domingo, 13 de octubre de 2013

LATINOAMÉRICA Y EL BLOG

   Entre los 35 países en los que hay visitantes del blog casi un tercio son latinoamericanos, como no podía ser menos en un blog escrito en español. De sur a norte encontramos lectores en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, Costa Rica, El Salvador y México. La mitad de los países hispanoparlantes, no está mal. Por ahora, los colombianos son los más numerosos. Doy las gracias a todos y les animo a que publiquen sus opiniones sobre la novela.

viernes, 11 de octubre de 2013

2.14. Dos biografías dispares

   Todas las expectativas que Sergio había imaginado durante el invierno, mirando la borrosa imagen de Lorena pinchada en el corcho de su habitación, se ven superadas por la actitud y el comportamiento de la joven. A los ojos del chico se muestra como un dechado de buenos modales, sazonados con una pizca de coquetería, y torrentes de encanto y simpatía. El muchacho, cada vez que la jovencita le mira directamente con sus negros ojazos y esboza una media sonrisa, literalmente se funde. No es posible que tenga tanta suerte. Porque no sólo es salada como ninguna, es que está para comérsela. No es que sea una belleza espectacular, pero tiene un rostro singularmente atractivo y un cuerpazo capaz de marear al más templado.

   Como Maripili es la referencia que Sergio tiene más cercana sobre su relación con las mujeres, trata a Lorena de manera similar. Apenas si se atreve a tocarla, y no es por falta de ganas. Los vestidos de la joven son los típicos veraniegos, lo que supone que esconden poco e insinúan mucho, y cada vez que en la playa la muchacha se desabrocha el sujetador para broncearse la espalda al chico está a punto de darle un sofocón cuando ella le pide muy modosamente que se lo abroche, mientras se sujeta la parte delantera, acción que a veces le lleva a  enseñar una buena porción de sus adorables pechos. La sexualidad de Sergio, que si no ha estado dormida si al menos adormilada, despierta y de qué manera. El joven comienza a tener sueños húmedos. La figura central de los mismos es siempre la misma: Lorena. Recurre al onanismo como única salida para desfogarse. En el terreno de los amoríos, Sergio está muy verde. Su carácter más bien retraído, su formación cristiana, una vida familiar muy reglada y un miedo cerval a coger alguna enfermedad de transmisión sexual son algunos de los factores que explican que Sergio, a sus diecinueve años, sea todavía virgen.

   En contraposición, la biografía de Lorena no puede ser más dispar, casi está en las antípodas de la de Sergio. Siendo apenas una adolescente puso sus ojos en ella un chico del pueblo tres años mayor, Maximino es su nombre aunque todo el mundo le llama Maxi. Al poco tiempo de salir juntos, una tarde, en una confusa mescolanza entre el romanticismo de la entrega y la rudeza de la violación, Maxi la hizo mujer. Desde entonces fueron novios y amantes en una relación en la que el sexo, con toda suerte de fantasías, fue determinante. La relación prosiguió sin mayores contratiempos hasta que Lorena cumplió los diecisiete y el amor propio, con la impagable ayuda de los celos, se impuso al sexo.
- Me lo contaron y no quise creerlo, pero ayer volvieron a decirme que te lo estás montando con la gilipollas de la Merche.
- No digas bobadas, churri. ¿Cómo voy a perder el tiempo con una tía que no pasa de chóped del malo cuando tengo en mis brazos a un jabugo cinco estrellas?
- No te quedes conmigo, Maxi, que te conozco. Estoy hasta los moños de que vayas por ahí tratando de ligarte a la primera piba que se te cruza por delante. Y lo de la Merche ya es demasié.
- Que no, cara bonita, que no. Que para mí no hay otro chochito más que tú. ¿Dónde voy a encontrar un pastelito de cabello de ángel como el que ya tengo?

   Lorena duda, pero se siente incapaz de romper definitivamente con Maxi, se encuentra presa del bronco y viril atractivo del joven que en la cama es un tigre y, acaso, porque ha sido su primer y único hombre. La relación con su novio se convierte en una suerte de montaña rusa en la que tan pronto parece tocar las estrellas como hundirse en la sima de los celos. Hasta que una de sus amigas le rompe el corazón al confirmarle lo que temía.
- Loren, si no fueras mi mejor amiga no te lo diría, pero creo que tengo la obligación de contártelo – No está muy claro si Mariasun está pasando un mal rato o se está regodeando de antemano.
- ¿De qué va el cotilleo? – Lorena pretende imprimir a su pregunta un tono entre irónico y despectivo, pero teme lo peor.
- De cotilleo nada. Lo vi ayer con mis propios ojos. ¿Sabes quién iba de paquete en la burra de Maxi? – Dejar un espacio en silencio después una pegunta así es poco menos que obligado. Como Lorena no pregunta, Mariasun prosigue -. Pues el putón de la Merche.
- ¿Y? – es la lacónica pregunta de Lorena.
- Me lo habían dicho, pero como hay tan malas pécoras, que más parecen víboras que otra cosa, no hice mucho caso. La semana pasada también se lo contaron a Anabelén y a Verónica. Estuvimos discutiendo sí decírtelo, pero no nos atrevimos, ¡cómo estás tan encoñada con ese chulo!, pero lo de ayer fue lo que me decidió. Perdona que sea tan directa, si lo hago es por nuestra amistad, pero llevas unos cuernos más grandes que el Micalet. Eres muy dueña de hacer lo que te salga del chumino, pero desde luego si estuviera en tu pellejo ese fantasmón no me volvía a tocar ni un pelo.

   Demasiadas evidencias, pero con todo Lorena aún mantenía la leve esperanza de que lo de Maxi con la Merche no fuera más que un calentón pasajero, sospechaba que algo así ya había pasado otras veces, pero al final el joven siempre volvía a sus brazos.
   La situación terminó por quebrarse la tarde en la que estuvo esperándole pues le había prometido darle un paseo en moto. Al ver que no llegaba, se acercó al cobertizo en el que guardaba la burra, como solía llamar el mozo a su moto, para ver si estaba allí. Y estaba. Tendido en una mugrienta colchoneta y con los pantalones por los tobillos. Y aquello no era lo peor pues entre el magro colchón y Maxi estaba Merche, con la falda por la cintura,  lanzando unos gemidos que se podían escuchar desde una legua de distancia. Aquello fue el the end de la película, mitad romance mitad porno, de Lorena y Maxi.
   En el año que siguió a la ruptura con su ya ex novio, Lorena pasó por varias relaciones que siempre fueron cortas pero intensas. Sabe lo que les gusta a los hombres y no duda en complacerles. También a ella le encanta divertirse. Lo que no consigue es una relación estable. Unas veces son ellos los que, en cuanto han catado y recatado a la joven, se alejan. En otras, es la propia Lorena la que los aparta de su lado.


   Con unas vidas sexuales tan distantes y distintas la relación entre Lorena y Sergio podía discurrir por las sendas más insospechadas. Ha sido la joven quien ha marcado el terreno y lo ha hecho de forma que no se corresponde con su biografía. Desde el primer día, y no sabe muy bien por qué, decidió tener al muchacho encelado pero sin dejar que se propasara ni un pelo. La joven le incita sutilmente a que contemple y admire sus encantos que son muchos, pero no le deja ir más allá. Con lo que Sergio vive un sinvivir.

martes, 8 de octubre de 2013

2.13. La contabilidad es como el chicle

   Gaspar Moltó, director general adjunto de Cajaeuropa, informa a Agustín Badenes, encargado de la entidad en Senillar, que el acuerdo entre la caja y BACHSA es pleno y que en breve el directorio de la empresa enviará una delegación al pueblo para comenzar los contactos con las personas que van a ser sus representantes oficiosos y los muñidores del poder municipal.
- Ni que decir tiene, Agustín, que las personas que elijas para un cometido tan delicado y trascendente tendrán que ser de la máxima confianza en todos los órdenes.
- No te preocupes, Gaspar, la gente de la compañía no va a tener ningún problema. Tengo ya en cartera dos nombres, son personas de prestigio y de peso en el pueblo y con notable ascendencia en los partidos locales mayoritarios. Por su mediación, y con una retribución condigna, tendremos controlados todos los resortes locales de poder.
- Ya que citas las retribuciones, ha de saber que, independientemente de las primas establecidas por la caja a medida que crezcan y mejoren los balances de tu oficina, me encargaré personalmente de que recibas un bonus especial en cuanto comiencen las obras y que la cuantía de las sucesivas primas sea proporcional al flujo crediticio que se genere.
   Badenes agradece efusivamente a su superior la confianza que deposita en él, así como los bonus prometidos, aunque se dice para su coleto que para pluses los que generará la trama que ha puesto en marcha y a la que todavía le falta el estrambote final. En cuanto llega el pueblo se pone en contacto con Garcés.
- Amador, es imprescindible que esta tarde nos veamos. Nos reuniremos en el mismo hotel de Benialcaide donde nos juntamos la otra vez, pero en esta ocasión sólo estaremos los dos. De esta cita ni una palabra a nadie y menos a José Ramón, ¿entendido?

   Badenes conoce bien a Garcés y no duda que aceptará el trato que le va a proponer. Sabe que estar siempre en un segundo plano respecto a Arbós ha hecho que germine en él la envidia y un cierto rencor, puesto que es mucho más inteligente que su socio, pero en cambio ha de darle la primacía en todo, no en balde es quien pone el dinero. El bancario se guarda, además, un as en la manga. Cuando ARBOGAR estaba operativa, descubrió casualmente que Garcés manipulaba la contabilidad, lo que le servía para detraer beneficios que iban directamente a su bolsillo sin que se enterase Arbós. El método que utilizaba era bastante chapucero y casi resultaba milagroso que ni Hacienda ni José Ramón lo hubiesen detectado. De su descubrimiento no dijo una palabra, quizá sea éste el día en que tenga que desvelarlo si Garcés no se aviene a razones, aunque no cree que llegue a ocurrir. Sabe cuáles son las teclas que hay que tocar.

   De entrada, Badenes plantea la charla tocando la fibra de la vanidad de Garcés.
- Amador, después de la reunión de ayer me quedó, no sé cómo decirlo, yo diría que mal sabor de boca.
- ¿Y por qué?
- Básicamente porque el acuerdo al que llegamos no es justo contigo.
- ¿No es justo? No lo entiendo, Agustín, como no me lo expliques con bolas de colores…
- Verás. A partir de ahora, vamos a ser tres los socios de ARBOGAR. El mayoritario, ¿qué trabajo va a llevar a cabo? Prácticamente, ninguno. José Ramón, como hace siempre, ni va a aparecer por el despacho. En cambio, los dos minoritarios vamos a ser los que llevemos todo el peso de la empresa. Con una notable diferencia, que yo, al ser socio en la sombra, tendré que trabajar en la trastienda, sólo quedarás tú para dar la cara. La situación que acabo de describir plantea algunos interrogantes. ¿Quién va a ser, permíteme la expresión, el burro de trabajo?, ¿quién se va a ocupar de que todo funcione con eficacia y eficiencia?, ¿quién será el que se preocupe y pase malos ratos cuando algo no salga tan bien como se esperaba? La respuesta es sólo una: Amador Garcés.

   El aludido hace un gesto de asentimiento y da la réplica al bancario:
- Lo que dices es tan cierto como que ahora luce el sol, pero ya estoy acostumbrado. Siempre me ha tocado bailar con la más fea y supongo que me seguirá tocando. Son los gajes de haber nacido en una familia humilde y no en una de los ricachos del pueblo. Aun así estoy contento con mi suerte. He conseguido un patrimonio como nunca pude soñar y mis hijas podrán hacer algo con lo que su padre ni siquiera pudo soñar, ir a la universidad. En todo caso, Agustín, te agradezco sinceramente tus palabras, dicen mucho de la clase de hombre que eres.
- Quien acaba de demostrar tu calidad como persona eres tú, Amador, pero el valor de tu papel en el proyecto que vamos a iniciar me sigue pareciendo que es poco reconocido. Y me acuso de no haberlo previsto antes, de no haber sido lo suficientemente previsor para haber organizado el acuerdo con otros mimbres. Te mereces más, mucho más de los derechos que te van a reportar tus acciones en ARBOGAR.
- Bueno, Agustín, las cosas son como son y no como deberían ser, pero una vez más te agradezco sinceramente el interés que demuestras y que hace que esté todavía más en deuda contigo.

   Badenes hace un gesto como rechazando la gratitud que le muestra Garcés y prosigue tocando la tecla del rencor hacia el que nació en cuna dorada:
- Mira, Amador, al contrario que con Arbós, tú y yo tenemos muchas cosas en común, ambos procedemos de familias humildes, hemos tenido que luchar duro en la vida y hemos sido capaces de abrirnos camino. Creo que nos ha llegado la hora de tener nuestra parte del pastel, la que nos merecemos.
   Llegado ese momento, es cuando el bancario explica a su interlocutor lo que tiene en mente para que ambos, que son los únicos que van a dar el callo, vean recompensados justamente sus esfuerzos. En la nueva ARBOGAR crearán tres contabilidades cuya existencia sólo conocerán ambos. La oficial, la opaca para el fisco y una tercera que servirá para que parte de los beneficios vaya directamente a sus bolsillos que, al fin y al cabo, serán los curritos del negocio. Garcés protesta, más para cumplir con las formas que otra cosa. Al fin, y tras hacerse el digno, acepta el acuerdo que le propone el bancario.
- Lo que tendrás que explicarme mejor, Agustín, y sé que éste no es el momento, es como voy a detraer tu participación en las operaciones que llevemos a cabo sin que dejen rastro, tanto para José Ramón como para los cabrones de Hacienda.
- De ese asunto no te preocupes. Es cuestión de ingeniería contable que es mi especialidad. Al fin y a la postre, la contabilidad es como el chicle, se puede estirar a voluntad.

viernes, 4 de octubre de 2013

2.12. ¿Hace una apuesta?

   Sergio vuelve a estar en la playa al día siguiente de su penosa experiencia, en la que a punto estuvo de pringarse, por culpa de la descocada manera de conducirse del putón verbenero de Mariasun, así la ha calificado. Se ha dicho a sí mismo que hoy sin falta ha de abordar a Lorena. Cuando ve llegar a la muchacha, junto a sus amigas, da un paso adelante, pero su intención se disuelve como una burbuja de lluvia primaveral al descubrir con pavor que Mariasun se dirige en su busca. Se levanta de un salto, coge apresuradamente la esterilla de mimbre, la toalla, la crema bronceadora y el libro que ha estado leyendo y sale disparado sin mirar atrás. No le importa lo que puedan decir de su escapada. Todo vale antes de que aquella calientapollas le ponga la mano encima.

   La espantada de Sergio está siendo motivo de las chirigotas de la pandilla que especialmente se ceban con Mariasun.
- Lo tuyo es de campeonato, tía. No sé qué le hiciste ayer al pichafloja del madrileñito, pero en cuanto te ha visto ha huido como un conejo.
- Si a todos te los ligas así no te vas a comer una rosca en todo el verano.
- Como no te pongas de rebajas como el Corte Inglés te vas a quedar sin un tronco al que echarle la zarpa.
   Para tapar bocas y rebajar la general rechifla, Mariasun hace sus amigas una revelación. Sabe cuánto les gustan los cotilleos y más si atañen al sexo.
- ¿Sabéis una cosa de ese pasmao? Anoche mientras bailábamos le arrimé la mandarina y se le puso más dura que una piedra. Por un momento creí que iba a correrse. Y no creáis, por el bulto me pareció que está bien armado, pero en algo tenéis razón, es un flojeras, al cabo de un ratito se le quedó morcillona. No creo que nadie saque nada de ese capullo, pero si alguna se anima lo puede intentar. Yo no pienso dedicar a ese sieso ni un minuto más.

   Lorena, que tiene enfilada a Mariasun, recoge el guante:
- Lo que pasa es que no sabes cómo manejar a un tío como ese. Te aseguro que, como me lo proponga, a ese chorbo le puedo tener comiendo de la mano en menos de una semana. ¿Hace una apuesta? – pregunta mirando a Mariasun.
- ¿Qué nos jugamos? - Es la respuesta de la aludida.
- La que pierde se paga unas rondas en casa Chelo.
- Unas rondas, pero sin barra libre, eh – precisa Mariasun.
- Hecho, y ve guardando pasta para pagar el pedo que nos vamos a coger – anticipa Lorena, como muy segura de sus posibilidades.
- ¿Te lo piensas tirar? – quiere saber la cotilla de Anabelén.
- Si hace falta echar un quiqui me sacrificaré, pero igual no es necesario. Lo que pienso hacer es ligármelo, le haré creer que estoy loquita por sus huesos y luego lo dejaré tirado como una colilla. Nos vamos a reír mogollón.

   Un día más Sergio vuelve a la playa, hay pocos más sitios en Senillar dónde ir en verano, pero se oculta de las miradas ajenas tras un tenderete de helados. Considera que allí está a salvo de las acometidas de la loca de Mariasun. Lo que menos podía esperar es que quien se le acerca esta vez es Lorena. La jovencita en plan modoso y hasta algo compungido lo aborda.   
- Perdona, ¿puedo hablar contigo un momento? – sin esperar respuesta continúa -. Verás, me lo han pedido las amigas, queremos pedirte disculpas por el comportamiento de Mariasun. Es una borde y una pringada. No sé qué opinión te habrás formado de las pibas de aquí, pero quiero decirte que la mayor parte; bueno, ninguna es como esa cabeza loca. He querido decírtelo porque no soporto la idea de que pienses que las demás somos tan ordinarias y descaradas como ella. Sólo quería decirte eso. Adiós.
   Apenas la jovencita ha dado tres pasos cuando Sergio reacciona, se levanta como un resorte y corre tras ella.
- Por favor, espera un momento. No quiero que te vayas sin darte las gracias. Ha sido muy guay y muy valiente por tu parte contármelo. Ah, me llamo Sergio – y le tiende la mano.
- Hola Sergio. Yo me llamo Lorena. Nos dijo la tontorrona de Mariasun que eres de Madrid. ¿Es verdad?

   Es la excusa que necesitaba el muchacho para soltar el lastre de su timidez. Casi sin darse cuenta, se encuentra sentado en la ajustada superficie de la esterilla y a su lado, ¡benditos sean los hados!, la jovencita más maravillosa del mundo está charlando con él con toda naturalidad, como si se conocieran de siempre. Y nada que ver con la descarada de la otra. Lorena parece ser una chica simpática, modosa, muy normalita y que más que charlar por los codos sabe escuchar atentamente. Cuando Sergio le cuenta que también él es medio senillarense el diálogo se hace más fluido por momentos.
- ¿O sea, que tu familia es de aquí? ¡Qué guay! Cuéntame cómo es eso.
- De aquí es la familia de mi madre. Mi abuelo es Andrés Roca, seguramente lo conocerás por su apodo, el Punchent.
- Lo conozco, aunque creo que nunca he hablado con él, pero sé quién es y hasta donde vive. Bueno, eso en un pueblo pequeño como éste es lo normal, aquí, aunque sólo sea de vista, nos conocemos todos. En cambio, a ti no te había visto nunca.
- Es que vivo en Madrid y al pueblo sólo me traían mis padres de vez en cuando, pero como murió la abuela ahora paso las vacaciones con el abuelo.
- Que envidia me das, lo chulo que debe de ser vivir en una gran ciudad como Madrid. ¿Y qué haces, estudias o trabajas?

   A partir de la pregunta, clásica donde las haya durante generaciones, surge otro Sergio: aplomado, parlanchín, desenvuelto y hasta gracioso. Tiene mucho que contar, sobre su vida, sus estudios, lo que piensa ser de mayor… En el transcurso de la charla hasta descubren que sus madres fueron a la escuela del pueblo en los mismos años, por lo que han de conocerse. En una pausa de la charla, Lorena se queja del mucho calor que hace y Sergio sugiere que en el agua estarán mejor. Sin dudarlo, ambos se sumergen en el mar. En efecto, dentro la calorina es mucho menor. Sergio la reta a una carrera. Enseguida ve que no ha sido buena idea, Lorena nada rematadamente mal y en cuanto da unas cuantas brazadas traga un sorbo de agua y comienza a toser. Salen del mar y, para reparar su error, la invita a un helado. Sentados en la heladería, y con Sergio hablando por los codos ante la atenta actitud de Lorena, discurre la mañana que para el muchacho ha sido la más maravillosa de todos cuantos veranos recuerda.

   Aquella noche, en la amplia y destartalada habitación en la que duerme Sergio, el muchacho no hace más que repetir: ¿será posible que una chica tan maravillosa me esté haciendo caso?


martes, 1 de octubre de 2013

2.11. Tendremos parte de la tarta

   Una vez que el director general adjunto de Cajaeuropa tiene su bonus personal asegurado por los principales socios de BACHSA, convoca al director de la caja en Senillar para informarle de los últimos acontecimientos.
- Agustín, el acuerdo con la gente de BACHSA está muy encaminado, casi con plena seguridad van a llevar adelante el proyecto de urbanizar la costa, lo que te coloca en una posición clave. Vamos a reforzar tu oficina con más personal. Las grandes cifras en lo que respecta a la financiación vamos a gestionarlas desde la central, pero en todo lo concerniente a los préstamos a pequeños proveedores, a cuentas de crédito a los subcontratistas locales y, especialmente, en lo referente al negocio hipotecario lo vas a manejar tú y tendrás un amplio margen de maniobra.
- Gracias por la confianza, Gaspar. Puedes estar seguro de que no os voy a defraudar, ni al consejo de administración ni, particularmente, a ti.
- No lo dudo, ahora bien, en esta operación hay algo que quiero que te quede bien claro. Tengo plena confianza en tu capacidad y sé que lo harás bien, pero si en algún momento ves que el volumen del negocio supera tus fuerzas espero de tu probada lealtad que me lo hagas saber.
- Gaspar, estoy convencido de que voy a poder gestionar el asunto de la mejor forma posible.
- Cuento con ello, pero insisto, si la magnitud de la operación llegara a desbordarte, no dudes ni un segundo en planteármelo. Te buscaría un nuevo puesto en la central con más categoría profesional y mejor sueldo. Te digo esto para que estés tranquilo al saber que en todo momento vas a tener las espaldas cubiertas. Es mucho lo que la caja va a invertir en la operación y pretendemos que todos los actores, principales o secundarios, que participéis de manera activa en el proyecto sepáis que la dirección os va a respaldar.

   De camino a Senillar, Badenes no deja de pensar en la reunión mantenida con su nuevo jefe mientras una sonrisa maquiavélica se dibuja en su boca. Parece como si Moltó se hubiese olvidado de que quien comenzó a tirar del hilo de la cometa del proyecto urbanizador fue él. No le ha parecido oportuno recordárselo, así como tampoco le ha dicho que él no estudió en una universidad norteamericana, pero que en el seminario le enseñaron que para obrar con provecho no hay que dar puntada sin hilo y que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
   En cuanto llega al pueblo le falta tiempo para llamar a José Ramón Arbós y Amador Garcés; son las personas que, desde el primer día, ha elegido como futuros socios y, en cierto modo, hombres de paja para llevar a la práctica la trama que ha diseñado para quedarse con una porción del pastel que se está cocinando. Cuando se juntan los tres en la suite de un hotel de Benialcaide, y sin apenas preámbulos, Badenes les pone en antecedentes:
- Hay muchas probabilidades de que una gran empresa constructora urbanice buena parte de la costa del pueblo. Incluso, si las cosas fueran bien, hasta piensan construir algo especial en el marjal. Os lo cuento porque ésta va a ser una ocasión única para ganar millones a espuertas. Los empresarios en cuestión van a necesitar a gente de aquí que les sirva de puente para acceder a los del Ayuntamiento, así como para que actúen de intermediarios y agentes de la propiedad inmobiliaria en la compra de terrenos y en la posterior venta de apartamentos  – Antes de facilitar más detalles, Badenes formula una pregunta cuya respuesta ya conoce, pero que en todo caso plantea - ¿Os interesaría participar en el negocio?

   Arbós y Garcés casi se quitan la palabra en su prisa por contestar. Como suele ocurrir entre ellos, es Amador quien cede la palabra a José Ramón.
- Naturalmente que sí, Agustín, y te agradecemos sinceramente que hayas pensado en nosotros. Creo que puedo asegurarte en nombre de los dos que nos tienes a tu entera disposición.
- Estoy totalmente de acuerdo con lo dicho por José Ramón y añado – remacha Garcés – que es algo que no olvidaremos y que, en su momento, sabremos agradecerte.
- Luego hablaremos de agradecimientos. De momento vamos a dejar algunas cuestiones muy claritas. Lo que os voy a proponer no es negociable, o aceptáis el paquete entero o lo dejamos correr. En el negocio que os ofrezco, vosotros seréis los que daréis la cara, yo no puedo aparecer como involucrado por mi posición como empleado de la caja. Las decisiones a adoptar en el transcurso de la operación las tomaremos los tres, pero sólo yo tendré capacidad de veto si alguna propuesta no me parece correcta, algo que espero que no ocurra. Ah, y otra cuestión, también os pido discreción. De lo que hablemos aquí hoy, o en el futuro, no debéis contar una sola palabra. ¿De acuerdo?
   Arbós y Garcés asienten al unísono sin mirarse siquiera.

   Una vez obtenido el asentimiento de sus interlocutores, el bancario prosigue con sus explicaciones:
- Pasemos al operativo. Lo primero a llevar a cabo es que habrá que activar ARBOGAR para convertirla en el centro gestor de la compra de terrenos. Eso en principio, en una segunda fase tendrá más actividades. Hay algo más, para afrontar con solvencia el volumen de negocio que tendrá que manejar la empresa resulta de todo punto imprescindible que llevéis a cabo una ampliación de capital – Sin dar tiempo a que intervengan sus interlocutores, Badenes les tranquiliza-. No os preocupéis, la ampliación técnicamente no os costará un duro, pues la práctica totalidad la suscribiré yo por medio de persona interpuesta, seguramente será un primo  de mi mujer. Por supuesto, la ampliación de capital la realizaréis sin dar un cuarto al pregonero. ¿Algún problema al respecto?
   Tanto Arbós como Garcés, tras cruzar una rápida mirada, se apresuran a asentir. Badenes prosigue su explicación:
- Como una de las primeras actuaciones que realizará la nueva ARBOGAR será la compra de terrenos, tenéis que fichar a un equipo de gente de plena confianza para que, en cuanto me confirmen que la caja y los promotores han cerrado el acuerdo, se pongan a comprar fincas lo más cercanas al mar. Al principio los corredores contarán que compran para unos empresarios cerámicos de Villarreal que adquieren la tierra para plantar nuevos huertos de naranjos como medio de desgravar impuestos. Es posible que no todos se lo traguen, pero servirá para los primeros días, luego habrá que contar la verdad.
¿Hasta aquí me seguís?

   Garcés vuelve a cabecear asintiendo, en cambio Arbós parece no tenerlo tan claro. Los ricos siempre suelen tener miedo de dejar de serlo, por eso son tan cuidadosos con sus dineros.
- ¿Y qué pasa si la operación sale mal o si la caja y los promotores rompen su acuerdo? ¿Y si los de la constructora no quieren quedarse con los terrenos comprados? ¿Qué haríamos entonces con ellos?
- José Ramón, tus preguntas me parecen muy apropiadas, pero tranquilo que tengo respuestas para todas. Vais a comprar fincas, no con vuestro dinero sino con el que la caja prestará a los constructores, por tanto todas las operaciones que hagamos van a estar totalmente aseguradas, aun en el supuesto, harto improbable, de que la caja y los empresarios rompieran sus acuerdos.
- ¿Entonces…? – Arbós aún muestra una última reticencia.
- Entonces, José Ramón, este negocio es tan seguro como si lo avalara el Banco de España. Ahora bien, si tienes la más mínima duda, no hay problema, buscaré otros socios…
   Quien se apresura a intervenir es Amador Garcés que, a la par que fulmina a su socio con la mirada, asegura:
- No es necesario que busques a nadie, Agustín. Nos tienes a nosotros para cuanto quieras. Las dudas expresadas por José Ramón debes entenderlas como más retóricas que otra cosa. En otras palabras, no busques a nadie, somos tus hombres. ¿No es así, socio?
- Claro que sí. Tus explicaciones, Agustín, me han convencido – asegura Arbós.
- No esperaba otra respuesta de vosotros. Y os prometo una cosa: aquí se va a hornear una tarta espléndida y nosotros vamos a reclamar una porción y, tanto si quieren como si no, nuestra parte no nos la va a quitar nadie.

domingo, 29 de septiembre de 2013

EL BLOG SE INTERNACIONALIZA


Desde que, el 21 de mayo de 2013, colgué la primera entrada en el blog han sido muchas las visitas recibidas (vamos a por las 2000), la mayoría de España, pero también de otros países, 30 hasta hoy. Europeos, como Italia, Suiza o Dinamarca. Americanos, como Argentina, Canadá o Venezuela. O asiáticos, como China, India o Japón. En cuanto a los diez países donde, hasta hoy, hay más visitantes del blog son: España, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos, Alemania, Ucrania, Colombia, Francia y Brasil. Poquito a poco el blog se internacionaliza.

viernes, 27 de septiembre de 2013

2.10. Una huida en toda regla

   La confidencia de una de las chicas de la pandilla de Lorena de que el forastero que les mira a hurtadillas estudia para ingeniero provoca las risas de las muchachas, pero también suscita su atención salvo la de Lorena que se muestra desdeñosa con el presunto interés del muchacho por ella.
– Vaya muermo el sosaina ese. Lo que pasa es que sois unas ansiosas y tú la que más – acusa Lorena dirigiéndose a Mariasun -. Chorbo que pasa, chorbo que quieres ligártelo. ¿Pues sabes qué?, te lo regalo enterito – afirma displicente.
- ¿De verdad no te importa que me lo ligue? – La petición suena medio en serio medio en broma.
- Todo para ti, aunque no creo que consigas mucho de ese lelo. Yo tenía la impresión de que los tíos de la capital eran más echaos pa lante, pero se ve que hay de todo y éste es más parao que el quiosco del paseo.
- Será todo lo parao que tú quieras, pero a un tío hay mil formas de ponerlo en marcha y yo me sé unas cuantas. Ya veréis como me lo ligo en nada. Y lo voy a tener como un corderito. Nos vamos a divertir mogollón – asegura Mariasun muy convencida.

   Ajeno a que ha pasado a ser objeto de envite, Sergio sigue echando miradas por encima del libro que simula leer. De pronto, algo se interpone entre él y un sol que hoy aprieta de lo lindo. Levanta la vista. Es una jovencita llamativamente curvilínea que luce un minúsculo bikini que deja poco trabajo a la imaginación. 
- Hola. Me han dicho que eres de Madrid, ¿es cierto? – pregunta la muchacha con desparpajo y una sonrisa por bandera.
- Siii – contesta bastante sorprendido.
- Verás, te lo pregunto porque igual me voy a trabajar a la capital ¿Te importa que me siente? – La jovencita sin esperar respuesta alguna se acomoda a su lado -. Pues lo que te contaba. No conozco nada de los Madriles y me he dicho: a lo mejor ese chico que parece tan molón me puede contar cosas de allí. Creo que hay mogollón de movida. ¿Por qué barrios hay más discos para mover el esqueleto? Tú tienes pinta de sabértelos todos. Me han contado que hay un barrio que se llama Malasaña donde la movida no para en toda la noche. También me han dicho que…

   Sergio se siente un tanto sobrepasado ante la verborrea de la chica, que es que no para. Piensa que si es que va a Madrid a trabajar sorprendentemente sólo le formula preguntas sobre la movida, lugares de ocio y discotecas donde mover el esqueleto como repite una y otra vez. Todo ello acompañado por una mímica peculiar y una sonrisa deslumbrante, aunque lo que pone al muchacho un tanto nervioso es que está continuamente subiéndose uno de los tirantes de la parte superior del bikini que muestra una terca tendencia a bajarse. Aprovecha una pausa en la perorata de la muchacha para soltarle:
- Creo que no voy poder darte muchas pistas sobre lo que preguntas. Yo estudio y salgo poco y menos por la noche. A mis padres no les gusta que llegue tarde a casa.
   La respuesta no parece desanimar a la joven que prosigue su charla:
- Ay, no te lo he dicho. Me llamo María Asunción, pero los amigos me dicen Mariasun. ¿Tú cómo te llamas?
- Sergio.
- Un nombre de lo más guay. ¿Te gusta mover el esqueleto, tío? Te lo pregunto porque esta noche tenemos un bailongo en la parte de atrás del bar de la Chelo. ¿Sabes dónde está? ¿No? ¿Tú conoces dónde comienza la carretera de la playa? Pues es la penúltima casa del pueblo, bajando a la izquierda. Ya verás el letrero, pone bar Solera. Entra y junto a la puerta de los servicios hay una salida que da al patio trasero. Te espero. Sobre las once más o menos. No me falles, eh.

   Sergio no piensa aceptar la invitación de Mariasun pues le parece que tiene la cabeza llena de pájaros, aunque reconoce que está un rato buena. Luego se le ocurre que, a lo mejor, también estará allí Lorena. Basta esa idea para que no lo dude, a la hora convenida se acerca al bar y se encuentra con un grupo de gente de su edad que más que bailar está haciendo el ganso y trasegando lo que parece tinto de verano en vasos de plástico. En cuanto le ve entrar, Mariasun se lanza a por él como si fuera su botín de guerra.
- ¡Qué guay, has venido! Ya creía que me ibas a dar plantón. Que polo más mono llevas, me tienes que decir dónde lo has comprado. Ven, prueba el brebaje que han preparado esos cafres y verás el subidón que te da.
   El chico se echa al coleto un trago de la bebida que resulta no ser lo que creía. De tinto de verano nada. Le da un ataque de tos porque el chupito le está escociendo el estómago.
- Ves lo que te decía, es una mezcla espantosa. Vamos a mover el esqueleto.
- Yo… es que bailo muy mal – se excusa el muchacho que, una vez que ha dejado de toser, ya ha localizado a Lorena.
- No te preocupes, aquí de lo que se trata es de divertirse a tope y mantener el buen rollo.

   La muchacha arrastra a Sergio al centro de un mínimo cuadrado de cemento que sirve de pista de baile. Le planta las dos manos en el cuello y comienza a charlar. No calla. Plantea preguntas y antes de que el chico pueda contestarlas ya ha saltado a otro asunto. Al cabo de un buen rato, la joven parece cansarse de la cháchara, pero la actitud que adopta entonces aún pone más inquieto a Sergio. Se le pega como una lapa, apoya su cabeza contra la suya y lo peor de todo es que, sin ninguna clase de pudor, comienza a restregar su bajo vientre contra el del muchacho. Su primera reacción es dejar de bailar con cualquier excusa, pero antes de ser capaz de balbucear una disculpa inopinadamente su sexo responde al roce. El sofocón que se lleva el muchacho es de órdago porque con el pantalón de verano no hay manera de ocultar el bulto que muestra. Se impone seguir bailando antes de que los demás se den cuenta de lo que le pasa y convertirse en objeto del cachondeo generalizado. Mariasun, que sí se ha dado cuenta, parece que se lo esté pasando en grande y cada vez se arrima más y se pone más cariñosa.


   El pobre Sergio nunca había sentido tanta vergüenza. No se atreve a buscar con la mirada a Lorena ni a mirar a nadie porque está convencido de que todos se han dado cuenta de lo que ocurre y la rechifla debe ser generalizada. Hunde su cabeza en el cuello de Mariasun que responde a su movimiento con unos mordisquitos en el cuello que terminan por desquiciarlo del todo. En algún momento de lo que está siendo un calvario llega a sospechar que puede eyacular en cualquier instante. La presunción le parece tan definitivamente desastrosa que su organismo genera una curiosa reacción. Paulatinamente, la erección va decreciendo hasta casi desaparecer. Llegado a ese punto, decide no seguir tentando al diablo y, con la excusa de que tiene que volver a casa porque ha de ayudar a su abuelo, sale disparado del bar, sin mirar a derecha e izquierda. Es una huida en toda regla.