La vida en la España del IV Año Triunfal, salvo para los vencedores y no todos, es tristona, se pasa hambre que no mitigan las cartillas de racionamiento, hay un paro galopante, los precios están por las nubes ante la satisfacción de los estraperlistas y continúa la represión contra los perdedores de la guerra, lo que hace que las prisiones y los campos de concentración sigan llenos. En esa España de postguerra, solamente la afición al fútbol, a los cantantes de coplas y al cine ayudan al pueblo llano a matar la gazuza y olvidarse de las penurias. Pero la rueda de la historia está a punto de cambiar, no se sabe si para bien o para mal del sufrido pueblo español. Y así como la Guerra Civil forjó en su yunque la unidad indestructible de los hermanos Carreño, el conflicto que está a punto de desencadenarse no se sabe de qué modo les afectará.
El afán expansionista del III Reich lo lleva a atacar, sin previa declaración de guerra, a su vecino más débil. El 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi invade Polonia. Dos días después el Reino Unido y Francia declaran la guerra a los germanos. En un primer momento, los países aliados están formados por las citadas potencias y Polonia, mientras que la fuerza del Eje la constituyen Alemania e Italia. En la tertulia de la perfumería, en la que han vuelto a reunirse los cuatro amigos, el inefable Esteban Infantes explica las posibles causas que han originado la agresión nazi.
-Todo arranca del Tratado de Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial y que fue muy opresivo para el pueblo alemán. La desmovilización forzosa de su ejército dejó en la calle a un sinfín de militares de carrera y a un país con una economía en pleno declive, lo que provocó una enorme tensión social. A ello se sumó la Gran Depresión, lo que ha hecho que la débil república de Weimar no haya sido capaz de mantener el orden público, y los continuos disturbios y conflictos han incrementado la exigencia de orden y seguridad. Sobre esa ola de descontento y rencor, el partido Nazi, liderado por Adolf Hitler, se ha presentado como el único capaz de devolver la paz, la riqueza y el progreso. Si a ello se le añade la pretensión de Hitler de fundar un Tercer Reich, tenemos el cuadro de motivos para comenzar una guerra que sabemos cómo ha empezado, pero que solo Dios sabe cómo y cuándo puede acabar.
-¿Crees que los polacos podrán detener a los alemanes?
-Ni soñarlo. Solo os daré un dato: los polacos todavía tienen regimientos de caballería; los teutones, de tanques.
La guerra, que ha comenzado siendo estrictamente europea, pronto se universaliza. Tres países de la Commonwealth: Australia, Nueva Zelanda y Canadá declaran la guerra a Alemania. A mediados de mes, la Unión Soviética invade Polonia desde el este, con el beneplácito de Hitler que, en agosto del 39, firmó un pacto de no agresión con la URSS. Como había previsto Infantes, los polacos solo pueden hacer frente a los alemanes poco menos de un mes, y Varsovia se rinde. La Unión Soviética también invade Finlandia en noviembre. Tras ello, Alemania se toma una pausa para reagruparse durante el invierno de 1939-1940, mientras británicos y franceses se mantienen a la defensiva. Un parón que es bautizado por la prensa francesa como drôle de guerre porque, prácticamente, no hay combates.
A los Carreño la guerra les parece algo ajeno y Jesús, siguiendo las instrucciones de Luis Verdú, cursa una instancia al rector de la universidad Central exponiendo que desea continuar sus estudios y solicitando acogerse al beneficio de los cursos intensivos, los llamados popularmente exámenes patrióticos. En octubre se presenta a los exámenes de segundo y tercero de Farmacia. Va vestido con su flamante uniforme de falangista y en el último momento, pese a la opinión contraria de Luis, se ha hecho con un pistolón del nueve largo que le ha prestado un amigo. El tribunal le pregunta nimiedades al alcance de cualquier bachiller y cuando uno de los vocales comienza a preguntar sobre temas farmacológicos, el joven Carreño usa la bala que tenía preparada por consejo del notario.
-Hace usted unas preguntas igualitas que las que hacían los profesores rojos antes de la guerra. ¿No será usted de los de la cáscara amarga? –El profesor farfulla unas disculpas y cambia el tipo de preguntas.
Jesús, de una tacada, aprueba segundo y tercero, y en el próximo año académico 1939-1940 cursará las asignaturas que le restan para completar la carrera de Farmacia. Con lo que, en dos años, más el que hizo anteriormente, será farmacéutico. Como le dijeron, los exámenes patrióticos son todo un coladero.
Tal como le sugirió Luis, Pilar se ha repensado pedir a Charo Guardiola lo de vivir en su casa. Lo que más le atrae es que se sentirá menos sola, porque, con lo extrovertida que es, la soledad de la pensión le pesa. Decide visitar a Charo y tantearla. La entrevista discurre con la cordialidad habitual de otras ocasiones y charlando de variados temas tocan los familiares, uno de ellos es el estado de la relación entre Pilar y su familia.
-Pues sigue igual. Con mis hermanos me llevo bien, pero con papá, no. Es incapaz de comprender que soy una mujer adulta y libre, y que solo a mí me toca decidir con quién estoy. Lo de que me haya emparejado con un hombre casado y con hijos es algo que no puede concebir, es superior a sus fuerzas. Lo comprendo, ha sido educado de esa forma, pero el hecho de que lo comprenda no significa que esté de acuerdo con que me siga poniendo mala cara. Y, como no me gusta que sufra por mi culpa, continúo sin poner los pies en el piso de Gran Vía. Y a propósito de eso, Luis antes de partir a Chiclana me sugirió que, para no sentirme tan sola en la pensión, debería repensarme la invitación que me hiciste. ¿Sigues manteniéndola?, dímelo con toda franqueza porque lo último que querría es imponeros mi presencia.
-Por descontado, precisamente anteanoche estaba Damián contándome lo buena vendedora que es tu hermana Eloísa cuando, supongo que por asociación de ideas, me preguntó por ti y añadió que era una pena que no hubieses aceptado mi propuesta, así no me sentiría tan sola. Si decides venir, aliviarás la conciencia de mi marido por dejarme casi todo el día más sola que la una, y a mí me darás un alegrón.
Mediada la charla, ambas mujeres se han puesto de acuerdo en lo esencial y también acaban acordando los detalles menores de la intendencia; Pilar se irá a vivir con los Ramírez.
Entre la clientela de la farmacia se ha corrido la voz de la excarcelación de Julián y algunos clientes comienzan a preguntar cómo lo han conseguido. Cuando les explican que ha sido gracias a que el mayor de los hermanos, que es oficial de la Marina, fue personalmente a por él, alguno de los clientes más conocidos o con mayor atrevimiento les ruegan si Álvaro podría hacer lo mismo por su hijo, hermano o pariente, amigo o conocido. La respuesta es siempre la misma: Álvaro no puede hacerlo puesto que está embarcado. El hecho, que se ha repetido bastantes veces, es comentado por Pilar y Luis, que ha venido a verla desde Chiclana.
-Debe de haber todavía mucha gente encarcelada porque la petición de avales y certificados de buena conducta continúa siendo constante –comenta Pilar.
-Ten en cuenta, cariño que, en estos momentos, los españoles pueden clasificarse en tres categorías: los afectos al Régimen o, como suele decirse, los de derechas de toda la vida, que no tienen ningún problema; los indiferentes que, por la cuenta que les trae, hacen méritos para figurar en la categoría anterior, y los desafectos, los que tienen un pasado que purgar que, según las estimaciones de un conocido sociólogo, deben de ser aproximadamente un treinta por ciento de la población. Piensa en la cantidad de avales que supone eso y en el trabajo que está generando a los curas párrocos y autoridades de los que depende la expedición de avales y certificados que los desafectos, presos o en peligro de estarlo, necesitan para rehabilitarse –explica Luis.
-Cambiando de tema, ¿has sabido algo de tu familia?
-A través de uno de mis primos, con el que sigo carteándome, sé que están todos bien. Y ahora que vuelvo a tener ingresos he recomenzado a enviarles mensualmente una generosa partida para ayudarles en el cuidado de los hijos.
PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 86. Andrés, cadete en la Escuela Naval Militar