poco.
- Y te juro por lo que más quiero, que eres tú, que si tuviese la menor posibilidad de ganar dinero ya estaríamos viviendo juntos.
- Tus juramentos me importan un bledo, lo que tienes que hacer es mover el culo para buscarte las habichuelas.

martes, 26 de noviembre de 2013

2.27. De lo que hablemos, chitón

   Guillem Armengol, concejal de urbanismo, tiene que plantear al comité ejecutivo de su partido la propuesta presentada por los representantes de BACHSA de urbanizar el litoral de Senillar. Antes de tratarlo con sus correligionarios, le cuenta a su mujer la reunión mantenida con los empresarios. Tiene más fe en el olfato político de su costilla que en el de sus compañeros.
- … y esto es, en resumen, lo que nos han explicado. ¿Qué opinas?
- No sé qué decirte, Guillem, porque lo que acabas de contar parece un cuento de las mil y una noches. Lo único que parece claro es que se trata de un plan muy ambicioso en el que los millones se van a mover a paletadas y si andamos listos alguno se nos puede quedar en la mano.
- El problema es como presentarlo a mi gente y qué posición tomar. Si doy mi aprobación al plan siempre habrá algún cantamañanas, como Ibáñez, que saldrá diciendo que no somos más que los palmeros del PSOE, y si estoy en contra me acusarán de oponerme al progreso del pueblo. Total, que haga lo que haga me va a coger el toro.
- Haz una cosa. Preséntalo sin tomar partido y deja que los demás digan lo que piensan, pero déjate abiertas todas las opciones. Oye, y antes de que os reunáis ¿no podrías recabar más información para saber a qué atenerte?
- En la reunión, además de los promotores, el alcalde y yo, sólo estaban Arbós y Garcés. Del primero no puedes esperar que nos diga nada, si sabe más cosas a quien se las contará será a los del PP. Y el segundo, si conoce algo más sustancioso sobre el proyecto ya se lo habrá soltado a la comisión ejecutiva socialista. No puedo recurrir a nadie.
- Creo que nos olvidamos de alguien que, aunque no estaba en la reunión, seguro que está metido en el ajo. Me refiero a Agustín Badenes. Ya sabes que en el pueblo no se mueve un duro sin que él no tenga algo que ver.

   Siguiendo el consejo de su esposa, Armengol visita al director local de Cajaeuropa con quien mantiene buena relación. Agustín Badenes le saluda muy efusivamente.
- Hombre, Guillem, que caro te vendes. Vienes ni que caído del cielo porque tenía pensado hablar contigo para hacerte una propuesta que creo que te resultará muy interesante, pero primero cuéntame cual es el motivo de tu inesperada y grata visita – el bancario, siempre cauto, prefiere que primero hable su interlocutor.
- Verás, Agustín, vengo a pedirte consejo porque la verdad es que no sé cómo plantear al partido lo que voy a contarte.
- Sabes, Guillem, que me tienes a tu disposición para cuanto quieras, pero la política no es mi fuerte – se excusa Badenes.
- Es un problema político pero que tiene mucho que ver con la economía, por eso quiero saber tu opinión que siempre he valorado muchísimo porque eres la mejor cabeza que conozco en lo que se refiere a los números – aduce, adulador, el político -. Se trata del asunto de la urbanización de la costa, del que supongo que estarás al corriente.
- Me pides consejo, Guillem, y te lo voy a ofrecer gustosamente, pero con una condición: la de que no debes divulgar lo que te voy a contar. De entrada, te adelanto mi opinión: este proyecto será lo mejor que le ha ocurrido a Senillar en toda su historia. ¿En qué me baso para ser tan rotundo? En que se trata de un plan muy sólido y con una financiación por todo lo alto. No sólo están detrás del mismo unos empresarios que han acreditado su buen hacer en Benialcaide y en otros lugares, también lo está mi caja. Por ello, y estoy resumiendo mucho, la postura no puede ser otra que manifestarse a su favor sin ningún género de dudas.
- En principio estoy de acuerdo contigo – acepta Armengol para a continuación matizar su aprobación -, pero intento pensar no en el ahora sino a plazo más largo. Digamos que en una década. Imagínate que aquí comienza a construirse a troche y moche, en consecuencia esto se llenará de gente de fuera. Muchos de esos forasteros podrían terminar quedándose. En cuánto toda esa patulea entre en el censo municipal, ¿quién nos asegura qué es lo que votarán?, ¿qué pasará con partidos como el mío? Es el aspecto político el que me preocupa, no el económico.
- Veamos, Guillem. Te preocupa lo que pueda pasar en una década. Es una preocupación razonable, nadie puede garantizarte en ese plazo dónde estará tu partido, si tú seguirás siendo el secretario general, si os van a votar o no y si continuaréis formando parte del equipo de gobierno. Es una ecuación con demasiadas incógnitas por despejar. Dicho esto también te digo que, en tu piel, de lo que me preocuparía sería de las elecciones del próximo año. Si obtenéis representación municipal en el noventa y cinco y, además, sois la fuerza que desequilibra el fiel de la balanza no tendrás que volver a preocuparte de nada hasta el noventa y nueve. Y convendrás conmigo que para el año próximo, por muy rápido que vaya todo, el padrón del pueblo seguirá siendo el mismo que hoy.

   Armengol encuentra muy razonable la explicación de Badenes, pero sigue con las reservas que le suscita pensar en sus correligionarios.
- Eso último es cierto, pero insisto en que mi gente puede ver peligros en el proyecto a medio y largo plazo.
- Si mi información es correcta, el único que de vez en cuando se te enfrenta es Ibáñez, pero el resto de la directiva te come de la mano. No tendrás problema para convencerles y si alguien guarda alguna reserva desaparecerá cuando le expliques lo que puede suponer esta operación para vosotros.
- Agustín, tendrás que ser más claro porque esta última parrafada no acabo de entenderla.
- Lo que te voy a decir es una información que has de manejar con extremada prudencia. El proyecto va a suponer el movimiento de miles de millones y cuando se maneja dinero en tan ingentes cantidades es natural que todo aquel que tenga algo que ver con el mismo obtenga algún beneficio. Y no estoy hablando de nada ilegal sino de la praxis mercantil habitual. Un ejemplo para que lo entiendas mejor. Cuando un comercial te vende café, bebidas o lo que sea obtiene una determinada comisión. Es una de las formas de retribuir su trabajo. Pues bien, el concejal de urbanismo va a tener una descomunal tarea si el proyecto presentado sigue adelante. Por tanto, será correcto y hasta justo que obtenga su correspondiente comisión. ¿Me sigues?
- Sí, pero eso no va a bastar para los del comité. Soy el único del partido que está en el Ayuntamiento.
- Eso va a cambiar en unas semanas. En cuanto comience a concretarse el proyecto podrás colocar no sólo a tu comité en pleno, sino a más de la mitad de tus afiliados. Y todos tendrán su correspondiente momio.
- Agradezco de veras tu interés y es un favor que algún día te devolveré, lo que no sé es cómo podré montar un tinglado para colocar a tanta gente.
- Eso te lo solucionaré yo, también te explicaré como me podrás devolver el favor, pero de eso hablaremos otro día. Ahora lo que deberías hacer es reunir a tu gente, transmitirles lo que te he explicado, pero sin darles demasiados detalles, y convencerles que lo mejor que puede hacer el partido es apoyar decididamente el proyecto porque va a ser una eficaz manera de hacer país – el bancario utiliza a sabiendas una de las frases favoritas de la jerga nacionalista -. E idéntica postura deberás adoptar en el consistorio.
- Tengo mis dudas de que alguno de los cenutrios del comité no se ponga digno y me la líe parda – Armengol sigue mostrando su reserva respecto a la postura que puedan adoptar su conmilitones.
- Lo que debes hacer antes de reunirlos es hablar con cada uno de ellos en privado y explicarles que el proyecto les hará ricos, ya verás como a la hora de votar van a estar todos contigo.
- Menos Ibáñez.
- Bueno, el que haya un voto en contra no es mala cosa, lo puedes vender como ejemplo de lo bien que funciona la democracia en el partido. Y para terminar te hago un vaticinio: en tres o cuatro años vas a ser uno de los hombres más poderosos de Senillar. Ah, insisto, de lo que hablemos, chitón.

viernes, 22 de noviembre de 2013

2.26. Te voy a recompensar

   Ajeno a la radical transformación que está en trance de iniciarse en el pueblo de su amada, Sergio termina el curso y lo hace con tan buenas notas como cuando estudiaba formación profesional. Todos los indicios apuntan a que le espera un brillante futuro profesional. Apenas ha tenido en sus manos el último aprobado cuando ya está pidiendo a sus padres que le dejen partir para Senillar donde su abuelo le espera con los brazos abiertos. Lo que no dice a sus progenitores es que le espera alguien más.

   Lorena le recibe con el mismo aparente cariño y ternura con que le trató en la pasada Semana Santa. El vínculo de la pareja parece afianzarse a marchas forzadas, de hecho todos contemplan su relación como un noviazgo formal. Así es para Sergio. No lo es tanto para Lorena, la joven no las tiene todas consigo de que haya conseguido atrapar al muchacho con tanta fuerza como para que acepte el plan que ha maquinado. Es consciente de que no va a ser fácil forzarle a que abandone sus estudios y su familia, a que se instale en el pueblo y a que busque un trabajo que les permita alquilar un piso en el que vivir como pareja. Para que un plan como ese triunfe necesita forzar la situación para llevar la relación a un punto de no retorno. Llega a la conclusión de que los besos, las caricias, los arrumacos no son suficientes, va a precisar algo más. Cada día es más permisiva, deja que le bese los pechos y que juegue con su vello púbico, pero eso tampoco basta. Como ve que él no se atreve a dar el paso, decide darlo ella. Ha llegado el momento de hacerle paladear el sabor de su piel y de que sienta lo que es estar dentro de una mujer.

   La última tarea que Lorena lleva a cabo, al terminar por la tarde en el chiringuito, es hacer un somero balance de las existencias que guarda el dueño del merendero en un precario almacén para elaborar el pedido del siguiente día. Sergio, que suele llegar mucho antes del término de la jornada laboral, le acompaña y le ayuda en el conteo pues calculando es mucho más rápido y fiable. Aquella tarde, el chico ha realizado el arqueo en un pispás.
- Cada día eres más rápido, mi amor. Como se nota que vas para ingeniero. Ven, que te voy a recompensar por tu ayuda.
   Los besos de la joven son más apasionados por momentos. Como ha hecho otras veces, le echa los brazos al cuello y se aprieta contra su cuerpo. Nota como la respiración del chico se acelera e intuye la pronta erección. Decide que ha llegado el momento y tendrá que ser ella quien haga el primer movimiento. Desliza su mano en el interior del pantalón del muchacho y le acaricia, mientras con la otra mano trata de soltar el cinturón.    
   La operación apenas ha durado unos segundos, pero tiempo suficiente para que Sergio alcance el clímax y salpique la mano de la muchacha. La precoz eyaculación pone de los nervios al joven, y a ella está a punto de darle un ataque de rabia. Lorena piensa cuánta razón tienen sus amigas al llamarle pichafloja. Sin embargo en vez de mostrar su irritación intenta mitigar el sofocón del chico.
- No te preocupes, mi vida, eso le puede pasar a cualquiera. Dicen que cuanto más hombre se es más a menudo suele ocurrir.
 
   Al día siguiente se vuelve a repetir la escena con variantes, la frustrante experiencia anterior parece que les ha servido a ambos. Una vez más es Lorena quien toma la iniciativa, pero actúa más cautelosamente.
- Mi amor, no quiero verte sufrir más. Quiero ser tuya, quiero darte lo que una mujer sólo puede ofrecer una vez en la vida.
- ¿Estás segura de querer hacerlo, mi vida, no te arrepentirás?
- Te quiero demasiado para tener que arrepentirme, mi cielo. Y sí, estoy deseando hacerlo, más por ti que por mí. No te pongas nervioso y verás como todo sale bien.
   No sale tan bien como esperaba Lorena, pero al menos consigue que el chico la penetre. Ya ha puesto el primer eslabón de la cadena con la que espera apresar a Sergio.        

   Lorena vuelve a entregarse una y otra vez. Ya son realmente novios tal como la mayoría de parejas entiende el noviazgo en el pueblo. Ambos se entregan a sus ardientes efusiones cuando hacen el inventario de las existencias. Poco a poco, el muchacho va controlando sus emociones y hasta sus orgasmos. Hasta que un día casi les cogen en pleno trance al golpear alguien la puerta del almacenillo que, prudentemente, han tenido la precaución de cerrar con llave. De todas formas, Sergio se pone colorado como un tomate al ver la cáustica sonrisa del camarero que intentaba acceder al almacén.
   La joven decide que algo así no vuelva a pasar. Los padres de una de sus amigas, Verónica, tienen un pequeño apartamento en la playa de Benialcaide que sólo utilizan algunos fines de semana. En el grupo, son varias las amigas que lo han usado para sus escarceos íntimos. Allí es donde aterriza la pareja después de terminar la joven su turno de trabajo, y donde pasan buena parte de la jornada en su día de descanso.
   Más que el hecho de poseerla, ha sido ver a Lorena desnuda lo que ha provocado una conmoción indescriptible en el muchacho. Ha visto muchos desnudos en revistas, en cine y vídeos, pero jamás en vivo. Y la joven tiene un cuerpo tan adorablemente excitante que inflama más, si cabe, la pasión y el deseo de Sergio, que pasa del amor idealista y casi adolescente a una idolatría pasional.

   Lorena sigue contando a sus amigas los avatares de su relación con Sergio y continúa mofándose del chico   .              
- Lo tengo encoñao. Si le pidiera que fuera por el pueblo en bolas y dando volteretas lo haría.
- Vamos, que te come de la mano.
- Lo que yo os diga. A este palomino lo voy a llevar de donde me salga de los ovarios.
- ¿Y qué tal se porta, sigue siendo un pichafloja?
- Es menos blandengue de lo que creía. Lo que le pasa es que nunca se comió una rosca y se va por la pata abajo en cuanto doy un par de meneos, pero poco a poco le haré entrar en órbita. Nunca será como… - el nombre de Maxi lo tiene en la punta de la lengua, pero se contiene a tiempo.  

    Lorena comienza la segunda fase de su plan dejando caer que, ahora que ha perdido la virginidad, ya será siempre suya y tiembla sólo de pensar qué hará cuando acabe el verano y él vuelva a Madrid. Ya no va a saber vivir sin él, sin sus besos, sus caricias y su manera de hacerla suya, que es algo que la vuelve completamente loca. Que no puede hacerle la marranada de marcharse y dejarla allí tirada. Que algo tienen que hacer para que eso no pase. 

martes, 19 de noviembre de 2013

2.25. Una cosa es predicar y otra dar trigo

   La reunión mantenida con los consejeros de BACHSA y sus muñidores locales da mucho qué pensar a los dos representantes del Ayuntamiento que participaron en la misma. Antes de cerrar el acuerdo, el alcalde, Jaume Pellicer, y el concejal de urbanismo, Guillem Armengol, intercambian opiniones acerca de lo que les han explicado los constructores sobre el proyecto de promoción urbanística.
- Parece muy interesante lo que nos han contado esos pájaros, pero habrá que ver en que queda todo, porque una cosa es predicar y otra dar trigo – el alcalde no duda en echar mano de los refranes.
- Estoy de acuerdo contigo, Jaume, y tendremos que ir con los pies de plomo porque lo que proponen puede ser muy bueno para el pueblo, pero también puede quedarse en nada y, lo que es peor, hasta podría ser nuestra tumba política – especula Armengol.
- ¿Por qué nuestra tumba? – en la voz de Pellicer hay una mezcla de desconcierto y hasta de un cierto temor.

   Armengol se lo piensa antes de contestar y decide que no es momento de contarle a su eventual socio político todo lo que de verdad pasa por su su mente.
- Me refiero a que si el proyecto fracasa la gente nos pasará factura – aclara.
- Sí, claro, pero si el plan va adelante supondrá un chorro de millones para el personal y no te digo para la tesorería del Ayuntamiento que, como sabes, no tiene más que telarañas – replica el alcalde.
- No dudo que en principio, y sobre todo para los que tienen fincas – La alusión a los propietarios de bienes raíces va por el acalde que las tiene, y buenas, pues se casó con la heredera de una de las casas fuertes del pueblo -, el proyecto podría ser una mina, pero el resto de la gente ¿qué ganaría? Es posible que en los primeros años haya más puestos de trabajo y que el dinero circule con más alegría, pero también podría ocurrir que, al final, todo ello fuera una bomba de relojería para nuestros intereses políticos – contra argumenta Armengol.
- La verdad es que no acabo de entender tu pesimismo ni por qué pueden verse afectados nuestros intereses políticos – confiesa Pellicer.
- Piensa en lo que ha pasado en Benialcaide – apunta Armengol -, como antes pasó también en Albalat. Al principio del auge de la construcción aquello era una fiesta. Los dueños de terrenos los vendieron a precio de oro, sobraba el trabajo y todo iba sobre ruedas. ¿Qué es lo que vino después? Que ambos pueblos se llenaron de emigrantes que acabaron desplazando a la gente del país de los puestos de trabajo porque cobraban mucho menos, que los alquileres se pusieron por las nubes, que los precios se dispararon, en fin…, que todo aquello fue bueno para unos cuantos, los que ya vivían bien, pero para una mayoría, los que no tenían nada que vender salvo la fuerza de sus brazos, el resultado fue que terminaron siendo más pobres y con más problemas que antes. Esa es una posibilidad que los partidos de izquierdas, como es nuestro caso, hemos de valorar y por eso hablo de ir con los pies de plomo.
- Confieso que no había pensado en ese riesgo – se sincera un compungido Pellicer.
- En cualquier caso, creo que lo más prudente será que, antes de dar un solo paso, consultemos a nuestras directivas. Al menos, yo es lo que voy a hacer y hasta posiblemente convoque también al consejo político.
- Sí, creo que es una buena idea. También yo hablaré con mi gente.

   El alcalde decide plantear a la comisión ejecutiva de su partido la propuesta presentada por los representantes de BACHSA de urbanizar el litoral de Senillar. Como suele hacer habitualmente, antes de hablar con su directiva cambia impresiones con Amador Garcés, su asesor áulico.
- Bueno, Amador, ya vi en la reunión que parecía que estabas muy de acuerdo con el plan que nos propusieron los empresarios, pero de ti para mí ¿qué opinas de verdad de toda esta ensalada?, ¿tú crees que para el partido será bueno?
- Ni lo dudes, Jaume, ni lo dudes. Es lo mejor que nos ha podido ocurrir. Es algo así como si aquí hubiesen descubierto petróleo o una mina de plata, con la diferencia de que los filones terminan agotándose, en cambio lo que construyan quedará aquí para siempre. Este proyecto será un chollo, no sólo para el pueblo sino también para el partido.
- Pues Armengol no lo tiene tan claro. Dice que esto puede ser una bomba de relojería para nuestros partidos.
- ¿Y en qué se basa el granuja de Armengol para sostener semejante opinión?
- Dice que es posible que esto se llene de emigrantes  y de trabajadores de media España y que si muchos de ellos terminan quedándose pueden quitar el trabajo a la gente del pueblo, que todo será mucho más caro y eso nos podría perjudicar a la hora de las elecciones.
- Veamos, Jaume. Analicemos el argumento de Armengol. Lo de que vendrá mucha gente de fuera es algo absolutamente seguro en cuanto comiencen las obras. Y tienen que venir a la fuerza porque con el peonaje de aquí no habrá ni para empezar dada la carga de trabajo que supondrá solamente lo que, en principio, planean construir, pero de ahí a que la gente del pueblo termine sin trabajo media un abismo. ¿Por qué? Porque durante un porrón de años habrá faena para dar y tomar. Y lo más importante: soy yo a quien conocen los promotores, soy yo quien los va a representar. Y, naturalmente, ya me encargaré de que los trabajadores del pueblo tengan prioridad a la hora de la contratación. O sea, que esa parte del razonamiento de Armengol, como ves no se sostiene. En cuanto a que si todo se puede poner más caro, pues es posible, pero mientras el personal tenga su paga mensual segura, ese será el menor de los problemas.

   Garcés calla un momento, mientras su fértil mente busca nuevos argumentos. En cuanto los ha hilado prosigue:
- Lo que el listo de Armengol no te ha contado son las verdaderas razones de sus temores. Como he dicho, es más que probable que vendrán emigrantes y trabajadores de fuera. Unos, quizá los menos, se empadronarán. Pues bien, esa gente de fuera a la hora de las elecciones municipales ¿tú crees que van a votar al partidillo de Armengol? Empezarán por preguntar qué coño es eso del UNES y cuando sepan lo que ese partido defiende no creo que ni una sola papeleta vaya a los uneros. ¿Tú crees que algún emigrante sabe quién coño fue Joan Fuster? Eso es lo que de verdad le quita el sueño. En cambio, la gente que se quede, que serán casi todos albañiles, encofradores, escayolistas; es decir, peonaje, ¿a quién votarán? Pues al partido de los obreros, o sea, a nosotros. Es más, ojalá se empadronen muchos. Sería la mejor manera de que tengamos mayorías absolutas en los próximos cincuenta años. Es decir, que de una tacada no sólo nos libraríamos de esas sanguijuelas que capitanea Armengol, sino que también nos cargaríamos a los gilipollas del PP. Mataríamos dos pájaros de un tiro. Eso también le produce pesadillas a Armengol, que seguro que lo ha pensado.
- La verdad es que explicas las cosas con tanta claridad y tan bien que da gusto oírte. No sé si sabré contárselas igual de bien a los de la comisión ejecutiva. Por eso no te preocupes, Jaume. Convócame cuando reúnas a los compañeros y ya me encargaré de que todos comprendan el momio que nos ha caído encima. Además, hay otro aspecto del plan que va a favorecer mucho, ¿qué digo?, muchísimo, a los que, como tú, yo y otros compañeros del partido tenemos propiedades. Vamos a poder vender nuestras fincas de secano, que ahora valen bien poco, como si fueran de regadío del mejor.
- Eso último sí que lo ha dejado caer Armengol – apostilla el alcalde -. Y además con retintín.
- Claro, como él no tiene ninguna la envidia lo debe corroer por dentro - Garcés duda sobre si ahondar más en explicarle los cuantiosos y oscuros beneficios que, sin duda, aportará la urbanización de la costa, pero al final decide que para hoy es suficiente, será mejor contar todo el plan a su correligionario en pequeñas dosis, que los mejores perfumes se venden en frascos pequeños.                                                                                                                                                                   

viernes, 15 de noviembre de 2013

2.24. Semana Santa del 94

    Tras tomar la decisión de independizarse, Lorena se plantea si lo que le cuenta Sergio en sus cartas será sólo un recurso que utiliza el muchacho para tratar de conquistarla o encierra algo de verdad. Piensa que será cuestión de constatarlo y para ello lo primero es dar señales de vida.
   Días después de la nochebuena Sergio recibe el mejor regalo navideño de su vida: llegan dos escritos de su amada. Sólo son unas postales en las que, con letra aniñada y ortografía incierta, Lorena le desea unas felices navidades en una y un próspero año nuevo en la otra. El contenido de las tarjetas no puede ser más anodino, pero el muchacho se agarra, como a un clavo ardiendo, a una solitaria frase que tiene un ligero viso de toque personal: te recuerdo mucho. Así es como se despide Lorena. Las tres palabras son más que suficientes para que Sergio eche su imaginación a volar y piense que la muchacha no le ha olvidado y hasta es posible que sienta algo por él. Le contesta a vuelta de correo jurándole, una vez más, que su amor se mantiene tan vivo y apasionado como cuando se le declaró en el pasado verano. La urgencia de verla se acentúa, por ello insiste ante sus padres que quiere pasar la Semana Santa en el pueblo. La excusa que esgrime es que así podrá devolverle la visita que les hizo el abuelo Andrés en Navidades. De Lorena no les ha dicho una palabra.

   La Semana Santa del noventa y cuatro se enmarca entre el veintisiete de marzo y el tres de abril, y pese a que tan tempranas fechas no son las más aptas para disfrutar de las todavía frescas aguas del Mediterráneo, Sergio parte hacia Senillar como si fuera a la más paradisíaca playa caribeña.
   En cuanto llega, casi sin tiempo de deshacer la maleta, corre en busca de Lorena. La encuentra atareada sirviendo cerveza y tapas en el costroso chiringuito en el que trabaja. La muchacha le recibe con la mejor de sus sonrisas y la más tierna de sus miradas.
- ¡Sergio, que alegría me das. Al fin, estás aquí!
- No podía estar un día más sin verte. En toda mi vida no había esperado con tanta ansia que llegaran las vacaciones de Semana Santa. Estás guapísima.
- Adulador, seguro que eso se lo dices a todas.
   La frase de Lorena hasta tiene un puntito de sorna, que el chico no es capaz de captar, sólo está en condiciones de mirar amorosamente a la joven, aun así confiesa candorosamente:
- Si te soy sincero, admito que alguna vez lo dije, pero jamás tan de corazón como ahora.
- ¿Sabes qué? Podrás pensar que como apenas he contestado a tus cartas no me he acordado mucho de ti, pero no es así. También yo te he echado mucho de menos. Lo que pasa es que lo de escribir me da mucha pereza, soy más partidaria del cara a cara. Y por eso quiero que me repitas, mirándome a los ojos, si todo lo que me ponías en tus cartas lo sientes de corazón o sólo lo decías para quedar bien. No – corta Lorena el intento de Sergio de responder a su petición -, no me contestes ahora. Todavía me quedan dos horas de curro. Cuando acabe seguiremos charlando. Chao, bonito.

   En aquel atardecer, que Sergio no olvidará jamás, Lorena le dice por primera vez que también ella siente algo más por él que una simple amistad. Que ha reflexionado mucho durante los pasados meses y sus cartas le han servido para replantearse muchas cosas de su vida. Que ha habido cartas que las ha releído una y otra vez pues ¡eran tan bonitas las cosas que le decía! Le explica que nunca ha sido partidaria de un noviazgo – es la primera vez que Lorena utiliza esa palabra - por correspondencia, por eso no ha contestado a sus cartas, además de lo perezosa que es para escribir.
- Yo creo que una relación formal, lo propio de una pareja seria, tiene que mantenerse en vivo, han de verse todos los días, han de contarse lo que han hecho, han de comentar las cosas que les pasan. En fin, lo propio de un chico y una chica que son más que amigos. En cambio lo de las cartas siempre resulta, no sé de qué manera decirlo, como frío – Lorena comienza su campaña para encauzar las relaciones hacia el campo de sus intereses.
- Siento lo mismo que tú, Lorena. Por eso estoy aquí. Lo que ocurre es que mientras no termine la carrera sólo me queda la posibilidad de escribirte.
   Lorena sonríe cariñosamente. Las aguas de la conversación van discurriendo por el canal que ella ha trazado.
- Lo entiendo, Sergio, y ahí está el problema. Mira, te hablo con el corazón en la mano. La verdad es que no me eres indiferente. No quiero engañarte, no te estoy diciendo con eso que esté enamorada de ti, pero lo cierto es que me atraes mucho, me divierto cantidad contigo y algo dentro de mí me dice que si te viese de continuo podría llegar a enamoriscarme.

   En los siguientes días, Lorena pone en marcha el plan que ha trazado. Se reduce a que el enamoramiento de Sergio llegue a un punto de no retorno. Su primera intención es entregarse y hacerle creer que ha sido el hombre al que ha ofrendado su virginidad. Piensa asimismo que si eso no surte el efecto esperado como último recurso procurará quedarse embarazada. Por mucho que el chico sea un infeliz y sus padres unos estrechos no tendrán más remedio que casarlos o, al menos, irse a vivir juntos para que lo que nazca tenga un apellido y un padre. Cuenta con lo chapados a la antigua que son los padres de Sergio y la ingenuidad del muchacho para que la jugada salga bien. Más cuando comprueba la hondura de los sentimientos del joven decide que no es necesario gastar el cartucho de la entrega. En su lugar, y en función de cómo se desarrolle la relación durante los próximos días, irá encelándole paulatinamente. Y la joven sabe cómo encandilar a un hombre.

   Lorena es consciente de que sólo tiene poco más de una semana para seducir a Sergio de tal manera que el joven quede enganchado a ella sin posibilidad de romper la atadura. Por eso, desde el primer día se muestra apasionadamente tierna y permisiva. El chico, poco habituado a intimar con mujeres, se debate entre el dilema de gozar de las caricias de la muchacha y de refrenarse para no consumar la relación. La formación moral que entre su padre, muy religioso, y su colegio le han inculcado le pone en un brete cuando la joven se abandona entre sus brazos. Besar a su amada, acariciar sus pechos, sentir su cuerpo pegado al suyo es más de lo que Sergio pudo soñar. Nunca gozó tanto, jamás se sintió tan excitado, tampoco recuerda que tuviera que masturbarse tanto para poder conciliar el sueño.

   Cuando termina la Semana Santa del 94, Sergio se vuelve a Madrid montado en una especie de nube rosada. La mujer de sus sueños le corresponde. Por otro lado parte con la sensación de marcharse al destierro. Duda tener suficientes fuerzas para aguantar hasta el fin de curso sin ver a su amada. Lorena le ve partir con el casi convencimiento de que ha tejido los suficientes hilos alrededor del chico para que éste vuelva rendido a sus brazos. De momento le ha echado un poderoso anzuelo que el muchacho ha mordido sin vacilar. Durante el verano, que dispondrá de mucho más tiempo, será cuestión de darle hilo al carrete para que el pez quede atrapado de tal forma que nunca más pueda desengancharse. Tiene muy estudiado el plan a seguir y cuanto está ocurriendo en el pueblo con el desarrollo urbanístico le va a ayudar sobremanera.

   La Semana Santa del 94 ha resultado maravillosa para Sergio y enormemente prometedora para Lorena. El próximo verano será decisivo.