martes, 8 de octubre de 2013

2.13. La contabilidad es como el chicle

   Gaspar Moltó, director general adjunto de Cajaeuropa, informa a Agustín Badenes, encargado de la entidad en Senillar, que el acuerdo entre la caja y BACHSA es pleno y que en breve el directorio de la empresa enviará una delegación al pueblo para comenzar los contactos con las personas que van a ser sus representantes oficiosos y los muñidores del poder municipal.
- Ni que decir tiene, Agustín, que las personas que elijas para un cometido tan delicado y trascendente tendrán que ser de la máxima confianza en todos los órdenes.
- No te preocupes, Gaspar, la gente de la compañía no va a tener ningún problema. Tengo ya en cartera dos nombres, son personas de prestigio y de peso en el pueblo y con notable ascendencia en los partidos locales mayoritarios. Por su mediación, y con una retribución condigna, tendremos controlados todos los resortes locales de poder.
- Ya que citas las retribuciones, ha de saber que, independientemente de las primas establecidas por la caja a medida que crezcan y mejoren los balances de tu oficina, me encargaré personalmente de que recibas un bonus especial en cuanto comiencen las obras y que la cuantía de las sucesivas primas sea proporcional al flujo crediticio que se genere.
   Badenes agradece efusivamente a su superior la confianza que deposita en él, así como los bonus prometidos, aunque se dice para su coleto que para pluses los que generará la trama que ha puesto en marcha y a la que todavía le falta el estrambote final. En cuanto llega el pueblo se pone en contacto con Garcés.
- Amador, es imprescindible que esta tarde nos veamos. Nos reuniremos en el mismo hotel de Benialcaide donde nos juntamos la otra vez, pero en esta ocasión sólo estaremos los dos. De esta cita ni una palabra a nadie y menos a José Ramón, ¿entendido?

   Badenes conoce bien a Garcés y no duda que aceptará el trato que le va a proponer. Sabe que estar siempre en un segundo plano respecto a Arbós ha hecho que germine en él la envidia y un cierto rencor, puesto que es mucho más inteligente que su socio, pero en cambio ha de darle la primacía en todo, no en balde es quien pone el dinero. El bancario se guarda, además, un as en la manga. Cuando ARBOGAR estaba operativa, descubrió casualmente que Garcés manipulaba la contabilidad, lo que le servía para detraer beneficios que iban directamente a su bolsillo sin que se enterase Arbós. El método que utilizaba era bastante chapucero y casi resultaba milagroso que ni Hacienda ni José Ramón lo hubiesen detectado. De su descubrimiento no dijo una palabra, quizá sea éste el día en que tenga que desvelarlo si Garcés no se aviene a razones, aunque no cree que llegue a ocurrir. Sabe cuáles son las teclas que hay que tocar.

   De entrada, Badenes plantea la charla tocando la fibra de la vanidad de Garcés.
- Amador, después de la reunión de ayer me quedó, no sé cómo decirlo, yo diría que mal sabor de boca.
- ¿Y por qué?
- Básicamente porque el acuerdo al que llegamos no es justo contigo.
- ¿No es justo? No lo entiendo, Agustín, como no me lo expliques con bolas de colores…
- Verás. A partir de ahora, vamos a ser tres los socios de ARBOGAR. El mayoritario, ¿qué trabajo va a llevar a cabo? Prácticamente, ninguno. José Ramón, como hace siempre, ni va a aparecer por el despacho. En cambio, los dos minoritarios vamos a ser los que llevemos todo el peso de la empresa. Con una notable diferencia, que yo, al ser socio en la sombra, tendré que trabajar en la trastienda, sólo quedarás tú para dar la cara. La situación que acabo de describir plantea algunos interrogantes. ¿Quién va a ser, permíteme la expresión, el burro de trabajo?, ¿quién se va a ocupar de que todo funcione con eficacia y eficiencia?, ¿quién será el que se preocupe y pase malos ratos cuando algo no salga tan bien como se esperaba? La respuesta es sólo una: Amador Garcés.

   El aludido hace un gesto de asentimiento y da la réplica al bancario:
- Lo que dices es tan cierto como que ahora luce el sol, pero ya estoy acostumbrado. Siempre me ha tocado bailar con la más fea y supongo que me seguirá tocando. Son los gajes de haber nacido en una familia humilde y no en una de los ricachos del pueblo. Aun así estoy contento con mi suerte. He conseguido un patrimonio como nunca pude soñar y mis hijas podrán hacer algo con lo que su padre ni siquiera pudo soñar, ir a la universidad. En todo caso, Agustín, te agradezco sinceramente tus palabras, dicen mucho de la clase de hombre que eres.
- Quien acaba de demostrar tu calidad como persona eres tú, Amador, pero el valor de tu papel en el proyecto que vamos a iniciar me sigue pareciendo que es poco reconocido. Y me acuso de no haberlo previsto antes, de no haber sido lo suficientemente previsor para haber organizado el acuerdo con otros mimbres. Te mereces más, mucho más de los derechos que te van a reportar tus acciones en ARBOGAR.
- Bueno, Agustín, las cosas son como son y no como deberían ser, pero una vez más te agradezco sinceramente el interés que demuestras y que hace que esté todavía más en deuda contigo.

   Badenes hace un gesto como rechazando la gratitud que le muestra Garcés y prosigue tocando la tecla del rencor hacia el que nació en cuna dorada:
- Mira, Amador, al contrario que con Arbós, tú y yo tenemos muchas cosas en común, ambos procedemos de familias humildes, hemos tenido que luchar duro en la vida y hemos sido capaces de abrirnos camino. Creo que nos ha llegado la hora de tener nuestra parte del pastel, la que nos merecemos.
   Llegado ese momento, es cuando el bancario explica a su interlocutor lo que tiene en mente para que ambos, que son los únicos que van a dar el callo, vean recompensados justamente sus esfuerzos. En la nueva ARBOGAR crearán tres contabilidades cuya existencia sólo conocerán ambos. La oficial, la opaca para el fisco y una tercera que servirá para que parte de los beneficios vaya directamente a sus bolsillos que, al fin y al cabo, serán los curritos del negocio. Garcés protesta, más para cumplir con las formas que otra cosa. Al fin, y tras hacerse el digno, acepta el acuerdo que le propone el bancario.
- Lo que tendrás que explicarme mejor, Agustín, y sé que éste no es el momento, es como voy a detraer tu participación en las operaciones que llevemos a cabo sin que dejen rastro, tanto para José Ramón como para los cabrones de Hacienda.
- De ese asunto no te preocupes. Es cuestión de ingeniería contable que es mi especialidad. Al fin y a la postre, la contabilidad es como el chicle, se puede estirar a voluntad.

viernes, 4 de octubre de 2013

2.12. ¿Hace una apuesta?

   Sergio vuelve a estar en la playa al día siguiente de su penosa experiencia, en la que a punto estuvo de pringarse, por culpa de la descocada manera de conducirse del putón verbenero de Mariasun, así la ha calificado. Se ha dicho a sí mismo que hoy sin falta ha de abordar a Lorena. Cuando ve llegar a la muchacha, junto a sus amigas, da un paso adelante, pero su intención se disuelve como una burbuja de lluvia primaveral al descubrir con pavor que Mariasun se dirige en su busca. Se levanta de un salto, coge apresuradamente la esterilla de mimbre, la toalla, la crema bronceadora y el libro que ha estado leyendo y sale disparado sin mirar atrás. No le importa lo que puedan decir de su escapada. Todo vale antes de que aquella calientapollas le ponga la mano encima.

   La espantada de Sergio está siendo motivo de las chirigotas de la pandilla que especialmente se ceban con Mariasun.
- Lo tuyo es de campeonato, tía. No sé qué le hiciste ayer al pichafloja del madrileñito, pero en cuanto te ha visto ha huido como un conejo.
- Si a todos te los ligas así no te vas a comer una rosca en todo el verano.
- Como no te pongas de rebajas como el Corte Inglés te vas a quedar sin un tronco al que echarle la zarpa.
   Para tapar bocas y rebajar la general rechifla, Mariasun hace sus amigas una revelación. Sabe cuánto les gustan los cotilleos y más si atañen al sexo.
- ¿Sabéis una cosa de ese pasmao? Anoche mientras bailábamos le arrimé la mandarina y se le puso más dura que una piedra. Por un momento creí que iba a correrse. Y no creáis, por el bulto me pareció que está bien armado, pero en algo tenéis razón, es un flojeras, al cabo de un ratito se le quedó morcillona. No creo que nadie saque nada de ese capullo, pero si alguna se anima lo puede intentar. Yo no pienso dedicar a ese sieso ni un minuto más.

   Lorena, que tiene enfilada a Mariasun, recoge el guante:
- Lo que pasa es que no sabes cómo manejar a un tío como ese. Te aseguro que, como me lo proponga, a ese chorbo le puedo tener comiendo de la mano en menos de una semana. ¿Hace una apuesta? – pregunta mirando a Mariasun.
- ¿Qué nos jugamos? - Es la respuesta de la aludida.
- La que pierde se paga unas rondas en casa Chelo.
- Unas rondas, pero sin barra libre, eh – precisa Mariasun.
- Hecho, y ve guardando pasta para pagar el pedo que nos vamos a coger – anticipa Lorena, como muy segura de sus posibilidades.
- ¿Te lo piensas tirar? – quiere saber la cotilla de Anabelén.
- Si hace falta echar un quiqui me sacrificaré, pero igual no es necesario. Lo que pienso hacer es ligármelo, le haré creer que estoy loquita por sus huesos y luego lo dejaré tirado como una colilla. Nos vamos a reír mogollón.

   Un día más Sergio vuelve a la playa, hay pocos más sitios en Senillar dónde ir en verano, pero se oculta de las miradas ajenas tras un tenderete de helados. Considera que allí está a salvo de las acometidas de la loca de Mariasun. Lo que menos podía esperar es que quien se le acerca esta vez es Lorena. La jovencita en plan modoso y hasta algo compungido lo aborda.   
- Perdona, ¿puedo hablar contigo un momento? – sin esperar respuesta continúa -. Verás, me lo han pedido las amigas, queremos pedirte disculpas por el comportamiento de Mariasun. Es una borde y una pringada. No sé qué opinión te habrás formado de las pibas de aquí, pero quiero decirte que la mayor parte; bueno, ninguna es como esa cabeza loca. He querido decírtelo porque no soporto la idea de que pienses que las demás somos tan ordinarias y descaradas como ella. Sólo quería decirte eso. Adiós.
   Apenas la jovencita ha dado tres pasos cuando Sergio reacciona, se levanta como un resorte y corre tras ella.
- Por favor, espera un momento. No quiero que te vayas sin darte las gracias. Ha sido muy guay y muy valiente por tu parte contármelo. Ah, me llamo Sergio – y le tiende la mano.
- Hola Sergio. Yo me llamo Lorena. Nos dijo la tontorrona de Mariasun que eres de Madrid. ¿Es verdad?

   Es la excusa que necesitaba el muchacho para soltar el lastre de su timidez. Casi sin darse cuenta, se encuentra sentado en la ajustada superficie de la esterilla y a su lado, ¡benditos sean los hados!, la jovencita más maravillosa del mundo está charlando con él con toda naturalidad, como si se conocieran de siempre. Y nada que ver con la descarada de la otra. Lorena parece ser una chica simpática, modosa, muy normalita y que más que charlar por los codos sabe escuchar atentamente. Cuando Sergio le cuenta que también él es medio senillarense el diálogo se hace más fluido por momentos.
- ¿O sea, que tu familia es de aquí? ¡Qué guay! Cuéntame cómo es eso.
- De aquí es la familia de mi madre. Mi abuelo es Andrés Roca, seguramente lo conocerás por su apodo, el Punchent.
- Lo conozco, aunque creo que nunca he hablado con él, pero sé quién es y hasta donde vive. Bueno, eso en un pueblo pequeño como éste es lo normal, aquí, aunque sólo sea de vista, nos conocemos todos. En cambio, a ti no te había visto nunca.
- Es que vivo en Madrid y al pueblo sólo me traían mis padres de vez en cuando, pero como murió la abuela ahora paso las vacaciones con el abuelo.
- Que envidia me das, lo chulo que debe de ser vivir en una gran ciudad como Madrid. ¿Y qué haces, estudias o trabajas?

   A partir de la pregunta, clásica donde las haya durante generaciones, surge otro Sergio: aplomado, parlanchín, desenvuelto y hasta gracioso. Tiene mucho que contar, sobre su vida, sus estudios, lo que piensa ser de mayor… En el transcurso de la charla hasta descubren que sus madres fueron a la escuela del pueblo en los mismos años, por lo que han de conocerse. En una pausa de la charla, Lorena se queja del mucho calor que hace y Sergio sugiere que en el agua estarán mejor. Sin dudarlo, ambos se sumergen en el mar. En efecto, dentro la calorina es mucho menor. Sergio la reta a una carrera. Enseguida ve que no ha sido buena idea, Lorena nada rematadamente mal y en cuanto da unas cuantas brazadas traga un sorbo de agua y comienza a toser. Salen del mar y, para reparar su error, la invita a un helado. Sentados en la heladería, y con Sergio hablando por los codos ante la atenta actitud de Lorena, discurre la mañana que para el muchacho ha sido la más maravillosa de todos cuantos veranos recuerda.

   Aquella noche, en la amplia y destartalada habitación en la que duerme Sergio, el muchacho no hace más que repetir: ¿será posible que una chica tan maravillosa me esté haciendo caso?


martes, 1 de octubre de 2013

2.11. Tendremos parte de la tarta

   Una vez que el director general adjunto de Cajaeuropa tiene su bonus personal asegurado por los principales socios de BACHSA, convoca al director de la caja en Senillar para informarle de los últimos acontecimientos.
- Agustín, el acuerdo con la gente de BACHSA está muy encaminado, casi con plena seguridad van a llevar adelante el proyecto de urbanizar la costa, lo que te coloca en una posición clave. Vamos a reforzar tu oficina con más personal. Las grandes cifras en lo que respecta a la financiación vamos a gestionarlas desde la central, pero en todo lo concerniente a los préstamos a pequeños proveedores, a cuentas de crédito a los subcontratistas locales y, especialmente, en lo referente al negocio hipotecario lo vas a manejar tú y tendrás un amplio margen de maniobra.
- Gracias por la confianza, Gaspar. Puedes estar seguro de que no os voy a defraudar, ni al consejo de administración ni, particularmente, a ti.
- No lo dudo, ahora bien, en esta operación hay algo que quiero que te quede bien claro. Tengo plena confianza en tu capacidad y sé que lo harás bien, pero si en algún momento ves que el volumen del negocio supera tus fuerzas espero de tu probada lealtad que me lo hagas saber.
- Gaspar, estoy convencido de que voy a poder gestionar el asunto de la mejor forma posible.
- Cuento con ello, pero insisto, si la magnitud de la operación llegara a desbordarte, no dudes ni un segundo en planteármelo. Te buscaría un nuevo puesto en la central con más categoría profesional y mejor sueldo. Te digo esto para que estés tranquilo al saber que en todo momento vas a tener las espaldas cubiertas. Es mucho lo que la caja va a invertir en la operación y pretendemos que todos los actores, principales o secundarios, que participéis de manera activa en el proyecto sepáis que la dirección os va a respaldar.

   De camino a Senillar, Badenes no deja de pensar en la reunión mantenida con su nuevo jefe mientras una sonrisa maquiavélica se dibuja en su boca. Parece como si Moltó se hubiese olvidado de que quien comenzó a tirar del hilo de la cometa del proyecto urbanizador fue él. No le ha parecido oportuno recordárselo, así como tampoco le ha dicho que él no estudió en una universidad norteamericana, pero que en el seminario le enseñaron que para obrar con provecho no hay que dar puntada sin hilo y que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
   En cuanto llega al pueblo le falta tiempo para llamar a José Ramón Arbós y Amador Garcés; son las personas que, desde el primer día, ha elegido como futuros socios y, en cierto modo, hombres de paja para llevar a la práctica la trama que ha diseñado para quedarse con una porción del pastel que se está cocinando. Cuando se juntan los tres en la suite de un hotel de Benialcaide, y sin apenas preámbulos, Badenes les pone en antecedentes:
- Hay muchas probabilidades de que una gran empresa constructora urbanice buena parte de la costa del pueblo. Incluso, si las cosas fueran bien, hasta piensan construir algo especial en el marjal. Os lo cuento porque ésta va a ser una ocasión única para ganar millones a espuertas. Los empresarios en cuestión van a necesitar a gente de aquí que les sirva de puente para acceder a los del Ayuntamiento, así como para que actúen de intermediarios y agentes de la propiedad inmobiliaria en la compra de terrenos y en la posterior venta de apartamentos  – Antes de facilitar más detalles, Badenes formula una pregunta cuya respuesta ya conoce, pero que en todo caso plantea - ¿Os interesaría participar en el negocio?

   Arbós y Garcés casi se quitan la palabra en su prisa por contestar. Como suele ocurrir entre ellos, es Amador quien cede la palabra a José Ramón.
- Naturalmente que sí, Agustín, y te agradecemos sinceramente que hayas pensado en nosotros. Creo que puedo asegurarte en nombre de los dos que nos tienes a tu entera disposición.
- Estoy totalmente de acuerdo con lo dicho por José Ramón y añado – remacha Garcés – que es algo que no olvidaremos y que, en su momento, sabremos agradecerte.
- Luego hablaremos de agradecimientos. De momento vamos a dejar algunas cuestiones muy claritas. Lo que os voy a proponer no es negociable, o aceptáis el paquete entero o lo dejamos correr. En el negocio que os ofrezco, vosotros seréis los que daréis la cara, yo no puedo aparecer como involucrado por mi posición como empleado de la caja. Las decisiones a adoptar en el transcurso de la operación las tomaremos los tres, pero sólo yo tendré capacidad de veto si alguna propuesta no me parece correcta, algo que espero que no ocurra. Ah, y otra cuestión, también os pido discreción. De lo que hablemos aquí hoy, o en el futuro, no debéis contar una sola palabra. ¿De acuerdo?
   Arbós y Garcés asienten al unísono sin mirarse siquiera.

   Una vez obtenido el asentimiento de sus interlocutores, el bancario prosigue con sus explicaciones:
- Pasemos al operativo. Lo primero a llevar a cabo es que habrá que activar ARBOGAR para convertirla en el centro gestor de la compra de terrenos. Eso en principio, en una segunda fase tendrá más actividades. Hay algo más, para afrontar con solvencia el volumen de negocio que tendrá que manejar la empresa resulta de todo punto imprescindible que llevéis a cabo una ampliación de capital – Sin dar tiempo a que intervengan sus interlocutores, Badenes les tranquiliza-. No os preocupéis, la ampliación técnicamente no os costará un duro, pues la práctica totalidad la suscribiré yo por medio de persona interpuesta, seguramente será un primo  de mi mujer. Por supuesto, la ampliación de capital la realizaréis sin dar un cuarto al pregonero. ¿Algún problema al respecto?
   Tanto Arbós como Garcés, tras cruzar una rápida mirada, se apresuran a asentir. Badenes prosigue su explicación:
- Como una de las primeras actuaciones que realizará la nueva ARBOGAR será la compra de terrenos, tenéis que fichar a un equipo de gente de plena confianza para que, en cuanto me confirmen que la caja y los promotores han cerrado el acuerdo, se pongan a comprar fincas lo más cercanas al mar. Al principio los corredores contarán que compran para unos empresarios cerámicos de Villarreal que adquieren la tierra para plantar nuevos huertos de naranjos como medio de desgravar impuestos. Es posible que no todos se lo traguen, pero servirá para los primeros días, luego habrá que contar la verdad.
¿Hasta aquí me seguís?

   Garcés vuelve a cabecear asintiendo, en cambio Arbós parece no tenerlo tan claro. Los ricos siempre suelen tener miedo de dejar de serlo, por eso son tan cuidadosos con sus dineros.
- ¿Y qué pasa si la operación sale mal o si la caja y los promotores rompen su acuerdo? ¿Y si los de la constructora no quieren quedarse con los terrenos comprados? ¿Qué haríamos entonces con ellos?
- José Ramón, tus preguntas me parecen muy apropiadas, pero tranquilo que tengo respuestas para todas. Vais a comprar fincas, no con vuestro dinero sino con el que la caja prestará a los constructores, por tanto todas las operaciones que hagamos van a estar totalmente aseguradas, aun en el supuesto, harto improbable, de que la caja y los empresarios rompieran sus acuerdos.
- ¿Entonces…? – Arbós aún muestra una última reticencia.
- Entonces, José Ramón, este negocio es tan seguro como si lo avalara el Banco de España. Ahora bien, si tienes la más mínima duda, no hay problema, buscaré otros socios…
   Quien se apresura a intervenir es Amador Garcés que, a la par que fulmina a su socio con la mirada, asegura:
- No es necesario que busques a nadie, Agustín. Nos tienes a nosotros para cuanto quieras. Las dudas expresadas por José Ramón debes entenderlas como más retóricas que otra cosa. En otras palabras, no busques a nadie, somos tus hombres. ¿No es así, socio?
- Claro que sí. Tus explicaciones, Agustín, me han convencido – asegura Arbós.
- No esperaba otra respuesta de vosotros. Y os prometo una cosa: aquí se va a hornear una tarta espléndida y nosotros vamos a reclamar una porción y, tanto si quieren como si no, nuestra parte no nos la va a quitar nadie.

domingo, 29 de septiembre de 2013

EL BLOG SE INTERNACIONALIZA


Desde que, el 21 de mayo de 2013, colgué la primera entrada en el blog han sido muchas las visitas recibidas (vamos a por las 2000), la mayoría de España, pero también de otros países, 30 hasta hoy. Europeos, como Italia, Suiza o Dinamarca. Americanos, como Argentina, Canadá o Venezuela. O asiáticos, como China, India o Japón. En cuanto a los diez países donde, hasta hoy, hay más visitantes del blog son: España, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos, Alemania, Ucrania, Colombia, Francia y Brasil. Poquito a poco el blog se internacionaliza.

viernes, 27 de septiembre de 2013

2.10. Una huida en toda regla

   La confidencia de una de las chicas de la pandilla de Lorena de que el forastero que les mira a hurtadillas estudia para ingeniero provoca las risas de las muchachas, pero también suscita su atención salvo la de Lorena que se muestra desdeñosa con el presunto interés del muchacho por ella.
– Vaya muermo el sosaina ese. Lo que pasa es que sois unas ansiosas y tú la que más – acusa Lorena dirigiéndose a Mariasun -. Chorbo que pasa, chorbo que quieres ligártelo. ¿Pues sabes qué?, te lo regalo enterito – afirma displicente.
- ¿De verdad no te importa que me lo ligue? – La petición suena medio en serio medio en broma.
- Todo para ti, aunque no creo que consigas mucho de ese lelo. Yo tenía la impresión de que los tíos de la capital eran más echaos pa lante, pero se ve que hay de todo y éste es más parao que el quiosco del paseo.
- Será todo lo parao que tú quieras, pero a un tío hay mil formas de ponerlo en marcha y yo me sé unas cuantas. Ya veréis como me lo ligo en nada. Y lo voy a tener como un corderito. Nos vamos a divertir mogollón – asegura Mariasun muy convencida.

   Ajeno a que ha pasado a ser objeto de envite, Sergio sigue echando miradas por encima del libro que simula leer. De pronto, algo se interpone entre él y un sol que hoy aprieta de lo lindo. Levanta la vista. Es una jovencita llamativamente curvilínea que luce un minúsculo bikini que deja poco trabajo a la imaginación. 
- Hola. Me han dicho que eres de Madrid, ¿es cierto? – pregunta la muchacha con desparpajo y una sonrisa por bandera.
- Siii – contesta bastante sorprendido.
- Verás, te lo pregunto porque igual me voy a trabajar a la capital ¿Te importa que me siente? – La jovencita sin esperar respuesta alguna se acomoda a su lado -. Pues lo que te contaba. No conozco nada de los Madriles y me he dicho: a lo mejor ese chico que parece tan molón me puede contar cosas de allí. Creo que hay mogollón de movida. ¿Por qué barrios hay más discos para mover el esqueleto? Tú tienes pinta de sabértelos todos. Me han contado que hay un barrio que se llama Malasaña donde la movida no para en toda la noche. También me han dicho que…

   Sergio se siente un tanto sobrepasado ante la verborrea de la chica, que es que no para. Piensa que si es que va a Madrid a trabajar sorprendentemente sólo le formula preguntas sobre la movida, lugares de ocio y discotecas donde mover el esqueleto como repite una y otra vez. Todo ello acompañado por una mímica peculiar y una sonrisa deslumbrante, aunque lo que pone al muchacho un tanto nervioso es que está continuamente subiéndose uno de los tirantes de la parte superior del bikini que muestra una terca tendencia a bajarse. Aprovecha una pausa en la perorata de la muchacha para soltarle:
- Creo que no voy poder darte muchas pistas sobre lo que preguntas. Yo estudio y salgo poco y menos por la noche. A mis padres no les gusta que llegue tarde a casa.
   La respuesta no parece desanimar a la joven que prosigue su charla:
- Ay, no te lo he dicho. Me llamo María Asunción, pero los amigos me dicen Mariasun. ¿Tú cómo te llamas?
- Sergio.
- Un nombre de lo más guay. ¿Te gusta mover el esqueleto, tío? Te lo pregunto porque esta noche tenemos un bailongo en la parte de atrás del bar de la Chelo. ¿Sabes dónde está? ¿No? ¿Tú conoces dónde comienza la carretera de la playa? Pues es la penúltima casa del pueblo, bajando a la izquierda. Ya verás el letrero, pone bar Solera. Entra y junto a la puerta de los servicios hay una salida que da al patio trasero. Te espero. Sobre las once más o menos. No me falles, eh.

   Sergio no piensa aceptar la invitación de Mariasun pues le parece que tiene la cabeza llena de pájaros, aunque reconoce que está un rato buena. Luego se le ocurre que, a lo mejor, también estará allí Lorena. Basta esa idea para que no lo dude, a la hora convenida se acerca al bar y se encuentra con un grupo de gente de su edad que más que bailar está haciendo el ganso y trasegando lo que parece tinto de verano en vasos de plástico. En cuanto le ve entrar, Mariasun se lanza a por él como si fuera su botín de guerra.
- ¡Qué guay, has venido! Ya creía que me ibas a dar plantón. Que polo más mono llevas, me tienes que decir dónde lo has comprado. Ven, prueba el brebaje que han preparado esos cafres y verás el subidón que te da.
   El chico se echa al coleto un trago de la bebida que resulta no ser lo que creía. De tinto de verano nada. Le da un ataque de tos porque el chupito le está escociendo el estómago.
- Ves lo que te decía, es una mezcla espantosa. Vamos a mover el esqueleto.
- Yo… es que bailo muy mal – se excusa el muchacho que, una vez que ha dejado de toser, ya ha localizado a Lorena.
- No te preocupes, aquí de lo que se trata es de divertirse a tope y mantener el buen rollo.

   La muchacha arrastra a Sergio al centro de un mínimo cuadrado de cemento que sirve de pista de baile. Le planta las dos manos en el cuello y comienza a charlar. No calla. Plantea preguntas y antes de que el chico pueda contestarlas ya ha saltado a otro asunto. Al cabo de un buen rato, la joven parece cansarse de la cháchara, pero la actitud que adopta entonces aún pone más inquieto a Sergio. Se le pega como una lapa, apoya su cabeza contra la suya y lo peor de todo es que, sin ninguna clase de pudor, comienza a restregar su bajo vientre contra el del muchacho. Su primera reacción es dejar de bailar con cualquier excusa, pero antes de ser capaz de balbucear una disculpa inopinadamente su sexo responde al roce. El sofocón que se lleva el muchacho es de órdago porque con el pantalón de verano no hay manera de ocultar el bulto que muestra. Se impone seguir bailando antes de que los demás se den cuenta de lo que le pasa y convertirse en objeto del cachondeo generalizado. Mariasun, que sí se ha dado cuenta, parece que se lo esté pasando en grande y cada vez se arrima más y se pone más cariñosa.


   El pobre Sergio nunca había sentido tanta vergüenza. No se atreve a buscar con la mirada a Lorena ni a mirar a nadie porque está convencido de que todos se han dado cuenta de lo que ocurre y la rechifla debe ser generalizada. Hunde su cabeza en el cuello de Mariasun que responde a su movimiento con unos mordisquitos en el cuello que terminan por desquiciarlo del todo. En algún momento de lo que está siendo un calvario llega a sospechar que puede eyacular en cualquier instante. La presunción le parece tan definitivamente desastrosa que su organismo genera una curiosa reacción. Paulatinamente, la erección va decreciendo hasta casi desaparecer. Llegado a ese punto, decide no seguir tentando al diablo y, con la excusa de que tiene que volver a casa porque ha de ayudar a su abuelo, sale disparado del bar, sin mirar a derecha e izquierda. Es una huida en toda regla.

martes, 24 de septiembre de 2013

2.9. Hablando a calzón quitado

   Los directivos que BACHSA ha mandado a Senillar interrogan al director local de Cajaeuropa sobre quiénes serían las personas más indicadas para convertirse en lobistas de la compañía ante los políticos municipales, de cara al posible plan de urbanización de la zona costera del pueblo.
- ¿Qué si existen personas capaces de influir decisivamente en los dos partidos mayoritarios? – Pregunta retóricamente Badenes puesto que conoce de antemano la respuesta -. Naturalmente que sí.
- Tendrán nombre y apellido – exige Bricart a quien comienzan a molestarle las sinuosas explicaciones del bancario.
- Por supuesto. En el caso de los socialistas la persona a la que más escuchan se llama Amador Garcés. Y entre los populares, quien maneja el cotarro es José Ramón Arbós.
- Cuéntanos más cosas de esos tipos, pero quiero que seas sincero y, de antemano, tienes mi palabra, nuestra palabra, de que lo que aquí digas aquí se queda – asegura Huguet levantando la mano en señal de promesa.
- Hablaré a calzón quitado, y por ello os tomo la palabra de que nada de lo que aquí se diga va a repetirse. Si se supiera poco menos que tendría que irme del pueblo. Veréis…

   Badenes calla por un momento como para ordenar sus ideas.
- Lo primero que debéis saber es una curiosa anomalía que no creo que se dé en muchos pueblos. Los dos hombres que acabo de citar, Arbós y Garcés, y que son quienes manejan los hilos de los dos partidos mayoritarios, son socios. Tienen una pequeña empresa que empezó comercializando productos agrícolas, luego se dedicó a la construcción y a la compraventa de solares y fincas. En la actualidad está prácticamente inactiva o, mejor dicho, en stand by. Arbós ejerce de capitalista pues tiene la mayoría de acciones y Garcés es el socio industrial y, realmente, quien la maneja.
- ¡Coño. Esa sí que es buena!  ¿Y cómo se las arreglan para que siendo socios cada uno tire para un lado en política? – pregunta Huguet extrañado.
- La explicación que suelen dar es que no mezclan la política con los negocios. Sé que no es una justificación que suene muy convincente, pero la gente la da como buena. Si escarbáramos un poco creo que encontraríamos a muchos que no acaban de creérsela pero, de cara a la galería, todos o casi todos dicen amén. En esta situación, que casi parece un vodevil político, tiene mucho que ver el hecho de que Arbós pertenece a la familia más rica e influyente del pueblo y que Garcés es hombre al que se le teme por su energía, su capacidad de intriga y, todo hay que decirlo, por la mala leche que tiene.                                                    
- Si te entendí bien, quienes controlen a esa pareja tendrán en sus manos a los que gobiernan el pueblo o lo puedan gobernar en el futuro – resume Bricart.
- Yo no lo hubiese sintetizado mejor – le adula Badenes.
- ¿Y cómo podemos acceder a ese para de figuras? – inquiere Huguet.
- Eso corre de mi cuenta. Mantengo excelentes relaciones con ambos.

   Ambos empresarios se miran y Bricart hace un gesto a socio para que sea quien prosiga el interrogatorio.
- O sea, que ya conocemos a los que manejan el teatrillo, ahora nos falta saber quiénes son los títeres; es decir, los que ponen la cara en las elecciones. Cuéntanos algo de ellos – pide Huguet.
   El director de la caja se toma un tiempo para reordenar sus ideas.
- Empecemos por los socialistas que, como os dije, son quienes gobiernan ahora y, presumiblemente, seguirán haciéndolo en el futuro. Tienen como secretario general a Jaume Pellicer que es el actual alcalde. Es maestro en el vecino pueblo de Albalat y, sin ser lo que se dice rico, se bandea bastante bien. No es mala gente, aunque en mi opinión resulta demasiado sectario. Pese a sus estudios de talento no anda muy sobrado, aunque sí es bastante cazurro. Se apoya mucho en correligionarios como Garcés. Sabe ganarse a la gente pues tiene una clara tendencia al populismo. Es relativamente honesto. Personalmente opino que, posiblemente, porque hasta la fecha no ha tenido ocasión de dejar de serlo. En cuanto al PP su presidente es Javier Blasco. Es labrador y como su alter ego socialista sin ser rico tiene un buen pasar. Es campechano, pero también algo cantamañanas. Yo creo que lo que más le gusta es figurar, por eso está en política. Tiene escasa formación y no es ningún lumbreras, pero se esfuerza en pisar el menor número posible de callos, como se suele decir le gusta ir de bienqueda. Por otra parte, tiene el suficiente sentido común para dejarse aconsejar por gente como Arbós y por otros afiliados con la cabeza mejor amueblada que la suya.

   El bancario hace una pequeña pausa y retoma su explicación:
- Luego están los dos partidos nacionalistas, casi mejor podríamos denominarlos partidillos por su escaso número de afiliados y simpatizantes, pero que sacan el suficiente número de votos para desequilibrar la balanza cuando PSOE y PP empatan a escaños. En primer lugar está Guillem Armengol, con el que también habrá que tratar en su momento porque es el actual concejal de urbanismo y quien da soporte a los socialistas para que sigan en la alcaldía. Es el secretario general del UNES, siglas de Unió Nacionalista d´Esquerres Senillenques. A nivel autonómico votan con el Bloc. Tiene un bar que, al menos en teoría, es su principal fuente de ingresos. En cuanto a su formación sabe lo que aprendió en la escuela del pueblo, pero es más listo que el hambre. Es demagogo y siempre está presto a hacer favores. En los últimos años se ha convertido, prácticamente, en un político profesional. Ha llegado a ser diputado provincial. Y en los años que lleva en urbanismo ha acrecentado notablemente su patrimonio.

   Badenes hace una pausa en su exposición como para estructurarla mejor y luego prosigue:
- Para concluir el relato tenemos a Nicolás Ribes, presidente del Bloc d´Acció Nacionalista de Senillar o BANS. Son nuestros nacionalistas de derechas. Ribes es gestor comercial, pero menos listo que Armengol. Al menos no parece que haya amasado mucho dinero. Es presidente de la comisión fallera del casco viejo del pueblo, del club local de fútbol y de la peña del Valencia. Quizá sea un poco estirado y eso le resta popularidad. Es el menos pragmático de los cuatro líderes que acabo de retratar.
- Y los dos correveidiles de antes, Arbós y Garcés, ¿también tienen capacidad de influir en los nacionalistas? – quiere saber Huguet.
- Directamente, no, pero sí a través del correspondiente partido con el que han de pactar sí quieren tocar poder. Arbós tiene mejores relaciones con los del BANS que Garcés con los del UNES, pero como digo es a través de sus propios partidos como llegan a influir en los nacionalistas.
- O sea, que a quienes tenemos que trabajar el hígado es a ese par de lumbreras que has citado – sintetiza Bricart.
- Así es, pero como he dicho eso dejadlo de mi cuenta que sé dónde les aprieta el zapato – se ofrece el bancario -. Si me dais vuestro visto bueno me encargo de convencerles para que se pongan a vuestra disposición para todo cuanto necesitéis y digo bien, para todo.


viernes, 20 de septiembre de 2013

2.8. Mirando a hurtadillas

   Mientras los miembros del directorio de BACHSA se interesan por los intríngulis de la política local de Senillar, en su casi desierta playa Sergio no para de mirar a hurtadillas a la muchacha. La descubrió al final del pasado verano y, no sabe muy bien por qué, pero le encandiló desde el primer momento; verdaderamente, más que encandilarle piensa que debería utilizar otro verbo, pero no sabe cuál. Lo que intuye es que sobran las explicaciones pues cuando la ve una especie de hormigueo le baila por el cuerpo y nota como el corazón acelera sus latidos. Evidentemente le gusta, eso está fuera de toda duda. Bastantes veces pensó acercársele y decirle algo, invitarla a un helado o sacarla a bailar en las fiestas del pueblo, mas antes de reunir el valor necesario para abordarla ya se habían terminado las vacaciones. Se volvió a Madrid maldiciéndose por ser tan tímido y no haber tenido el arrojo suficiente para acercarse a la muchacha.

   Cuando reveló los carretes de las fotos tomadas durante el verano se encontró con la inesperada y agradable sorpresa de que en una de ellas, tomada en la playa, aparecía en el fondo un grupo sentado en la arena y, ¡milagro!, una de las chicas del grupo era ella. La alegría tuvo un contrapunto amargo cuando se fijó en que parecía muy amartelada con el chico que estaba a su lado. Trabajó el cliché con el photoshop y consiguió aislar su cara aunque quedó un tanto borrosa. La ha tenido pinchada en el corcho de su habitación durante todo el curso y se la sabe de memoria: rostro ovalado, ojos de azabache, cejas perfiladas, labios prometedoramente carnosos, barbilla redondeada, todo ello enmarcado por una espléndida melena negra que en la playa solía recoger en una improvisada cola de caballo. Reconoce que no es la más bonita del mundo, pero tiene algo que le pone como no había conseguido hasta ahora ninguna de las chicas a las que ha conocido. Ni siquiera Maripili.

   No llegó a entablar relación con la muchacha, pero sí se enteró de algunas cosas preguntando discretamente a uno de sus contados conocidos del pueblo. Se llama Lorena, se apellida Vercher y es natural del pueblo. Tiene su misma edad. Trabajó en un chiringuito playero de Benialcaide, luego estuvo de aprendiza en una peluquería de Albalat del Mar, pero lo ha dejado porque quiere ser estiticién, aunque su informador no sabe si estudia para ello. Y lo que más le jeringa es que sale con un chico del pueblo, el que estaba a su lado en la foto. No ha podido enterarse si continúan o lo han dejado. Y que hay más tíos a los que no les importaría salir con ella porque está muy buena. Esto último – piensa Sergio – se lo podría haber ahorrado su informante. Le gustaría conocerla y más aún ligársela, algo que sabe que no le resultará fácil porque es consciente de que su experiencia con el sexo contrario no es que sea muy intensa. Su romance con Maripili, ahora lo sabe, no fue más que una nube pasajera.

   Este verano Sergio sigue con las mismas, se conforma con mirarla a hurtadillas pero no se atreve a más. Las miraditas de Sergio, por insistentes, no han pasado desapercibidas ni a Lorena ni a sus amigas, que le toman el pelo con el chiquilicuatre que parece comérsela con los ojos, pero que de ahí no pasa. Las muchachas, acostumbradas a las expeditivas maneras de actuar de los mozos del pueblo, gastan mil y una bromas sobre la escasa capacidad resolutiva del muchacho.
- El guayabete ese no deja de mirarte, Loren, pero ahí se le acaban los arrestos. Es más parao que un campanario – sentencia una.
- Pues a mí me mola, no me importaría ligármelo. Está de toma pan y moja – comenta otra.
- Psé. No está mal – admite la concernida -, pero es un lelo de mucho cuidado. Tiene menos reprís que un vespino. Cualquier chorbo del pueblo ya habría intentado ponerme los puntos.
- Bueno, Loren, tú es que estás acostumbrada a los arreones que te mete el Maxi y a su lado cualquiera te parecerá un corderito. Y hablando de Maxi, ¿qué sabes de él? Dónde se ha metido que hace semanas que no le veo – pregunta una tercera.
- A su empresa le salió una contrata para construir un hotel en Fuengirola y estará allí unos meses hasta que lo terminen. Estoy de él y de sus jefes hasta los ovarios, se pasa más tiempo fuera que aquí.

   El chico sigue mirando a las muchachas con el mayor disimulo posible, pero cada vez que lo cazan atisbándolas vuelve la cabeza inmediatamente. Se dice a sí mismo que lo de ser tan tímido no le lleva a ninguna parte, que lo que debería hacer, al menos, es sostener la mirada, pero cuando ve los ojos de las chicas fijos en él, sobre todo cuando la que le mira es Lorena, su reacción instintiva es mirar a otra parte. La pandilla de las mozas, a falta de mejor tema, comenta una y otra vez el poco empuje que tiene el forastero.
- Volviendo al parao que se te come con los ojos, yo de ti me lo ligaría porque comparado con el percal que hay por aquí éste parece Tom Cruise. Además, no te vendría mal un cambio porque el Maxi será un sietemachos, pero es más basto que unas bragas de esparto.
- Tú mucho rajar, Anabelén, pero consejos vendo que para mí no tengo. En vez de aconsejar, ¿por qué no te lo ligas? – inquiere, en un tono desdeñoso, Lorena.
- Porque no es a mí a quien no le quita ojo. Si lo hiciera le habría echado morro y a estas horas ya me lo habría llevado al huerto. Y puede ser un buen chollo. Sé más cosas de él.
- Cuenta, hija, cuenta – reclaman todas a coro.
- Me lo ha dicho mi tía Eugenia. Es nieto del señor Andrés Roca el Punchent. Una de sus hijas, Lola se llama, casó con un tío de Madrid y ese pibe es su hijo. Los padres del chico solían pasar las vacaciones en Benialcaide, pero como el año pasado su abuelo enviudó ahora las pasan con él.
- ¿Ya está, eso es todo lo que sabes del chorbo? – pregunta desdeñosamente Lorena.
- Falta lo mejor. Se llama Sergio y estudia o va a estudiar para ingeniero.
- ¡Qué chollo, un ingeniero! – exclama otra -. Oye, Loren, si a ti no te mola ese pastelito, voy a ver si le echo los tejos. Porque entre acabar trabajando en un hotel de Albalat y pillar a un ingeniero no hay color.
- Y que lo digas, Mariasun, ¡quién lo pillara! – exclama Anabelén.
- Irá para ingeniero, pero es más parao que un ninot – apostilla una desdeñosa Lorena para terminar añadiendo -. Con ese no salía yo ni aunque me lo ordenara la Guardia Civil.