viernes, 25 de octubre de 2013

2.18. Le voy a dar carrete

   Sergio no puede quitarse a Lorena de la cabeza. Sus sentimientos hacia la muchacha se desbordan como un torrente. Cuando hace un recuento de sus cualidades la lista le sale cada vez más grande: guapa, salada, desenvuelta, recatada, hasta sabe escuchar y todo ello envuelto en un cuerpazo que da mareos por las curvas que atesora. Y cuando a ello añade el hecho de que no le deja propasarse lo más mínimo, ni siquiera ha conseguido besarla pese a que lo ha intentado, llega a la conclusión de que está ante una mujer de bandera. No puede dejar escaparla, no se ve con fuerzas para pasar otro curso como el anterior. No quiere sufrir más, le tiene que confesar lo que siente por ella, que está locamente enamorado.

   Antes de que haya terminado la semana, Sergio ha reunido el valor suficiente para declararse y pedirle que sea su novia. La muchacha le escucha atentamente, pero le para los pies.
- No seas loco, Sergio. ¿Cómo dices que me quieres si sólo hace unas semanas que nos conocemos? Ha de pasar mucho más tiempo para estar seguro de que se quiere a alguien. Claro, igual has pensado que, como soy de pueblo, puedo ser un ligue fácil para pasar el verano. Pues te equivocas de medio a medio. Claro que me gusta divertirme y pasármelo bien, pero en el fondo soy una chica seria, y si alguien se me acerca espero que venga con buenas intenciones y no para pasar el rato. Si buscas a alguien para entretenerte durante las vacaciones, quédate con Mariasun o con alguna parecida. Conmigo o vienes por derecho o te puedes largar con viento fresco.
   Si algo le faltaba al muchacho para considerar a la joven un dechado de virtudes, la declaración de Lorena ha terminado por convencerle de que está ante una mujer como hay pocas. Su incipiente enamoramiento se transforma en pasión. Y así se lo declara a la joven una y otra vez. Él también es un chico serio y nada más lejos de su intención que tener un simple romance veraniego con ella. Le pide que sea su novia, no para pasar el rato sino para siempre. Que en cuanto termine la carrera, lo primero que hará será buscar trabajo y nada más lo tenga la pedirá en matrimonio. La joven parece complacida con las buenas intenciones del muchacho y le promete que se lo pensará.

   Cuando Lorena les cuenta a sus amigas la declaración de Sergio, la rechifla es general.
- Vaya pardillo, desde luego es tonto de baba – Es el primer comentario que se le ocurre a Maribel.
- ¿De verdad te ha dicho que quiere casarse contigo? Ese chorbo no es más tonto porque no entrena. ¡Menudo membrillo el madrileñito! – se mofa Anabelén.
- Yo creía que los de la capital eran más espabilados, pero veo que son más lelos que los del pueblo – comenta Verónica medio entre risas.
- ¿Le contaste lo tuyo con Maxi? – inquiere Mariasun con interés.
- Maxi está muerto y enterrado.
   Lorena miente. Ha sido incapaz de contar a las amigas su secreto más recóndito. Cada vez que se cruza con su ex novio, que indefectiblemente lleva agarrada por la cintura a su última conquista, siente que un ramalazo recorre su cuerpo, no sabría decir si es por celos, rabia o despecho. Todavía sueña con él y en lo más hondo del pozo de sus sentimientos sabe que anida la loca ilusión de que algún día Maxi vuelva a llamar a su puerta.
- ¿Ya te lo has tirado? – Las preguntas  más procaces siempre suelen partir de Mariasun.
- ¿A ese cenutrio? Creo que si le enseñara una teta le daría un pasmo y no te digo nada si me viera el chumino, se caería redondo al suelo. Estoy segura de que ese lelo no ha tocado pelo en su puta vida.

   Las carcajadas se generalizan en el corro, hasta que Anabelén formula la pregunta del millón:
- ¿Y qué piensas hacer con el niñato?
   A Lorena la pregunta le ha sorprendido. En ese momento se da cuenta de que en ningún momento se lo ha planteado. Durante unos segundos el guirigay se silencia y todas las miradas se vuelven hacia la protagonista. La joven da una respuesta que sorprende a sus amigas:
- ¿Que qué voy a hacer? Pues te digo Anabelén que si me lo hubieses preguntado hace un par de días te habría contestado que me había cansado de ese paleto de ciudad, pero he cambiado de opinión. Esta mañana, antes de levantarme, he estado pensando en mi vida y el futuro que me espera.
   Lorena vuelve a mentir. Su cambio de opinión es porque se ha enterado de que Maxi no va a estar en el pueblo durante lo que queda de verano pues su empresa anda muy atrasada con la obra del hotel de Fuengirola.
- No has contestado a mi pregunta, claro que si no quieres hacerlo, pues tú misma – apostilla Anabelén con retintín.
- Te contesto, maja. He decidido que le voy a dar carrete a ese pasmarote y me voy a divertir todo lo que pueda. O sea, que mucho cuidadito con lo que largáis delante del cebollino, no sea que terminéis metiendo la gamba. Yo me encargaré de que la mayor parte de rondas y de las entradas a los festejos de agosto corran a cargo de ese membrillo.

   Sergio se convierte en el pagano de la mayoría de convites, bailes y festejos que en lo que resta de verano se suceden en el pueblo. Aunque el muchacho ha recibido una gratificación extra de sus padres y de su abuelo llega un momento en que se le agotan los fondos. Afortunadamente para él eso ocurre el último día de las fiestas patronales. Cuando el chico confiesa a Lorena, un tanto abochornado, que no le queda una sola peseta, la muchacha está tentada de largarle. Realmente, aunque él la considera y la trata como su novia, ella aún no le ha dicho que lo acepta. Al final, se apiada del chico al que algo de cariño ha cogido porque es tierno como el pan y más dulce que un merengue y le dice que no se preocupe, que todo el mundo sabe que los estudiantes siempre están a la última pregunta y que él no iba a ser la excepción. Que se han acabado los continuos convites a las gorronas de sus amigas y que seguirán yendo a la playa, que eso todavía es gratis.          

   Y los últimos días del verano van discurriendo. Sergio cada día más enamorado, si ello es posible. Lorena continúa dejándose querer y riéndose del muchacho a sus espaldas cuando les cuenta a las amigas los apuros que le hace pasar. La joven se dio cuenta desde el primer día que el chico está pez en lo que atañe al sexo. Lo que provoca que, más de una vez, caiga en la tentación de excitarle y ponerle de los nervios, pero curiosamente no le ha dejado que se propase ni un tanto así. Un día que él hizo un vergonzante asomo de acariciarle los pechos, se dio el gustazo de darle un bofetón, algo que jamás había hecho. Le dejó marcados en la cara los cinco dedos. Aquella bofetada fue, para Sergio, la confirmación de que estaba ante un espécimen raro: una mujer seria, cabal y virtuosa.
   Antes de acabar Sergio las vacaciones, le ha prometido mil veces que le escribirá todos los días. Lorena le dice que de ninguna manera. No puede perder tanto tiempo en escribir, debe emplearlo en sus estudios. Con una carta al mes se da por satisfecha. Le oculta que no tiene la más mínima intención de contestar ninguna. Él se marcha un tanto frustrado porque no ha logrado que ella le diga que acepta ser su novia. Por una vez, la muchacha ha jugado limpio. Le explica que es demasiado joven para adquirir un compromiso tan serio y que tiene que seguir pensándolo. Que le espera el próximo verano y que quizá entonces pueda darle una respuesta definitiva.

   Pocos días después de la partida de Sergio, al salir Lorena de la peluquería de Albalat, en la que ha reemprendido el aprendizaje del oficio, hay alguien esperándole subido en un aparatoso quad. Con los ojos brillantes y el corazón desbocado se acerca adónde el motero que ni se ha  despojado del casco.
- Hola Maxi. Creí que no te volvería a ver el pelo. ¿Dónde has estado metido?
   Él no se molesta en contestarle, se limita a hacer un gesto y ella, sumisamente sube al quad y se acomoda junto a la fornida espalda del hombre. No hay diálogo hasta que ella pregunta:
- ¿Dónde me llevas?, ¿qué vamos a hacer?
- A la Marina que por allí no hay nadie y ¿qué vamos a hacer?, te voy echar un polvo que no olvidarás jamás.

martes, 22 de octubre de 2013

2.17. Treinta, setenta

   Una vez que Badenes, el director local de la caja, ha cerrado su particular chanchullo con Amador Garcés, ahora le toca el turno al tejemaneje en el que piensa involucrar a José Ramón Arbós. Le cita en la suite de un hotel y le insta a que no diga una palabra de su reunión, especialmente a su socio. El bancario vuelve a jugar con las cartas marcadas, también conoce a fondo a José Ramón, sabe que no es una lumbrera, pero sí que tiene la zorrería que varias generaciones de la familia más rica del pueblo han debido transmitirle en sus genes. También conoce que a la astucia hay que añadir la codicia que es otro de los rasgos que caracterizan a los Arbós. Con todo, es consciente de que manejarlo no va a ser fácil.

   Badenes comienza presentándose como la persona que vela especialmente por los intereses de Arbós.
- Quiero que sepas que me he encargado de que en las conversaciones con los constructores siempre se hable de ARBOGAR como referente local del proyecto – afirma el bancario -. Dado que eres el accionista mayoritario, de alguna forma estoy velando por tus intereses. No vaya a ser que Amador se lie la manta a la cabeza y quiera montar otra empresa por su cuenta. Tú le conoces mejor que yo y sabes que a veces tiene la propensión de creerse el más listo de la clase.
- Agradezco tu franqueza Agustín, pero ya me dirás dónde va Amador solo. Sin mi apoyo financiero nuestra empresa no es más que un nombre en el registro mercantil y además no tiene el capital necesario para montar otra.
- Por descontado, pero en este proyecto donde al principio se van a ganar muchos duros es en los corretajes y para eso no hace falta un gran capital. Lo podría hacer Garcés o cualquiera, pero hay una segunda parte que es en la que se podrán ganar millones y en la que sí será necesario un soporte financiero considerable. Y ahí es donde José Ramón Arbós puede salir por la puerta grande después de cortar dos orejas y el rabo – Badenes conoce la gran afición a los toros de su interlocutor.
- Has conseguido picar mi curiosidad, cuéntame de qué va el asunto.
-Te lo explico. ARBOGAR deberá dedicarse a la compra de suelo rústico para los constructores. Se llevará la correspondiente comisión y listo, pero hay otra forma de hacer un negocio más redondo – Badenes hace una pausa para cerciorarse de que Arbós sigue su discurso -. ¿De qué modo?, si apareciera una nueva empresa que también comprara terrenos, pero no para los promotores sino para sí, las plusvalías que podría obtener serían fabulosas. Naturalmente, esa empresa necesitaría un capital inicial y ahí es donde entrarías tú.

   La réplica de Arbós no se hace esperar:
- Eso, querido Agustín, tiene dos pegas. Una es que no quiero saber nada de volverme a meter en el negocio de la construcción, demasiadas complicaciones. La otra es que, como sabes mejor que nadie, fincas tengo un montón, pero dudo de tener liquidez suficiente para inversiones de ese monto. Ah, y hay una tercera, ¿cómo le sentaría a Garcés, y a los tipos de BACHSA, incluso a ti mismo, que siendo su socio estuviera al mismo tiempo haciéndoles la competencia? Perdona, pero tu propuesta no tiene ni pies ni cabeza.
- Vayamos por partes, José Ramón, y comprobarás que el plan que te propongo si tiene pies y, por supuesto, mucha cabeza – Badenes se ha puesto didáctico como un viejo maestro de escuela -. En primer lugar, esa nueva empresa no construiría, lo que haría sería calentar el mercado, subir los precios y revender las fincas a precios mucho más elevados de los que las compró. Las plusvalías que se podrían obtener podrían ser fabulosas. Donde está la ganancia segura y, sobre todo, rápida es en la especulación del suelo. Posiblemente, en la construcción se gane más dinero, pero la inversión es mayor, los plazos de amortización más largos y siempre pueden aparecer riesgos incontrolados. En cambio, compras una finca rústica, la mantienes el tiempo necesario para que la recalifiquen en urbana y te llevas una millonada, casi sin enterarte.

   José Ramón sigue sin verlo claro y así lo manifiesta:
- Aun así quedan dos peros que resolver.
- A ello voy. Dices que dudas de tener liquidez suficiente para las inversiones que tendrían que hacerse. Ahí es donde entro yo. Dado que van a ampliar el límite que ahora tengo para conceder préstamos, te facilitaría una cuenta de crédito con unos intereses blandos. Si en la central me preguntasen les explicaría que la necesitas para instalar el riego por goteo en tus fincas o cualquier explicación de ese porte. Luego, cuando revendieses los terrenos comprados, se liquidaría la cuenta y quedaría un saldo netamente positivo. Y, finalmente, preguntabas ¿qué cómo le sentaría a Amador, y a los constructores, que siendo su socio estuvieras al mismo tiempo haciéndoles la competencia? La respuesta es simple, no lo sabrán. La nueva empresa estaría comandada por hombres de paja, que yo me encargaría de buscar, aunque su propietario real, entre otros, serías tú.
- Bueno, eso que cuentas pinta muy bien, pero es mejor que pongamos los puntos sobre las íes desde ya mismo y prefiero no andarme por las ramas, ¿qué ganas tú con todo esto?
- Te contesto con la misma franqueza. Una parte de la empresa será mía, aunque mi nombre, como el tuyo, no aparecerá jamás por motivos obvios. Además, todas las operaciones de esa compañía, así como las de ARBOGAR se deberán canalizar a través de la caja y no, como ha ocurrido en el pasado, que el grueso de vuestros negocios lo hacíais con la Caja Rural.
- Tu segunda petición la veo razonable, en cuanto a la primera me parece que el plan está todavía un tanto verde. De todas formas, ¿no estás sobrevalorando tu importancia en este proyecto? 
   Badenes ha estado esperando esa réplica y tiene bien ensayada su respuesta y hasta el tono de la misma. Con su voz más enérgica responde:
- ¿Qué me estoy sobrevalorando?, no lo creo, la verdad. Piensa que este proyecto realmente lo he parido yo. Fui yo quien alertó a mis jefes de las inmensas posibilidades urbanísticas y turísticas que podía tener Senillar. Soy yo la persona en la que confían los promotores porque únicamente ven en mí al director de una sucursal de la caja que es la entidad que va a financiar la operación. Finalmente, soy yo, Agustín Badenes, quien te está poniendo en bandeja la oportunidad de ganar millones a espuertas. Si crees que estoy poniendo el listón muy alto me lo dices y buscaré otro socio que no tenga legañas en los sesos ni miedos injustificados.

   Ante la rotundidad de la parrafada de Badenes, más por el énfasis con que lo ha dicho que por su contenido, Arbós se arruga.
- Bueno, me has convencido y voy a aceptar tu propuesta. Hablemos de porcentajes en esa empresa, ¿tu participación qué podría ser, de un veinte por ciento?
- Yo había pensado en un treinta, setenta – replica el bancario.
- Un treinta es mucho para quien, si he entendido bien, no va a poner un solo duro.
- Vuelves a confundirte, José Ramón, el treinta es para ti.

domingo, 20 de octubre de 2013

2000


El blog ha llegado a las 2000 visitas. Como decía cuando alcanzó las mil, la cifra debe ser una minucia para los blogueros famosos. No es mi caso. Para un blog que sólo es soporte de una novela por entregas, de un desconocido autor, tiene su pequeño mérito. Por cierto que, entre los 35 países desde los que se ha visitado el blog, el ranking de los diez en los que más visitas se han hecho ha sufrido algunas variaciones, lo encabeza España con un 57 % y la siguen Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Indonesia, Países Bajos, Ucrania, Alemania, Colombia y China.


viernes, 18 de octubre de 2013

2.16. Aún quedan alcahuetas

   Sergio no ha dicho a sus padres que está saliendo con Lorena, intuye que no les va a gustar. Lo que no puede imaginar es que su madre tiene metida entre ceja y ceja la idea de encontrarle novia en el pueblo. A Lola no se le oculta que la mayoría de jóvenes de la localidad no están a la altura de lo que ella pretende para su hijo, pero naturalmente hay excepciones y dentro de ese grupo espera encontrar una jovencita adecuada para su retoño. Hace unas indagaciones discretas preguntando a cuñadas y primas.
- ¿Una buena chica para tu hijo? Las hay, pero no tantas. ¿Estás pensando en un arreglo familiar?
- No sé qué decirte, no creas que lo tengo tan clarito.
- El pueblo ya no es el que era cuando vivías aquí, Lola. Los chicos de ahora van a su aire y lo de los arreglos entre los padres ya no se estila. Alguno se apaña, pero son contados y casi siempre de parejas a las que se les está pasando el arroz. Que no es precisamente el caso de tu hijo, vamos.
- ¿Lo que me estás diciendo es que me olvide de un apaño?
- Difícil es, pero nunca se sabe. Yo de ti hablaría con la Rajolera, si en el pueblo hay alguien que te pueda dar luces sobre ese asunto es ella.

   Julieta la Rajolera, apodada así porque su padre tenía un modesto obrador de alfarería, es un espécimen en vías de extinción en la sociedad urbana, pero que todavía perdura en las comunidades rurales. Su oficio se remonta seguramente a la primera vez que un varón trató de conseguir a una mujer y buscó quien le ayudara en el empeño; en otras palabras: la Rajolera se dedica a la nunca bien ponderada ocupación de la tercería, es la alcahueta del pueblo. Lo de los arreglos casamenteros no sólo es que la ponen, sino que también constituyen una fuente de ingresos, en ocasiones bastante sustanciosos.

   La conversación entre ambas mujeres transcurre en su primera parte recordando los tiempos en que Lola vivía en el pueblo y cuantas cosas han pasado desde entonces. Cuando la Rajolera pregunta por Sergio, Lola ve llegado el momento de llevar la charla al terreno que le interesa.
- … y está estudiando una ingeniería, fíjate tú, ¡quien me lo iba a decir!, un hijo mío ingeniero. Más de una y más de dos podrán presumir de que si tienen fincas y lo esto y lo otro, pero ¿cuántas podrán vanagloriarse de tener en casa a todo un ingeniero?
- Desde luego, Lola, es para que estés orgullosa. Y razón tienes, muchas casas pueden presumir de huertos de naranjos y de fincas de regadío y de muchas propiedades, pero sus chicos serán toda la vida unos gañanes. Oye, ¿y tu muchacho tiene novia en Madrid? – La Rajolera sabe perfectamente que el chico está flirteando con la Lorena, pero su pregunta está determinada por su querencia celestinesca.
- ¡Qué va! Se le va todo el tiempo en los estudios. Y mejor que sea así, porque ya sabes lo que pasa en las ciudades, nadie conoce a nadie, y si se ennovia vete a saber qué clase de chica coge, de qué familia es y el tipo de vida que ha podido llevar. No es lo mismo que si se echara una novia del pueblo, que aquí todos sabemos de qué pie cojea cada quisque.

   A la Rajolera no le coge de sorpresa que Lola no parezca saber nada del idilio que su hijo está manteniendo con la chiquita de los Vercher, por un momento se siente tentada a contárselo, pero puede más su oficio de celestina y coge al vuelo la velada insinuación de Lola.
- Más de acuerdo contigo no puedo estar, Lola. Aquí todos sabemos quién es cada quién. Yo, desde luego, también me quedaría más tranquila si un hijo mío se emparejara con alguien conocido. Y por cierto, en el pueblo no hay muchas chiquitas que estén a la altura de todo un futuro ingeniero, pero alguna hay y con buenas fincas.
- Yo lo que quiero para mi Sergio es una buena chica, que el día de mañana vaya a ser una buena esposa y una mujer de su casa. Y para ser sincera tampoco me importaría que tuviera posibles, que el dinero nunca hizo mal a nadie, y más vale tener que desear.
- Mira, Lola, como te conozco desde niña te voy a hacer un favor, pero antes he de preguntártelo ¿quieres que haga alguna averiguación para ver si una familia en la que estoy pensando vería con buenos ojos a tu chico como futuro yerno?

   Lola, que se conoce el ritual, sabe que es llegado el momento de hacerse la melindrosa.
- La verdad, Julieta, es que me pones entre la espada y la pared. No sé si a mi Sergio le gustaría tener una novia del pueblo y encima que fuera un medio arreglo. Ya sabes cómo son estos chicos de hoy en día. Aunque me pica la curiosidad, ¿en qué familia estás pensando?
- En una que mejor no la hay en todo el pueblo – La Rajolera sabe que ahora le llega el turno de hacerse valer.
- Claro, claro, pero si no me das alguna pista no voy a poder darte una respuesta clara – La réplica de Lola está servida.
- Sólo te diré que es la casa más fuerte del pueblo – Julieta sigue guardándose el meollo de la información.
- Bueno, por probar que no quede. Ya me contarás.
 
   La Rajolera habla con Elvira, esposa de José Ramón Arbós, y el resultado no puede ser más decepcionante.
- Hasta ahí podríamos llegar, que el hijo de Lola la Punchenta aspirara a emparejarse con una Arbós. ¡No hemos caído tan bajo!
- Elvira, que el chico va para ingeniero, nada menos.
- Lo de que llegue a ser ingeniero habrá que verlo y, de cualquier modo, será un ingeniero que no tendrá dónde caerse muerto. ¿Qué tiene esa familia? Lo sé de buena tinta, nada. El padre es un empleado de tres al cuarto y la madre, ¿qué te voy a contar de los Punchent que tú no sepas? Dos o tres finquitas de mala muerte y un caserón que se cae de viejo. En total, de forment ni un gra.

   La alcahueta le cuenta a Lola el resultado de su gestión y su intención de no cejar en el empeño.
- Estos Arbós están cargados de puñetas, Lola. Creen que porque tienen dinero ya lo tienen todo. Y en resumidas cuentas, ¿qué son? Nada más que unos ricos de pueblo con muchas fincas, pero que si no fuera por la gasolinera no tendrían un duro en el bolsillo. Mucho darse postín y, en el fondo, no son más que unos vulgares gasolineros. Hay mejores familias en el pueblo, no tendrán tantas fincas como ellos, pero sí más señorío. Voy a echarle un tiento a Carmen la de Sanchís, que esos además de tener perras son gente de categoría.
- No te preocupes, Julieta, déjalo. Mi hijo cuando sea ingeniero no va a estar por debajo de ninguna chica del pueblo sea de la familia que sea.
- La que no has de preocuparte eres tú. O yo dejo de llamarme Julieta o le encuentro a tu chico una pareja de rechupete. Más vale un arreglo que un noviazgo con Dios sabe qué clase de chica – y al decir esto sólo le falta añadir el nombre de Lorena.



martes, 15 de octubre de 2013

2.15. Do ut des

   El consejo de administración de BACHSA, tras oír el detallado informe aportado por Bricart y Huguet después de visitar Senillar y revisar el plan de apoyo financiero ofrecido por la dirección de Cajaeuropa, decide por unanimidad dar luz verde para iniciar los estudios previos al proyecto de urbanización de la costa senillerense.
   Los constructores están eufóricos, tienen ante ellos el sueño dorado de todo promotor inmobiliario: poder adquirir cientos de miles de metros cuadrados a precio de suelo rústico, transformarlo en urbano y convertir un territorio prácticamente virgen en un mar de viviendas, con el valor añadido de estar ubicadas en la costa mediterránea y con la singular posibilidad de contar con un puerto interior. Realmente, un proyecto irresistible y con un potencial de generación de riqueza inconmensurable. También lo es para el representante de la caja en el proyecto, Moltó sabe mejor que nadie que la operación generará un gran volumen de beneficios, no sólo para él sino también para su entidad que, además, será la que controlará el tempo y las fases del proyecto. Todos los participantes estarán endeudados con la caja y, como siempre recordaba uno de sus profesores de Stanford, quien controla la deuda controla el poder.
                                                          
   El directorio de BACHSA se reúne para ir perfilando el plan de convertir a Senillar en un emporio urbanístico.
- Juan Antonio, tú que eres el hombre de los números, ¿qué nos cuentas en cuanto al cronograma de la puesta en marcha? – pregunta el consejero delegado.
- Primero hay que hacer muchos cálculos y elaborar un estudio exhaustivo, fase en la que precisamente estamos – contesta Cardona -. Tened en cuenta que hablamos de un territorio que, prácticamente, es todo suelo rústico que habrá que transformar en urbanizable, con el problema añadido del humedal al que tendremos que dar un tratamiento especial para evitar ulteriores problemas, como siempre nos recuerda Rodrigo.
   Después de que Cardona haya presentado un adelanto de lo que será la planificación general, el directorio toma un conjunto de iniciativas, una de las cuales es enviar otra delegación al pueblo para comenzar los tanteos exploratorios con los poderes locales. El objetivo básico será el de diseñar un plan para fijar los primeros puentes que les faciliten el acceso a los miembros del Ayuntamiento y a la posterior recalificación de terrenos.

   En esta ocasión son Oriol Bricart y Juan Antonio Cardona quienes viajan a Senillar para iniciar los tanteos con las personas señaladas por el director local de la caja como los hombres decisivos en la política local.
- Como ya comenté la vez anterior a Oriol, las personas más indicadas para los primeros contactos son José Ramón Arbós y Amador Garcés – asegura el empleado de forma tajante y prosigue en un tono más didáctico -. ¿Y por qué opino que sería más adecuado comenzar hablando con ambos?, por tres importantes causas. La primera, de la que ya le hablé a Oriol, es porque así nos cubriremos las espaldas, tanto si gobierna el PSOE como si lo hace el PP. Serán vuestros lobistas ante los políticos municipales. La segunda es que ambos son los propietarios de una empresilla local denominada ARBOGAR, acrónimo de las iniciales de sus apellidos, y en la que Arbós pone el dinero y Garcés la gestión. Os servirá como empresa puente para todas aquellas gestiones a realizar en el ámbito local y que, en cualquier caso, BACHSA tendrá que subcontratar. Al mismo tiempo será la más elegante manera de retribuir sus servicios de lobistas.
- ¿Exactamente, qué sugieres? – inquiere Bricart, cansado de los meandros que Badenes imprime a la charla.
- ARBOGAR ya se ha dedicado a la compraventa de terrenos de todo tipo. En el pueblo no hay gestorías inmobiliarias ni empresa alguna que pueda colaborar en el desarrollo urbanístico y turístico en la zona. Cuando pongáis en marcha el proyecto, tendréis que buscar agentes de la propiedad inmobiliaria. En vez de pagar las correspondientes comisiones a algún foráneo os será más útil hacerlo a través de dicha empresa. Podrá convertirse en vuestro principal agente para la compra de terrenos, incluso cuando se pongan en marcha las construcciones podrá ayudaros en la venta y alquiler de apartamentos.

   Interviene Cardona para preguntar:
- Hablaste de tres causas, ¿cuál es la tercera?
- La tercera está formada por una serie de factores que podríamos denominar intangibles, pero que son importantes. José Ramón es hombre que goza de gran prestigio e influencia, quizás más que él su familia. Cualquier operación que se haga en el pueblo y que cuente con el aval de los Arbós supone un plus de garantía para la misma. Por su parte, Garcés es, a mi juicio, el individuo más político y sagaz del pueblo y, como buen comerciante, sabe que los pactos que llegan a buen puerto se cimientan en el do ut des.
- ¿Y eso qué coño quiere decir? – pregunta desabridamente Oriol.
- Es una expresión latina, doy para que me des o doy para recibir – se apresura a explicar Cardona antes de que su socio se encalabrine y, para suavizar el ambiente, comenta -. Una de dos, Badenes, o estudiaste derecho o económicas, o estuviste en el seminario.
- Acertaste Juan Antonio, fui seminarista. De entonces me viene la afición a los latinajos. Y volviendo a nuestro asunto, tanto uno como el otro tienen un punto débil fácil de atacar: la codicia. Arbós, que realmente no necesita el dinero, es de los que siempre quieren más. Garcés, que sí lo necesita, lo busca con avidez.
- Mejor así, es más fácil manejar un maletín que montar una fiesta con putas, averiguar que coche deportivo le gusta al baranda de turno o elucubrar si un abrigo de visón le petaría a su señora – afirma Bricart.

   El bancario mueve la cabeza en señal de no estar de acuerdo con la afirmación del empresario.
- Me parece, Oriol, que tendrá que ser algo más que un maletín. Conozco bien a ambos, como antiguos clientes que son de la caja, y no creo que vayan a conformarse con unos pagos puntuales. Creo que lo que más les motivará para ayudaros a sacar adelante el proyecto será involucrarles de alguna manera en el mismo.
- ¡No pretenderás que les hagamos socios! – exclama Cardona, falsamente escandalizado.
- No van por ahí los tiros, Juan Antonio, acabo de explicar cuál puede ser el instrumento más eficaz para convertirlos en vuestros representantes y hombres de confianza, transformar a ARBOGAR en una empresa subsidiaria vuestra. En el bien entendido que no me estoy refiriendo al terreno jurídico, sino al operativo.

   Cardona, a quien no acaba de convencer la propuesta del bancario, resume lo que, a su juicio, parece ser la empresa que Badenes se empecina en venderles:
- Por lo que cuentas, parece que estamos ante la típica empresita de pueblo en la que el rico de la localidad hace de socio capitalista y el listo del pueblo de socio industrial, pero no necesitamos capitalistas de pueblo, para eso ya estamos nosotros.
- Juan Antonio, lo diré de otra forma, a ver si así os convenzo. Arbós no os interesa por su dinero, que comparado con las magnitudes que vosotros manejáis es poca cosa, sino por su prestigio e influencia. Así como Garcés es, como diría un francés, un parvenu, José Ramón es un rico de los de toda la vida. El hecho de que un Arbós participe en un proyecto como el que tenéis en manos dará mucha tranquilidad al personal. Pensad que aquí la gente es bastante desconfiada en lo que se refiere a hacer tratos con desconocidos y he de añadir que motivos no les faltan. Más de una vez un comerciante de fuera ha comprado partidas de naranjas y todavía están esperando cobrar.
- Es una sugerencia que habrá que estudiarla – admite cautelosamente Cardona para cortar un debate que se está yendo por las ramas -. De todo cuanto nos has contado lo que mejor me suena es que, si te he entendido bien, gane quien gane las próximas elecciones con esa pareja tendremos línea directa con el Ayuntamiento.
- Correcto. Sabéis mejor que yo que en política no puede asegurarse nada al cien por cien, pero de entre todas las opciones que tenemos en el pueblo para  un asunto como éste la más fiable, sin ningún género de dudas, es la de la dupla Arbós/Garcés.

   Cardona y Bricart intercambian una mirada, no necesitan más palabras. Moltó les ha reiterado que Badenes es hábil y sabe calar a la gente y si propone a esos dos será porque es la opción más fiable. 

domingo, 13 de octubre de 2013

LATINOAMÉRICA Y EL BLOG

   Entre los 35 países en los que hay visitantes del blog casi un tercio son latinoamericanos, como no podía ser menos en un blog escrito en español. De sur a norte encontramos lectores en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, Costa Rica, El Salvador y México. La mitad de los países hispanoparlantes, no está mal. Por ahora, los colombianos son los más numerosos. Doy las gracias a todos y les animo a que publiquen sus opiniones sobre la novela.

viernes, 11 de octubre de 2013

2.14. Dos biografías dispares

   Todas las expectativas que Sergio había imaginado durante el invierno, mirando la borrosa imagen de Lorena pinchada en el corcho de su habitación, se ven superadas por la actitud y el comportamiento de la joven. A los ojos del chico se muestra como un dechado de buenos modales, sazonados con una pizca de coquetería, y torrentes de encanto y simpatía. El muchacho, cada vez que la jovencita le mira directamente con sus negros ojazos y esboza una media sonrisa, literalmente se funde. No es posible que tenga tanta suerte. Porque no sólo es salada como ninguna, es que está para comérsela. No es que sea una belleza espectacular, pero tiene un rostro singularmente atractivo y un cuerpazo capaz de marear al más templado.

   Como Maripili es la referencia que Sergio tiene más cercana sobre su relación con las mujeres, trata a Lorena de manera similar. Apenas si se atreve a tocarla, y no es por falta de ganas. Los vestidos de la joven son los típicos veraniegos, lo que supone que esconden poco e insinúan mucho, y cada vez que en la playa la muchacha se desabrocha el sujetador para broncearse la espalda al chico está a punto de darle un sofocón cuando ella le pide muy modosamente que se lo abroche, mientras se sujeta la parte delantera, acción que a veces le lleva a  enseñar una buena porción de sus adorables pechos. La sexualidad de Sergio, que si no ha estado dormida si al menos adormilada, despierta y de qué manera. El joven comienza a tener sueños húmedos. La figura central de los mismos es siempre la misma: Lorena. Recurre al onanismo como única salida para desfogarse. En el terreno de los amoríos, Sergio está muy verde. Su carácter más bien retraído, su formación cristiana, una vida familiar muy reglada y un miedo cerval a coger alguna enfermedad de transmisión sexual son algunos de los factores que explican que Sergio, a sus diecinueve años, sea todavía virgen.

   En contraposición, la biografía de Lorena no puede ser más dispar, casi está en las antípodas de la de Sergio. Siendo apenas una adolescente puso sus ojos en ella un chico del pueblo tres años mayor, Maximino es su nombre aunque todo el mundo le llama Maxi. Al poco tiempo de salir juntos, una tarde, en una confusa mescolanza entre el romanticismo de la entrega y la rudeza de la violación, Maxi la hizo mujer. Desde entonces fueron novios y amantes en una relación en la que el sexo, con toda suerte de fantasías, fue determinante. La relación prosiguió sin mayores contratiempos hasta que Lorena cumplió los diecisiete y el amor propio, con la impagable ayuda de los celos, se impuso al sexo.
- Me lo contaron y no quise creerlo, pero ayer volvieron a decirme que te lo estás montando con la gilipollas de la Merche.
- No digas bobadas, churri. ¿Cómo voy a perder el tiempo con una tía que no pasa de chóped del malo cuando tengo en mis brazos a un jabugo cinco estrellas?
- No te quedes conmigo, Maxi, que te conozco. Estoy hasta los moños de que vayas por ahí tratando de ligarte a la primera piba que se te cruza por delante. Y lo de la Merche ya es demasié.
- Que no, cara bonita, que no. Que para mí no hay otro chochito más que tú. ¿Dónde voy a encontrar un pastelito de cabello de ángel como el que ya tengo?

   Lorena duda, pero se siente incapaz de romper definitivamente con Maxi, se encuentra presa del bronco y viril atractivo del joven que en la cama es un tigre y, acaso, porque ha sido su primer y único hombre. La relación con su novio se convierte en una suerte de montaña rusa en la que tan pronto parece tocar las estrellas como hundirse en la sima de los celos. Hasta que una de sus amigas le rompe el corazón al confirmarle lo que temía.
- Loren, si no fueras mi mejor amiga no te lo diría, pero creo que tengo la obligación de contártelo – No está muy claro si Mariasun está pasando un mal rato o se está regodeando de antemano.
- ¿De qué va el cotilleo? – Lorena pretende imprimir a su pregunta un tono entre irónico y despectivo, pero teme lo peor.
- De cotilleo nada. Lo vi ayer con mis propios ojos. ¿Sabes quién iba de paquete en la burra de Maxi? – Dejar un espacio en silencio después una pegunta así es poco menos que obligado. Como Lorena no pregunta, Mariasun prosigue -. Pues el putón de la Merche.
- ¿Y? – es la lacónica pregunta de Lorena.
- Me lo habían dicho, pero como hay tan malas pécoras, que más parecen víboras que otra cosa, no hice mucho caso. La semana pasada también se lo contaron a Anabelén y a Verónica. Estuvimos discutiendo sí decírtelo, pero no nos atrevimos, ¡cómo estás tan encoñada con ese chulo!, pero lo de ayer fue lo que me decidió. Perdona que sea tan directa, si lo hago es por nuestra amistad, pero llevas unos cuernos más grandes que el Micalet. Eres muy dueña de hacer lo que te salga del chumino, pero desde luego si estuviera en tu pellejo ese fantasmón no me volvía a tocar ni un pelo.

   Demasiadas evidencias, pero con todo Lorena aún mantenía la leve esperanza de que lo de Maxi con la Merche no fuera más que un calentón pasajero, sospechaba que algo así ya había pasado otras veces, pero al final el joven siempre volvía a sus brazos.
   La situación terminó por quebrarse la tarde en la que estuvo esperándole pues le había prometido darle un paseo en moto. Al ver que no llegaba, se acercó al cobertizo en el que guardaba la burra, como solía llamar el mozo a su moto, para ver si estaba allí. Y estaba. Tendido en una mugrienta colchoneta y con los pantalones por los tobillos. Y aquello no era lo peor pues entre el magro colchón y Maxi estaba Merche, con la falda por la cintura,  lanzando unos gemidos que se podían escuchar desde una legua de distancia. Aquello fue el the end de la película, mitad romance mitad porno, de Lorena y Maxi.
   En el año que siguió a la ruptura con su ya ex novio, Lorena pasó por varias relaciones que siempre fueron cortas pero intensas. Sabe lo que les gusta a los hombres y no duda en complacerles. También a ella le encanta divertirse. Lo que no consigue es una relación estable. Unas veces son ellos los que, en cuanto han catado y recatado a la joven, se alejan. En otras, es la propia Lorena la que los aparta de su lado.


   Con unas vidas sexuales tan distantes y distintas la relación entre Lorena y Sergio podía discurrir por las sendas más insospechadas. Ha sido la joven quien ha marcado el terreno y lo ha hecho de forma que no se corresponde con su biografía. Desde el primer día, y no sabe muy bien por qué, decidió tener al muchacho encelado pero sin dejar que se propasara ni un pelo. La joven le incita sutilmente a que contemple y admire sus encantos que son muchos, pero no le deja ir más allá. Con lo que Sergio vive un sinvivir.