Entre
los 35 países en los que hay visitantes del blog casi un tercio son latinoamericanos,
como no podía ser menos en un blog escrito en español. De sur a norte
encontramos lectores en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela,
Colombia, Costa Rica, El Salvador y México. La mitad de los países
hispanoparlantes, no está mal. Por ahora, los colombianos son los más numerosos.
Doy las gracias a todos y les animo a que publiquen sus opiniones sobre la
novela.
Este blog contiene las novelas de Zacarías Ramo Traver. Un octogenario que no escribe por fama ni dinero, sino contra la soledad. Contiene: “Las dos guerras de Aurelio Ríos”; “La pertinaz sequía”; “Apartamento con vistas al mar “; “Los Carreño. Julio y Julia”; “Los Carreño. Los hijos”; “Los Carreño. El yunque de las guerras”; “El robo del Tesoro Quimbaya”; “Una playa aparentemente tranquila” y “El masover”. Los martes se publica “El masover” y los viernes “Los Carreño. El yunque de las guerras”.
domingo, 13 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
2.14. Dos biografías dispares
Todas las
expectativas que Sergio había imaginado durante el invierno, mirando la borrosa
imagen de Lorena pinchada en el corcho de su habitación, se ven superadas por
la actitud y el comportamiento de la joven. A los ojos del chico se muestra
como un dechado de buenos modales, sazonados con una pizca de coquetería, y
torrentes de encanto y simpatía. El muchacho, cada vez que la jovencita le mira
directamente con sus negros ojazos y esboza una media sonrisa, literalmente se
funde. No es posible que tenga tanta suerte. Porque no sólo es salada como ninguna,
es que está para comérsela. No es que sea una belleza espectacular, pero tiene
un rostro singularmente atractivo y un cuerpazo capaz de marear al más templado.
Como Maripili es la
referencia que Sergio tiene más cercana sobre su relación con las mujeres,
trata a Lorena de manera similar. Apenas si se atreve a tocarla, y no es por
falta de ganas. Los vestidos de la joven son los típicos veraniegos, lo que supone
que esconden poco e insinúan mucho, y cada vez que en la playa la muchacha se
desabrocha el sujetador para broncearse la espalda al chico está a punto de
darle un sofocón cuando ella le pide muy modosamente que se lo abroche,
mientras se sujeta la parte delantera, acción que a veces le lleva a enseñar una buena porción de sus adorables
pechos. La sexualidad de Sergio, que si no ha estado dormida si al menos
adormilada, despierta y de qué manera. El joven comienza a tener sueños
húmedos. La figura central de los mismos es siempre la misma: Lorena. Recurre
al onanismo como única salida para desfogarse. En el terreno de los amoríos,
Sergio está muy verde. Su carácter más bien retraído, su formación cristiana,
una vida familiar muy reglada y un miedo cerval a coger alguna enfermedad de
transmisión sexual son algunos de los factores que explican que Sergio, a sus
diecinueve años, sea todavía virgen.
En contraposición, la biografía de
Lorena no puede ser más dispar, casi está en las antípodas de la de Sergio.
Siendo apenas una adolescente puso sus ojos en ella un chico del pueblo tres
años mayor, Maximino es su nombre aunque todo el mundo le llama Maxi. Al poco
tiempo de salir juntos, una tarde, en una confusa mescolanza entre el
romanticismo de la entrega y la rudeza de la violación, Maxi la hizo mujer.
Desde entonces fueron novios y amantes en una relación en la que el sexo, con
toda suerte de fantasías, fue determinante. La relación prosiguió sin mayores
contratiempos hasta que Lorena cumplió los diecisiete y el amor propio, con la
impagable ayuda de los celos, se impuso al sexo.
- Me lo contaron y no quise creerlo, pero ayer volvieron a
decirme que te lo estás montando con la gilipollas de la Merche.
- No digas bobadas, churri. ¿Cómo voy a perder el tiempo con
una tía que no pasa de chóped del malo cuando tengo en mis brazos a un jabugo
cinco estrellas?
- No te quedes conmigo, Maxi, que te conozco. Estoy hasta
los moños de que vayas por ahí tratando de ligarte a la primera piba que se te
cruza por delante. Y lo de la Merche ya es demasié.
- Que no, cara bonita, que no. Que para mí no hay otro
chochito más que tú. ¿Dónde voy a encontrar un pastelito de cabello de ángel
como el que ya tengo?
Lorena duda, pero
se siente incapaz de romper definitivamente con Maxi, se encuentra presa del bronco
y viril atractivo del joven que en la cama es un tigre y, acaso, porque ha sido
su primer y único hombre. La relación con su novio se convierte en una suerte
de montaña rusa en la que tan pronto parece tocar las estrellas como hundirse
en la sima de los celos. Hasta que una de sus amigas le rompe el corazón al
confirmarle lo que temía.
- Loren, si no fueras mi mejor amiga no te lo diría, pero
creo que tengo la obligación de contártelo – No está muy claro si Mariasun está
pasando un mal rato o se está regodeando de antemano.
- ¿De qué va el cotilleo? – Lorena pretende imprimir a su
pregunta un tono entre irónico y despectivo, pero teme lo peor.
- De cotilleo nada. Lo vi ayer con mis propios ojos. ¿Sabes
quién iba de paquete en la burra de Maxi? – Dejar un espacio en silencio
después una pegunta así es poco menos que obligado. Como Lorena no pregunta,
Mariasun prosigue -. Pues el putón de la Merche.
- ¿Y? – es la lacónica pregunta de Lorena.
- Me lo habían dicho, pero como hay tan malas pécoras, que
más parecen víboras que otra cosa, no hice mucho caso. La semana pasada también
se lo contaron a Anabelén y a Verónica. Estuvimos discutiendo sí decírtelo,
pero no nos atrevimos, ¡cómo estás tan encoñada con ese chulo!, pero lo de ayer
fue lo que me decidió. Perdona que sea tan directa, si lo hago es por nuestra
amistad, pero llevas unos cuernos más grandes que el Micalet. Eres muy dueña de
hacer lo que te salga del chumino, pero desde luego si estuviera en tu pellejo
ese fantasmón no me volvía a tocar ni un pelo.
Demasiadas
evidencias, pero con todo Lorena aún mantenía la leve esperanza de que lo de
Maxi con la Merche no fuera más que un calentón pasajero, sospechaba que algo
así ya había pasado otras veces, pero al final el joven siempre volvía a sus
brazos.
La situación terminó por quebrarse la tarde en
la que estuvo esperándole pues le había prometido darle un paseo en moto. Al
ver que no llegaba, se acercó al cobertizo en el que guardaba la burra, como
solía llamar el mozo a su moto, para ver si estaba allí. Y estaba. Tendido en
una mugrienta colchoneta y con los pantalones por los tobillos. Y aquello no
era lo peor pues entre el magro colchón y Maxi estaba Merche, con la falda por
la cintura, lanzando unos gemidos que se
podían escuchar desde una legua de distancia. Aquello fue el the end de la película, mitad romance
mitad porno, de Lorena y Maxi.
En el año que
siguió a la ruptura con su ya ex novio, Lorena pasó por varias relaciones que
siempre fueron cortas pero intensas. Sabe lo que les gusta a los hombres y no
duda en complacerles. También a ella le encanta divertirse. Lo que no consigue
es una relación estable. Unas veces son ellos los que, en cuanto han catado y
recatado a la joven, se alejan. En otras, es la propia Lorena la que los aparta
de su lado.
Con unas vidas
sexuales tan distantes y distintas la relación entre Lorena y Sergio podía
discurrir por las sendas más insospechadas. Ha sido la joven quien ha marcado
el terreno y lo ha hecho de forma que no se corresponde con su biografía. Desde
el primer día, y no sabe muy bien por qué, decidió tener al muchacho encelado
pero sin dejar que se propasara ni un pelo. La joven le incita sutilmente a que
contemple y admire sus encantos que son muchos, pero no le deja ir más allá.
Con lo que Sergio vive un sinvivir.
martes, 8 de octubre de 2013
2.13. La contabilidad es como el chicle
Gaspar Moltó, director general adjunto de Cajaeuropa, informa a Agustín Badenes,
encargado de la entidad en Senillar, que el acuerdo entre la caja y BACHSA es
pleno y que en breve el directorio de la empresa enviará una delegación al
pueblo para comenzar los contactos con las personas que van a ser sus
representantes oficiosos y los muñidores del poder municipal.
- Ni que decir tiene, Agustín, que las personas que elijas para un
cometido tan delicado y trascendente tendrán que ser de la máxima confianza en
todos los órdenes.
- No te preocupes, Gaspar, la gente de la compañía no va a tener ningún
problema. Tengo ya en cartera dos nombres, son personas de prestigio y de peso
en el pueblo y con notable ascendencia en los partidos locales mayoritarios.
Por su mediación, y con una retribución condigna, tendremos controlados todos
los resortes locales de poder.
- Ya que citas las retribuciones, ha de saber que, independientemente de
las primas establecidas por la caja a medida que crezcan y mejoren los balances
de tu oficina, me encargaré personalmente de que recibas un bonus especial en
cuanto comiencen las obras y que la cuantía de las sucesivas primas sea
proporcional al flujo crediticio que se genere.
Badenes agradece efusivamente a
su superior la confianza que deposita en él, así como los bonus prometidos,
aunque se dice para su coleto que para pluses los que generará la trama que ha
puesto en marcha y a la que todavía le falta el estrambote final. En cuanto
llega el pueblo se pone en contacto con Garcés.
- Amador, es imprescindible que esta tarde nos veamos. Nos reuniremos en
el mismo hotel de Benialcaide donde nos juntamos la otra vez, pero en esta
ocasión sólo estaremos los dos. De esta cita ni una palabra a nadie y menos a
José Ramón, ¿entendido?
Badenes conoce bien a Garcés y
no duda que aceptará el trato que le va a proponer. Sabe que estar siempre en
un segundo plano respecto a Arbós ha hecho que germine en él la envidia y un
cierto rencor, puesto que es mucho más inteligente que su socio, pero en cambio
ha de darle la primacía en todo, no en balde es quien pone el dinero. El
bancario se guarda, además, un as en la manga. Cuando ARBOGAR estaba operativa,
descubrió casualmente que Garcés manipulaba la contabilidad, lo que le servía
para detraer beneficios que iban directamente a su bolsillo sin que se enterase
Arbós. El método que utilizaba era bastante chapucero y casi resultaba
milagroso que ni Hacienda ni José Ramón lo hubiesen detectado. De su
descubrimiento no dijo una palabra, quizá sea éste el día en que tenga que
desvelarlo si Garcés no se aviene a razones, aunque no cree que llegue a
ocurrir. Sabe cuáles son las teclas que hay que tocar.
De entrada, Badenes plantea la
charla tocando la fibra de la vanidad de Garcés.
- Amador, después de la reunión de ayer me quedó, no sé cómo decirlo, yo
diría que mal sabor de boca.
- ¿Y por qué?
- Básicamente porque el acuerdo al que llegamos no es justo contigo.
- ¿No es justo? No lo entiendo, Agustín, como no me lo expliques con
bolas de colores…
- Verás. A partir de ahora, vamos a ser tres los socios de ARBOGAR. El
mayoritario, ¿qué trabajo va a llevar a cabo? Prácticamente, ninguno. José
Ramón, como hace siempre, ni va a aparecer por el despacho. En cambio, los dos
minoritarios vamos a ser los que llevemos todo el peso de la empresa. Con una
notable diferencia, que yo, al ser socio en la sombra, tendré que trabajar en
la trastienda, sólo quedarás tú para dar la cara. La situación que acabo de
describir plantea algunos interrogantes. ¿Quién va a ser, permíteme la
expresión, el burro de trabajo?, ¿quién se va a ocupar de que todo funcione con
eficacia y eficiencia?, ¿quién será el que se preocupe y pase malos ratos
cuando algo no salga tan bien como se esperaba? La respuesta es sólo una:
Amador Garcés.
El aludido hace un gesto de asentimiento y da la réplica al bancario:
- Lo que dices es tan cierto como que ahora luce el sol, pero ya estoy
acostumbrado. Siempre me ha tocado bailar con la más fea y supongo que me
seguirá tocando. Son los gajes de haber nacido en una familia humilde y no en
una de los ricachos del pueblo. Aun así estoy contento con mi suerte. He
conseguido un patrimonio como nunca pude soñar y mis hijas podrán hacer algo
con lo que su padre ni siquiera pudo soñar, ir a la universidad. En todo caso,
Agustín, te agradezco sinceramente tus palabras, dicen mucho de la clase de
hombre que eres.
- Quien acaba de demostrar tu calidad como persona eres tú, Amador, pero
el valor de tu papel en el proyecto que vamos a iniciar me sigue pareciendo que
es poco reconocido. Y me acuso de no haberlo previsto antes, de no haber sido
lo suficientemente previsor para haber organizado el acuerdo con otros mimbres.
Te mereces más, mucho más de los derechos que te van a reportar tus acciones en
ARBOGAR.
- Bueno, Agustín, las cosas son como son y no como deberían ser, pero
una vez más te agradezco sinceramente el interés que demuestras y que hace que
esté todavía más en deuda contigo.
Badenes hace un gesto como
rechazando la gratitud que le muestra Garcés y prosigue tocando la tecla del
rencor hacia el que nació en cuna dorada:
- Mira, Amador, al contrario que con Arbós, tú y yo tenemos muchas cosas en común, ambos procedemos
de familias humildes, hemos tenido que luchar duro en la vida y hemos sido
capaces de abrirnos camino. Creo que nos ha llegado la hora de tener nuestra
parte del pastel, la que nos merecemos.
Llegado ese momento, es cuando
el bancario explica a su interlocutor lo que tiene en mente para que ambos, que
son los únicos que van a dar el callo, vean recompensados justamente sus esfuerzos.
En la nueva ARBOGAR crearán tres contabilidades cuya existencia sólo conocerán
ambos. La oficial, la opaca para el fisco y una tercera que servirá para que
parte de los beneficios vaya directamente a sus bolsillos que, al fin y al
cabo, serán los curritos del negocio. Garcés protesta, más para cumplir con las
formas que otra cosa. Al fin, y tras hacerse el digno, acepta el acuerdo que le
propone el bancario.
- Lo que tendrás que explicarme mejor, Agustín, y sé que éste no es el
momento, es como voy a detraer tu participación en las operaciones que llevemos
a cabo sin que dejen rastro, tanto para José Ramón como para los cabrones de
Hacienda.
- De ese asunto no te preocupes. Es cuestión de ingeniería contable que
es mi especialidad. Al fin y a la postre, la contabilidad es como el chicle, se
puede estirar a voluntad.
viernes, 4 de octubre de 2013
2.12. ¿Hace una apuesta?
Sergio vuelve a
estar en la playa al día siguiente de su penosa experiencia, en la que a punto
estuvo de pringarse, por culpa de la descocada manera de conducirse del putón
verbenero de Mariasun, así la ha calificado. Se ha dicho a sí mismo que hoy sin
falta ha de abordar a Lorena. Cuando ve llegar a la muchacha, junto a sus
amigas, da un paso adelante, pero su intención se disuelve como una burbuja de
lluvia primaveral al descubrir con pavor que Mariasun se dirige en su busca. Se
levanta de un salto, coge apresuradamente la esterilla de mimbre, la toalla, la
crema bronceadora y el libro que ha estado leyendo y sale disparado sin mirar
atrás. No le importa lo que puedan decir de su escapada. Todo vale antes de que
aquella calientapollas le ponga la mano encima.
La espantada de
Sergio está siendo motivo de las chirigotas de la pandilla que especialmente se
ceban con Mariasun.
- Lo tuyo es de campeonato, tía. No sé qué le hiciste ayer
al pichafloja del madrileñito, pero en cuanto te ha visto ha huido como un
conejo.
- Si a todos te los ligas así no te vas a comer una rosca en
todo el verano.
- Como no te pongas de rebajas como el Corte Inglés te vas a
quedar sin un tronco al que echarle la zarpa.
Para tapar bocas y
rebajar la general rechifla, Mariasun hace sus amigas una revelación. Sabe
cuánto les gustan los cotilleos y más si atañen al sexo.
- ¿Sabéis una cosa de ese pasmao? Anoche mientras bailábamos
le arrimé la mandarina y se le puso más dura que una piedra. Por un momento
creí que iba a correrse. Y no creáis, por el bulto me pareció que está bien
armado, pero en algo tenéis razón, es un flojeras, al cabo de un ratito se le
quedó morcillona. No creo que nadie saque nada de ese capullo, pero si alguna
se anima lo puede intentar. Yo no pienso dedicar a ese sieso ni un minuto más.
Lorena, que tiene
enfilada a Mariasun, recoge el guante:
- Lo que pasa es que no sabes cómo manejar a un tío como ese.
Te aseguro que, como me lo proponga, a ese chorbo le puedo tener comiendo de la
mano en menos de una semana. ¿Hace una apuesta? – pregunta mirando a Mariasun.
- ¿Qué nos jugamos? - Es la respuesta de la aludida.
- La que pierde se paga unas rondas en casa Chelo.
- Unas rondas, pero sin barra libre, eh – precisa Mariasun.
- Hecho, y ve guardando pasta para pagar el pedo que nos
vamos a coger – anticipa Lorena, como muy segura de sus posibilidades.
- ¿Te lo piensas tirar? – quiere saber la cotilla de Anabelén.
- Si hace falta echar un quiqui me sacrificaré, pero igual
no es necesario. Lo que pienso hacer es ligármelo, le haré creer que estoy
loquita por sus huesos y luego lo dejaré tirado como una colilla. Nos vamos a
reír mogollón.
Un día más Sergio
vuelve a la playa, hay pocos más sitios en Senillar dónde ir en verano, pero se
oculta de las miradas ajenas tras un tenderete de helados. Considera que allí
está a salvo de las acometidas de la loca de Mariasun. Lo que menos podía
esperar es que quien se le acerca esta vez es Lorena. La jovencita en plan
modoso y hasta algo compungido lo aborda.
- Perdona, ¿puedo hablar contigo un momento? – sin esperar
respuesta continúa -. Verás, me lo han pedido las amigas, queremos pedirte
disculpas por el comportamiento de Mariasun. Es una borde y una pringada. No sé
qué opinión te habrás formado de las pibas de aquí, pero quiero decirte que la
mayor parte; bueno, ninguna es como esa cabeza loca. He querido decírtelo
porque no soporto la idea de que pienses que las demás somos tan ordinarias y descaradas
como ella. Sólo quería decirte eso. Adiós.
Apenas la jovencita
ha dado tres pasos cuando Sergio reacciona, se levanta como un resorte y corre
tras ella.
- Por favor, espera un momento. No quiero que te vayas sin
darte las gracias. Ha sido muy guay y muy valiente por tu parte contármelo. Ah,
me llamo Sergio – y le tiende la mano.
- Hola Sergio. Yo me llamo Lorena. Nos dijo la tontorrona de
Mariasun que eres de Madrid. ¿Es verdad?
Es la excusa que
necesitaba el muchacho para soltar el lastre de su timidez. Casi sin darse
cuenta, se encuentra sentado en la ajustada superficie de la esterilla y a su
lado, ¡benditos sean los hados!, la jovencita más maravillosa del mundo está
charlando con él con toda naturalidad, como si se conocieran de siempre. Y nada
que ver con la descarada de la otra. Lorena parece ser una chica simpática,
modosa, muy normalita y que más que charlar por los codos sabe escuchar
atentamente. Cuando Sergio le cuenta que también él es medio senillarense el
diálogo se hace más fluido por momentos.
- ¿O sea, que tu familia es de aquí? ¡Qué guay! Cuéntame
cómo es eso.
- De aquí es la familia de mi madre. Mi abuelo es Andrés
Roca, seguramente lo conocerás por su apodo, el Punchent.
- Lo conozco, aunque creo que nunca he hablado con él, pero
sé quién es y hasta donde vive. Bueno, eso en un pueblo pequeño como éste es lo
normal, aquí, aunque sólo sea de vista, nos conocemos todos. En cambio, a ti no
te había visto nunca.
- Es que vivo en Madrid y al pueblo sólo me traían mis
padres de vez en cuando, pero como murió la abuela ahora paso las vacaciones
con el abuelo.
- Que envidia me das, lo chulo que debe de ser vivir en una
gran ciudad como Madrid. ¿Y qué haces, estudias o trabajas?
A partir de la
pregunta, clásica donde las haya durante generaciones, surge otro Sergio:
aplomado, parlanchín, desenvuelto y hasta gracioso. Tiene mucho que contar,
sobre su vida, sus estudios, lo que piensa ser de mayor… En el transcurso de la
charla hasta descubren que sus madres fueron a la escuela del pueblo en los
mismos años, por lo que han de conocerse. En una pausa de la charla, Lorena se
queja del mucho calor que hace y Sergio sugiere que en el agua estarán mejor.
Sin dudarlo, ambos se sumergen en el mar. En efecto, dentro la calorina es
mucho menor. Sergio la reta a una carrera. Enseguida ve que no ha sido buena
idea, Lorena nada rematadamente mal y en cuanto da unas cuantas brazadas traga
un sorbo de agua y comienza a toser. Salen del mar y, para reparar su error, la
invita a un helado. Sentados en la heladería, y con Sergio hablando por los
codos ante la atenta actitud de Lorena, discurre la mañana que para el muchacho
ha sido la más maravillosa de todos cuantos veranos recuerda.
Aquella noche, en la amplia y destartalada habitación en la que duerme Sergio, el muchacho no hace más que repetir: ¿será posible que una chica tan maravillosa me esté haciendo caso?
martes, 1 de octubre de 2013
2.11. Tendremos parte de la tarta
Una vez que el director general
adjunto de Cajaeuropa tiene su bonus personal asegurado por los principales
socios de BACHSA, convoca al director de la caja en Senillar para informarle de
los últimos acontecimientos.
- Agustín, el acuerdo con la gente de BACHSA está muy encaminado, casi
con plena seguridad van a llevar adelante el proyecto de urbanizar la costa, lo
que te coloca en una posición clave. Vamos a reforzar tu oficina con más
personal. Las grandes cifras en lo que respecta a la financiación vamos a
gestionarlas desde la central, pero en todo lo concerniente a los préstamos a
pequeños proveedores, a cuentas de crédito a los subcontratistas locales y,
especialmente, en lo referente al negocio hipotecario lo vas a manejar tú y
tendrás un amplio margen de maniobra.
- Gracias por la confianza, Gaspar. Puedes estar seguro de que no os voy
a defraudar, ni al consejo de administración ni, particularmente, a ti.
- No lo dudo, ahora bien, en esta operación hay algo que quiero que te
quede bien claro. Tengo plena confianza en tu capacidad y sé que lo harás bien,
pero si en algún momento ves que el volumen del negocio supera tus fuerzas
espero de tu probada lealtad que me lo hagas saber.
- Gaspar, estoy convencido de que voy a poder gestionar el asunto de la
mejor forma posible.
- Cuento con ello, pero insisto, si la magnitud de la operación llegara
a desbordarte, no dudes ni un segundo en planteármelo. Te buscaría un nuevo
puesto en la central con más categoría profesional y mejor sueldo. Te digo esto
para que estés tranquilo al saber que en todo momento vas a tener las espaldas
cubiertas. Es mucho lo que la caja va a invertir en la operación y pretendemos
que todos los actores, principales o secundarios, que participéis de manera
activa en el proyecto sepáis que la dirección os va a respaldar.
De camino a Senillar, Badenes
no deja de pensar en la reunión mantenida con su nuevo jefe mientras una
sonrisa maquiavélica se dibuja en su boca. Parece como si Moltó se hubiese
olvidado de que quien comenzó a tirar del hilo de la cometa del proyecto
urbanizador fue él. No le ha parecido oportuno recordárselo, así como tampoco
le ha dicho que él no estudió en una universidad norteamericana, pero que en el
seminario le enseñaron que para obrar con provecho no hay que dar puntada sin
hilo y que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
En cuanto llega al pueblo le
falta tiempo para llamar a José Ramón Arbós y Amador Garcés; son las personas
que, desde el primer día, ha elegido como futuros socios y, en cierto modo,
hombres de paja para llevar a la práctica la trama que ha diseñado para
quedarse con una porción del pastel que se está cocinando. Cuando se juntan los
tres en la suite de un hotel de Benialcaide, y sin apenas preámbulos, Badenes
les pone en antecedentes:
- Hay muchas probabilidades de que una gran empresa constructora urbanice
buena parte de la costa del pueblo. Incluso, si las cosas fueran bien, hasta
piensan construir algo especial en el marjal. Os lo cuento porque ésta va a ser
una ocasión única para ganar millones a espuertas. Los empresarios en cuestión
van a necesitar a gente de aquí que les sirva de puente para acceder a los del
Ayuntamiento, así como para que actúen de intermediarios y agentes de la
propiedad inmobiliaria en la compra de terrenos y en la posterior venta de
apartamentos – Antes de facilitar más
detalles, Badenes formula una pregunta cuya respuesta ya conoce, pero que en
todo caso plantea - ¿Os interesaría participar en el negocio?
Arbós y Garcés casi se quitan
la palabra en su prisa por contestar. Como suele ocurrir entre ellos, es Amador
quien cede la palabra a José Ramón.
- Naturalmente que sí, Agustín, y te agradecemos sinceramente que hayas
pensado en nosotros. Creo que puedo asegurarte en nombre de los dos que nos
tienes a tu entera disposición.
- Estoy totalmente de acuerdo con lo dicho por José Ramón y añado –
remacha Garcés – que es algo que no olvidaremos y que, en su momento, sabremos
agradecerte.
- Luego hablaremos de agradecimientos. De momento vamos a dejar algunas
cuestiones muy claritas. Lo que os voy a proponer no es negociable, o aceptáis
el paquete entero o lo dejamos correr. En el negocio que os ofrezco, vosotros
seréis los que daréis la cara, yo no puedo aparecer como involucrado por mi
posición como empleado de la caja. Las decisiones a adoptar en el transcurso de
la operación las tomaremos los tres, pero sólo yo tendré capacidad de veto si
alguna propuesta no me parece correcta, algo que espero que no ocurra. Ah, y
otra cuestión, también os pido discreción. De lo que hablemos aquí hoy, o en el
futuro, no debéis contar una sola palabra. ¿De acuerdo?
Arbós y Garcés asienten al
unísono sin mirarse siquiera.
Una vez obtenido el
asentimiento de sus interlocutores, el bancario prosigue con sus explicaciones:
- Pasemos al operativo. Lo primero a llevar a cabo es que habrá que activar
ARBOGAR para convertirla en el centro gestor de la compra de terrenos. Eso en
principio, en una segunda fase tendrá más actividades. Hay algo más, para
afrontar con solvencia el volumen de negocio que tendrá que manejar la empresa
resulta de todo punto imprescindible que llevéis a cabo una ampliación de
capital – Sin dar tiempo a que intervengan sus interlocutores, Badenes les
tranquiliza-. No os preocupéis, la ampliación técnicamente no os costará un
duro, pues la práctica totalidad la suscribiré yo por medio de persona
interpuesta, seguramente será un primo de
mi mujer. Por supuesto, la ampliación de capital la realizaréis sin dar un
cuarto al pregonero. ¿Algún problema al respecto?
Tanto Arbós como Garcés, tras
cruzar una rápida mirada, se apresuran a asentir. Badenes prosigue su
explicación:
- Como una de las primeras actuaciones que realizará la nueva ARBOGAR
será la compra de terrenos, tenéis que fichar a un equipo de gente de plena
confianza para que, en cuanto me confirmen que la caja y los promotores han
cerrado el acuerdo, se pongan a comprar fincas lo más cercanas al mar. Al
principio los corredores contarán que compran para unos empresarios cerámicos
de Villarreal que adquieren la tierra para plantar nuevos huertos de naranjos
como medio de desgravar impuestos. Es posible que no todos se lo traguen, pero
servirá para los primeros días, luego habrá que contar la verdad.
¿Hasta aquí me seguís?
Garcés vuelve a cabecear
asintiendo, en cambio Arbós parece no tenerlo tan claro. Los ricos siempre
suelen tener miedo de dejar de serlo, por eso son tan cuidadosos con sus
dineros.
- ¿Y qué pasa si la operación sale mal o si la caja y los promotores
rompen su acuerdo? ¿Y si los de la constructora no quieren quedarse con los
terrenos comprados? ¿Qué haríamos entonces con ellos?
- José Ramón, tus preguntas me parecen muy apropiadas, pero tranquilo
que tengo respuestas para todas. Vais a comprar fincas, no con vuestro dinero
sino con el que la caja prestará a los constructores, por tanto todas las
operaciones que hagamos van a estar totalmente aseguradas, aun en el supuesto,
harto improbable, de que la caja y los empresarios rompieran sus acuerdos.
- ¿Entonces…? – Arbós aún muestra una última reticencia.
- Entonces, José Ramón, este negocio es tan seguro como si lo avalara el
Banco de España. Ahora bien, si tienes la más mínima duda, no hay problema,
buscaré otros socios…
Quien se apresura a intervenir
es Amador Garcés que, a la par que fulmina a su socio con la mirada, asegura:
- No es necesario que busques a nadie, Agustín. Nos tienes a nosotros
para cuanto quieras. Las dudas expresadas por José Ramón debes entenderlas como
más retóricas que otra cosa. En otras palabras, no busques a nadie, somos tus
hombres. ¿No es así, socio?
- Claro que sí. Tus explicaciones, Agustín, me han convencido – asegura
Arbós.
- No esperaba otra respuesta de vosotros. Y os prometo una cosa: aquí se
va a hornear una tarta espléndida y nosotros vamos a reclamar una porción y, tanto
si quieren como si no, nuestra parte no nos la va a quitar nadie.
domingo, 29 de septiembre de 2013
EL BLOG SE INTERNACIONALIZA
viernes, 27 de septiembre de 2013
2.10. Una huida en toda regla
La confidencia de
una de las chicas de la pandilla de Lorena de que el forastero que les mira a
hurtadillas estudia para ingeniero provoca las risas de las muchachas, pero
también suscita su atención salvo la de Lorena que se muestra desdeñosa con el
presunto interés del muchacho por ella.
– Vaya muermo el sosaina ese. Lo que pasa es que sois unas
ansiosas y tú la que más – acusa Lorena dirigiéndose a Mariasun -. Chorbo que
pasa, chorbo que quieres ligártelo. ¿Pues sabes qué?, te lo regalo enterito –
afirma displicente.
- ¿De verdad no te importa que me lo ligue? – La petición
suena medio en serio medio en broma.
- Todo para ti, aunque no creo que consigas mucho de ese
lelo. Yo tenía la impresión de que los tíos de la capital eran más echaos pa lante,
pero se ve que hay de todo y éste es más parao que el quiosco del paseo.
- Será todo lo parao que tú quieras, pero a un tío hay mil
formas de ponerlo en marcha y yo me sé unas cuantas. Ya veréis como me lo ligo en
nada. Y lo voy a tener como un corderito. Nos vamos a divertir mogollón –
asegura Mariasun muy convencida.
Ajeno a que ha
pasado a ser objeto de envite, Sergio sigue echando miradas por encima del
libro que simula leer. De pronto, algo se interpone entre él y un sol que hoy
aprieta de lo lindo. Levanta la vista. Es una jovencita llamativamente
curvilínea que luce un minúsculo bikini que deja poco trabajo a la imaginación.
- Hola. Me han dicho que eres de Madrid, ¿es cierto? –
pregunta la muchacha con desparpajo y una sonrisa por bandera.
- Siii – contesta bastante sorprendido.
- Verás, te lo pregunto porque igual me voy a trabajar a la
capital ¿Te importa que me siente? – La jovencita sin esperar respuesta alguna
se acomoda a su lado -. Pues lo que te contaba. No conozco nada de los Madriles
y me he dicho: a lo mejor ese chico que parece tan molón me puede contar cosas
de allí. Creo que hay mogollón de movida. ¿Por qué barrios hay más discos para
mover el esqueleto? Tú tienes pinta de sabértelos todos. Me han contado que hay
un barrio que se llama Malasaña donde la movida no para en toda la noche. También
me han dicho que…
Sergio se siente un
tanto sobrepasado ante la verborrea de la chica, que es que no para. Piensa que
si es que va a Madrid a trabajar sorprendentemente sólo le formula preguntas
sobre la movida, lugares de ocio y discotecas donde mover el esqueleto como
repite una y otra vez. Todo ello acompañado por una mímica peculiar y una
sonrisa deslumbrante, aunque lo que pone al muchacho un tanto nervioso es que
está continuamente subiéndose uno de los tirantes de la parte superior del
bikini que muestra una terca tendencia a bajarse. Aprovecha una pausa en la
perorata de la muchacha para soltarle:
- Creo que no voy poder darte muchas pistas sobre lo que
preguntas. Yo estudio y salgo poco y menos por la noche. A mis padres no les
gusta que llegue tarde a casa.
La respuesta no
parece desanimar a la joven que prosigue su charla:
- Ay, no te lo he dicho. Me llamo María Asunción, pero los
amigos me dicen Mariasun. ¿Tú cómo te llamas?
- Sergio.
- Un nombre de lo más guay. ¿Te gusta mover el esqueleto,
tío? Te lo pregunto porque esta noche tenemos un bailongo en la parte de atrás
del bar de la Chelo. ¿Sabes dónde está? ¿No? ¿Tú conoces dónde comienza la
carretera de la playa? Pues es la penúltima casa del pueblo, bajando a la
izquierda. Ya verás el letrero, pone bar Solera. Entra y junto a la puerta de
los servicios hay una salida que da al patio trasero. Te espero. Sobre las once
más o menos. No me falles, eh.
Sergio no piensa aceptar
la invitación de Mariasun pues le parece que tiene la cabeza llena de pájaros,
aunque reconoce que está un rato buena. Luego se le ocurre que, a lo mejor,
también estará allí Lorena. Basta esa idea para que no lo dude, a la hora
convenida se acerca al bar y se encuentra con un grupo de gente de su edad que
más que bailar está haciendo el ganso y trasegando lo que parece tinto de
verano en vasos de plástico. En cuanto le ve entrar, Mariasun se lanza a por él
como si fuera su botín de guerra.
- ¡Qué guay, has venido! Ya creía que me ibas a dar plantón.
Que polo más mono llevas, me tienes que decir dónde lo has comprado. Ven,
prueba el brebaje que han preparado esos cafres y verás el subidón que te da.
El chico se echa al
coleto un trago de la bebida que resulta no ser lo que creía. De tinto de
verano nada. Le da un ataque de tos porque el chupito le está escociendo el
estómago.
- Ves lo que te decía, es una mezcla espantosa. Vamos a
mover el esqueleto.
- Yo… es que bailo muy mal – se excusa el muchacho que, una
vez que ha dejado de toser, ya ha localizado a Lorena.
- No te preocupes, aquí de lo que se trata es de divertirse
a tope y mantener el buen rollo.
La muchacha
arrastra a Sergio al centro de un mínimo cuadrado de cemento que sirve de pista
de baile. Le planta las dos manos en el cuello y comienza a charlar. No calla.
Plantea preguntas y antes de que el chico pueda contestarlas ya ha saltado a
otro asunto. Al cabo de un buen rato, la joven parece cansarse de la
cháchara, pero la actitud que adopta entonces aún pone más inquieto a Sergio.
Se le pega como una lapa, apoya su cabeza contra la suya y lo peor de todo es
que, sin ninguna clase de pudor, comienza a restregar su bajo vientre contra el
del muchacho. Su primera reacción es dejar de bailar con cualquier excusa, pero
antes de ser capaz de balbucear una disculpa inopinadamente su sexo responde al
roce. El sofocón que se lleva el muchacho es de órdago porque con el pantalón
de verano no hay manera de ocultar el bulto que muestra. Se impone seguir
bailando antes de que los demás se den cuenta de lo que le pasa y convertirse
en objeto del cachondeo generalizado. Mariasun, que sí se ha dado cuenta,
parece que se lo esté pasando en grande y cada vez se arrima más y se pone más
cariñosa.
El pobre Sergio
nunca había sentido tanta vergüenza. No se atreve a buscar con la mirada a
Lorena ni a mirar a nadie porque está convencido de que todos se han dado
cuenta de lo que ocurre y la rechifla debe ser generalizada. Hunde su cabeza en
el cuello de Mariasun que responde a su movimiento con unos mordisquitos en el
cuello que terminan por desquiciarlo del todo. En algún momento de lo que está
siendo un calvario llega a sospechar que puede eyacular en cualquier instante.
La presunción le parece tan definitivamente desastrosa que su organismo genera
una curiosa reacción. Paulatinamente, la erección va decreciendo hasta casi
desaparecer. Llegado a ese punto, decide no seguir tentando al diablo y, con la
excusa de que tiene que volver a casa porque ha de ayudar a su abuelo, sale disparado
del bar, sin mirar a derecha e izquierda. Es una huida en toda regla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)