viernes, 29 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 76. ¿Y ahora qué pasará?

 

   En Madrid, Pilar y Luis están haciendo planes de futuro. Lo que discuten hoy es la posible localidad en la que asentarse tras el término de la guerra, ahora que parece que el conflicto está en su etapa final.

   -Si vamos a un pueblo o a una ciudad pequeña será difícil ocultar que no estamos casados, y entonces tu notaría terminaría acusándolo. Ten en cuenta que hay muchos cavernícolas en todas partes –comenta Pilar.

   -Eso puede resultar un problema, por lo que mejor será ir a una ciudad cuanto más grande mejor.

   -Lo que ocurre es que en España ciudades grandes hay pocas: además de Madrid y Barcelona, están Valencia, Sevilla y creo que todas las demás están por debajo del medio millón de habitantes. ¿En cuál de las ciudades que he citado tendrías más probabilidades de conseguir plaza? –pregunta Pilar.

   -En Madrid, imposible; en Valencia y Sevilla difícil; en la única que tendría alguna posibilidad sería Barcelona. Una de las razones quizá sea porque hay pocos notarios que sean catalanes. Se ve que lo de opositar no les va demasiado, pero sigue siendo una plaza muy solicitada porque para la actividad notarial es un bombón. De todos modos, como la guerra lo ha cambiado todo y como, según las noticias que tengo, el gremio notarial ha sufrido sensibles pérdidas, sobre todo en la zona republicana, cualquier cosa puede pasar.

   -Que sea lo que Dios quiera. Oye, hace mucho que no me llevas a Chicote, ¿qué te parece si el próximo sábado vamos a tomar el aperitivo?

   Resulta que en Chicote no encuentran mesa pues hasta la barra está atestada, por lo que se van al cercano hotel Florida. El camarero calvo, en cuanto los ve, se apresura a señalarles una mesa.

   -Me alegra ver que están bien, hace mucho que no pasaban por aquí. ¿Qué van a tomar?, aunque ya les adelanto que cada vez estamos más desabastecidos.

   -¿Queda algún corresponsal? –pregunta Pilar.

   -¡Qué va!, ya les dije la última vez que estuvieron aquí que están todos en Barcelona. Esos son como los buitres, solo se les ve donde hay carroña.

   Una vez que el calvo les ha servido la comanda y mientras paladean el jerez que han pedido, Pilar, por asociación de ideas, plantea a Luis:

   -Se me ocurre que en el otro bando también debe de haber corresponsales de guerra, ¿no?

   -Los hay, claro, y algunos se han hecho famosos con sus crónicas. Uno de los más conocidos es El Tebib Arrumi, seudónimo de Víctor Ruiz Albéniz.

   En el escenario bélico, tras postergar unos días el ataque a Cataluña por mal tiempo, el 23 de diciembre los nacionales lanzan seis Cuerpos de ejército en un frente que va de los Pirineos hasta la desembocadura del Ebro. Pese a la defensa del Ejército popular, Valls cae en poder de los nacionales, con lo que estos concentran sus fuerzas sobre Tarragona, ciudad en la que entran el 14 de enero. Dos días después, el gobierno de la República ordena la movilización general de ciudadanos de ambos sexos entre 17 y 55 años de edad, así como la militarización de todas las industrias. Además de la movilización, el gobierno se enfrenta a la crisis causada por miles de refugiados que se dirigen en masa hacia la Ciudad Condal. El 18 de enero, Negrín y su consejo de ministros acuerdan declarar el estado de guerra y asignar al Ejército popular la autoridad civil en retaguardia. Tal resolución suscita el interés de algún contertulio de la farmacia que no acaba de entenderla, por lo que pide a Infantes que la explique.

   -Según el Derecho internacional la declaración de guerra es un acto formal mediante un documento que proviene de un estado hacia otro donde el primero declara el inicio de hostilidades. A lo que hay que agregar que dicho estado es una situación de excepción en la que se traspasa a la autoridad militar los poderes del orden público y se sustituye la jurisdicción ordinaria por la militar. Entonces la pregunta es: ¿por qué los gobiernos de la II República no declararon antes el estado de guerra? Por la sencilla razón de que no había lugar, pues no existía ningún estado al que declararle la guerra. Los que se alzaron en el 36, contra el gobierno del Frente Popular, eran un grupo de patriotas disconformes con la deriva social-comunista que había tomado ese gobierno, pero no formaban ningún estado, ni siquiera tenían gobierno. En cambio, ahora sí existe un estado y un gobierno al que declarar la guerra.

  -Esteban, otra pregunta: ¿cree que el lema No pasarán, que hizo famoso Madrid, se puede repetir en Barcelona?

   -Lo dudo. Militarmente, el bando republicano carece de armas y pertrechos para defender una ciudad como Barcelona. Además de que la desmoralización de las tropas es extremadamente grave, pues los reclutas republicanos no creen posible el triunfo y la población civil da por perdida la guerra.

   Haciendo buena la predicción, al difundirse la noticia de la caída de Tarragona, la moral republicana se viene abajo y la retirada se convierte en una huida caótica de refugiados de toda clase que marchan hacia la frontera francesa. Ante la amenaza de que llegarán a los Pirineos miles de refugiados republicanos, Francia decide abrir los pasos fronterizos para dejar entrar en España el material bélico destinado a la República. El general Rojo informa al consejo de ministros de que el frente de combate se ha roto apenas a 20 kilómetros de Barcelona. La reacción gubernamental es ordenar la evacuación de todas las entidades gubernativas hacia Gerona y Figueras, localidades cercanas a la frontera francesa. Dicha orden es la señal para una nueva huida caótica de civiles, ahora desde la propia Barcelona, lo que preanuncia su caída. 

   Ante el avance imparable de las tropas nacionales, el gobierno republicano se traslada a Gerona, dejando tras de sí a una Barcelona sumida en el caos. Militantes comunistas intentan defender la ciudad instalando barricadas y haciendo proclamas a la población, pero sus esfuerzos chocan con el desánimo de los barceloneses y el incesante flujo de refugiados rurales en huida hacia el norte.

   En la perfumería, Valdés cuenta a sus amigos que el derrumbe de Cataluña parece un hecho incontestable.

   -Ayer, las tropas nacionales alcanzaron las cumbres del Tibidabo y de Montjuic, y al mediodía ocuparon sin resistencia la ciudad, que se encontraba medio desierta.​ En paralelo, la quinta columna franquista ha hecho su aparición en las calles con lo que nuestras fuerzas han tenido un recibimiento apoteósico.

   Tras la caída de la Ciudad Condal, los que huyen marchan hacia la frontera francesa, mientras las tropas republicanas oponen escasa resistencia, y otras desertan y capitulan sin combatir, o uniéndose a las columnas de refugiados. El gobierno francés había pedido formar una zona neutral en territorio español donde pudiesen establecerse los refugiados bajo supervisión internacional, pero Franco rechazó la propuesta; ante ello, Francia abre la frontera a los que huyen. Una avalancha de cientos de miles de personas, incluida la mayor parte del que fue el Ejército del Ebro, se refugia en el país galo.

   El 4 de febrero, los nacionales toman Gerona forzando al gobierno republicano a trasladarse a Figueras, en cuyo castillo Negrín celebra la reunión final de su gabinete y de las Cortes republicanas. El día 8 cae Figueras, y el gobierno de la segunda república, incluyendo a su presidente, pasa a Francia. El 10 las tropas de Franco llegan a los Pirineos y alcanzan todos los pasos fronterizos.

   Julio pregunta a sus amigos de la perfumería como han acogido las autoridades francesas a los huidos.

   -Los refugiados están llegando a Francia, agotados y hambrientos, tras una larga marcha y cruzando los Pirineos en el mes de enero, y de inmediato han sido instalados por las autoridades francesas en improvisados campamentos a orillas del Mediterráneo; campos cercados con alambre de púas, vigilados por la gendarmería y desprovistos de suficiente alimento y agua, expuestos al viento y la lluvia al carecer de barracas o carpas, y en pésimas condiciones sanitarias –explica Valdés.

   -¿Y ahora qué pasará? –quiere saber Ramírez.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 77. En el día de hoy, cautivo y desarmado…

viernes, 22 de noviembre de 2024

Libro IV. Episodio 75. Acaba la batalla del Ebro

 

   Llega septiembre, y los nacionales lanzan un nuevo contraataque en el frente del Ebro, avanzando unos pocos kilómetros a costa de un gran número de bajas. En cambio, en la tertulia del Gijón ensalzan la capacidad del Ejército popular para mantener los puentes de pontones y pasarelas sobre el río que forman el cordón umbilical a través del cual el Ejército popular recibe el necesario avituallamiento.

   -La aviación fascista arroja a diario cerca de 5000 kilos de bombas, pero nuestros ingenieros reparan los puentes antes de que termine el bombardeo, si es que resultan dañados, porque la realidad es bien distinta: para destruir un puente de pontones se necesitan unas 500 bombas de gran potencia, eso sin contar con la presencia de nuestra artillería antiaérea y de la aviación que por fin ha presentado batalla en el aire.

   El resultado de todo ello es que, a mediados de septiembre, el frente del Ebro se mantiene sin grandes cambios. Junto a ataques y contraataques, la política también se mueve. Es lo que airean en el Gijón.

   -El doctor Negrín, ha anunciado, en una alocución a la Sociedad de Naciones, la retirada del frente de combate de las brigadas internacionales, a la espera de un gesto recíproco de las tropas italianas y alemanas que luchan en el bando nacional.

   En medio de la masacre del Ebro, el 30 de septiembre ocurre, lejos de España, algo que va a incidir de manera decisiva en el conflicto español, al menos es lo que explica Valdés.

   -Anteayer se firmaron los Acuerdos de Múnich que dejan a Hitler manos libres en Checoslovaquia pero que, en opinión de muchos analistas, también condenan a la II República.

   -¿Por qué? –quiere saber Julio.

   -Porque esos acuerdos significan que las democracias europeas, las que pueden ayudar a la República, la han dejado a su suerte. En cambio, Franco, supongo que estará exultante, porque sabe que puede seguir contando con la ayuda militar de alemanes e italianos.

   A pesar de ese revés internacional, en la tertulia del Gijón hablan esperanzados de que el 1 de octubre Negrín ha ordenado una nueva reorganización de las fuerzas militares de la República. Pese a ello, las divisiones navarras ocupan las cotas más altas de la Sierra del Lavall y llegan muy cerca de la estratégica Venta de Camposines. A pesar de esas victorias, la lucha continua implacable, por lo que el Estado Mayor de Franco prepara otra contraofensiva, pero solo logran avanzar unos cuantos kilómetros al precio de muchas bajas. Los republicanos también están sufriendo una enorme sangría, pero el presidente Negrín insiste en mantener las posiciones para demostrar a las democracias occidentales que la República mantiene el pulso.

   El 28 de octubre, las Brigadas internacionales desfilan por la Avenida Diagonal de Barcelona en un acto de despedida antes de su salida de España. Al tiempo que varios miles de italianos también vuelven a su país, pero la poderosa Legión Cóndor sigue dominando los cielos del Ebro. Días después, empieza la contraofensiva final de los nacionales, el objetivo del ataque es la Sierra de Cavalls. Durante varias horas las posiciones republicanas son sometidas al bombardeo de las baterías y de los aviones nacionales, y los cazas republicanos no son suficientes para contener la ofensiva.

   En la tertulia de la perfumería, Julio pregunta a Infantes:

   -¿Es el fin de la batalla del Ebro?

   -Es el principio del fin.

   La predicción parece cumplirse, pues el 1 de noviembre los nacionales toman la Sierra de Pandols, única altura en manos republicanas. El día 3, las fuerzas de Yagüe llegan al Ebro. Todo el flanco sur republicano se viene abajo y las fuerzas de Líster vuelven a cruzar el río, pero en dirección norte. Así es como lo explica Infantes.

   -En la madrugada del 16, los últimos combatientes rojos cruzaron a la margen izquierda y volaron el puente de hierro de Flix. Dos días después, Yagüe entró en Ribarroja. La batalla del Ebro puede darse por finiquitada.

   Al mismo tiempo que esto ocurre, el vivalavirgen de Andrés le ha dado una alegría a su hermano mayor. Con fecha 1 de noviembre ha sido ascendido a marinero preferente, rango que está a punto de extinguirse, pero que supone que Andrés, cuando deje la Armada, lo hará con una buena hoja de servicios. Lo que le puede ayudar, suponiendo que persevere en su intención de ingresar en la Escuela Naval.

   -Enhorabuena, hermanito, has dado un paso adelante que, aunque pequeño, puede tener su importancia para ingresar en la Escuela.

   -Gracias, tato, y será pequeño como dices, pero no sabes lo que me ha costado reírle las gracietas al Melasuda.

   -¿Cómo van esos estudios preparatorios?

   -Pues en eso estoy, aunque si te soy sincero, me cuesta un huevo concentrarme.

   -Cuida ese lenguaje, marinero –le reprende Álvaro.

   -Perdón, tato, se me ha escapado sin querer. Oye, ¿es verdad lo que he oído de que van a cerrar la Escuela de San Fernando o solo es una trola más de Radio Macuto?

   -Es cierto, hace poco se ha decidido el traslado de la Escuela Naval de San Fernando a Marín, por las condiciones idóneas de la ría para las prácticas de navegación. El proyecto, que lidera el almirante Salvador Moreno, contempla que al finalizar la guerra se inicien las obras en la actual Escuela de Tiro Naval para transformarla en la nueva Escuela Naval Militar. Cambiando de tema, ¿has recibido carta de mamá?

   -Ya no me escribe, es Concha y a veces Ángela quienes lo hacen, y aunque nuestras hermanas siempre repiten que mamá está bien, para mí que, si no nos escribe, es porque anda justita de fuerzas.

   -Es lo que temo.

   -Oye, tato, y tú que debes de estar bien informado, ¿es verdad que la ofensiva para tomar Barcelona puede comenzar de un momento a otro?

   -En cuanto termine el mal tiempo, creo que nuestros infantes se pondrán en marcha.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 76. ¿Y ahora qué pasará?