En Madrid, Pilar y Luis están haciendo planes de futuro. Lo que discuten hoy es la posible localidad en la que asentarse tras el término de la guerra, ahora que parece que el conflicto está en su etapa final.
-Si vamos a un pueblo o a una ciudad pequeña será difícil ocultar que no estamos casados, y entonces tu notaría terminaría acusándolo. Ten en cuenta que hay muchos cavernícolas en todas partes –comenta Pilar.
-Eso puede resultar un problema, por lo que mejor será ir a una ciudad cuanto más grande mejor.
-Lo que ocurre es que en España ciudades grandes hay pocas: además de Madrid y Barcelona, están Valencia, Sevilla y creo que todas las demás están por debajo del medio millón de habitantes. ¿En cuál de las ciudades que he citado tendrías más probabilidades de conseguir plaza? –pregunta Pilar.
-En Madrid, imposible; en Valencia y Sevilla difícil; en la única que tendría alguna posibilidad sería Barcelona. Una de las razones quizá sea porque hay pocos notarios que sean catalanes. Se ve que lo de opositar no les va demasiado, pero sigue siendo una plaza muy solicitada porque para la actividad notarial es un bombón. De todos modos, como la guerra lo ha cambiado todo y como, según las noticias que tengo, el gremio notarial ha sufrido sensibles pérdidas, sobre todo en la zona republicana, cualquier cosa puede pasar.
-Que sea lo que Dios quiera. Oye, hace mucho que no me llevas a Chicote, ¿qué te parece si el próximo sábado vamos a tomar el aperitivo?
Resulta que en Chicote no encuentran mesa pues hasta la barra está atestada, por lo que se van al cercano hotel Florida. El camarero calvo, en cuanto los ve, se apresura a señalarles una mesa.
-Me alegra ver que están bien, hace mucho que no pasaban por aquí. ¿Qué van a tomar?, aunque ya les adelanto que cada vez estamos más desabastecidos.
-¿Queda algún corresponsal? –pregunta Pilar.
-¡Qué va!, ya les dije la última vez que estuvieron aquí que están todos en Barcelona. Esos son como los buitres, solo se les ve donde hay carroña.
Una vez que el calvo les ha servido la comanda y mientras paladean el jerez que han pedido, Pilar, por asociación de ideas, plantea a Luis:
-Se me ocurre que en el otro bando también debe de haber corresponsales de guerra, ¿no?
-Los hay, claro, y algunos se han hecho famosos con sus crónicas. Uno de los más conocidos es El Tebib Arrumi, seudónimo de Víctor Ruiz Albéniz.
En el escenario bélico, tras postergar unos días el ataque a Cataluña por mal tiempo, el 23 de diciembre los nacionales lanzan seis Cuerpos de ejército en un frente que va de los Pirineos hasta la desembocadura del Ebro. Pese a la defensa del Ejército popular, Valls cae en poder de los nacionales, con lo que estos concentran sus fuerzas sobre Tarragona, ciudad en la que entran el 14 de enero. Dos días después, el gobierno de la República ordena la movilización general de ciudadanos de ambos sexos entre 17 y 55 años de edad, así como la militarización de todas las industrias. Además de la movilización, el gobierno se enfrenta a la crisis causada por miles de refugiados que se dirigen en masa hacia la Ciudad Condal. El 18 de enero, Negrín y su consejo de ministros acuerdan declarar el estado de guerra y asignar al Ejército popular la autoridad civil en retaguardia. Tal resolución suscita el interés de algún contertulio de la farmacia que no acaba de entenderla, por lo que pide a Infantes que la explique.
-Según el Derecho internacional la declaración de guerra es un acto formal mediante un documento que proviene de un estado hacia otro donde el primero declara el inicio de hostilidades. A lo que hay que agregar que dicho estado es una situación de excepción en la que se traspasa a la autoridad militar los poderes del orden público y se sustituye la jurisdicción ordinaria por la militar. Entonces la pregunta es: ¿por qué los gobiernos de la II República no declararon antes el estado de guerra? Por la sencilla razón de que no había lugar, pues no existía ningún estado al que declararle la guerra. Los que se alzaron en el 36, contra el gobierno del Frente Popular, eran un grupo de patriotas disconformes con la deriva social-comunista que había tomado ese gobierno, pero no formaban ningún estado, ni siquiera tenían gobierno. En cambio, ahora sí existe un estado y un gobierno al que declarar la guerra.
-Esteban, otra pregunta: ¿cree que el lema No pasarán, que hizo famoso Madrid, se puede repetir en Barcelona?
-Lo dudo. Militarmente, el bando republicano carece de armas y pertrechos para defender una ciudad como Barcelona. Además de que la desmoralización de las tropas es extremadamente grave, pues los reclutas republicanos no creen posible el triunfo y la población civil da por perdida la guerra.
Haciendo buena la predicción, al difundirse la noticia de la caída de Tarragona, la moral republicana se viene abajo y la retirada se convierte en una huida caótica de refugiados de toda clase que marchan hacia la frontera francesa. Ante la amenaza de que llegarán a los Pirineos miles de refugiados republicanos, Francia decide abrir los pasos fronterizos para dejar entrar en España el material bélico destinado a la República. El general Rojo informa al consejo de ministros de que el frente de combate se ha roto apenas a 20 kilómetros de Barcelona. La reacción gubernamental es ordenar la evacuación de todas las entidades gubernativas hacia Gerona y Figueras, localidades cercanas a la frontera francesa. Dicha orden es la señal para una nueva huida caótica de civiles, ahora desde la propia Barcelona, lo que preanuncia su caída.
Ante el avance imparable de las tropas nacionales, el gobierno republicano se traslada a Gerona, dejando tras de sí a una Barcelona sumida en el caos. Militantes comunistas intentan defender la ciudad instalando barricadas y haciendo proclamas a la población, pero sus esfuerzos chocan con el desánimo de los barceloneses y el incesante flujo de refugiados rurales en huida hacia el norte.
En la perfumería, Valdés cuenta a sus amigos que el derrumbe de Cataluña parece un hecho incontestable.
-Ayer, las tropas nacionales alcanzaron las cumbres del Tibidabo y de Montjuic, y al mediodía ocuparon sin resistencia la ciudad, que se encontraba medio desierta. En paralelo, la quinta columna franquista ha hecho su aparición en las calles con lo que nuestras fuerzas han tenido un recibimiento apoteósico.
Tras la caída de la Ciudad Condal, los que huyen marchan hacia la frontera francesa, mientras las tropas republicanas oponen escasa resistencia, y otras desertan y capitulan sin combatir, o uniéndose a las columnas de refugiados. El gobierno francés había pedido formar una zona neutral en territorio español donde pudiesen establecerse los refugiados bajo supervisión internacional, pero Franco rechazó la propuesta; ante ello, Francia abre la frontera a los que huyen. Una avalancha de cientos de miles de personas, incluida la mayor parte del que fue el Ejército del Ebro, se refugia en el país galo.
El 4 de febrero, los nacionales toman Gerona forzando al gobierno republicano a trasladarse a Figueras, en cuyo castillo Negrín celebra la reunión final de su gabinete y de las Cortes republicanas. El día 8 cae Figueras, y el gobierno de la segunda república, incluyendo a su presidente, pasa a Francia. El 10 las tropas de Franco llegan a los Pirineos y alcanzan todos los pasos fronterizos.
Julio pregunta a sus amigos de la perfumería como han acogido las autoridades francesas a los huidos.
-Los refugiados están llegando a Francia, agotados y hambrientos, tras una larga marcha y cruzando los Pirineos en el mes de enero, y de inmediato han sido instalados por las autoridades francesas en improvisados campamentos a orillas del Mediterráneo; campos cercados con alambre de púas, vigilados por la gendarmería y desprovistos de suficiente alimento y agua, expuestos al viento y la lluvia al carecer de barracas o carpas, y en pésimas condiciones sanitarias –explica Valdés.
-¿Y ahora qué pasará? –quiere saber Ramírez.
PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 77. En el día de hoy, cautivo y desarmado…